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Un Chico Afortunado : Capítulo 14.

 
 

              Hasta el jueves estaría en Madrid. El jueves volaría bien temprano rumbo a Gran Canaria, donde estaría hasta el martes por la mañana que cogería el barco rumbo a Tenerife. Le habían dado a elegir entre barco o avión y había preferido el barco y así tomar fotos del océano. Ahora sólo faltaba esperar y desear que el tiempo acompañara y no fuera a marearse en el corto trayecto. Según había entendido era una travesía que no llegaba a las dos horas, ya sería mala suerte que marease.Se pasó  la mañana buscando información sobre el  archipiélago, especialmente, sobre las dos islas capitalinas. Quería tener toda la información posible sobre ellas. Se sorprendió gratamente de la diversidad paisajística que las islas ofrecía. Sí, tenían unas playas impresionantes, unas islas más que otras, pero también una biodiversidad increíble.Constituyendo una de las zonas templadas con mayor biodiversidad del mudo. Las horas se le fueron viendo fotos, fotos y más fotos, consultando información sobre distintos lugares a los que visitar, conociendo los sitios en los que se iba a quedar y planificando al más mínimo detalle su viaje. Quería aprovechar los días en ambas islas al máximo. Conocerlas lo mejor posible. Ya que su trabajo le brindaba la oportunidad de estar allí quería aprovecharla al máximo.



         El teléfono la devolvió a la realidad. El nombre de Gonzalo salía en la pantalla del Iphone. Miró la hora, doce y media, llevaba más de dos horas planificando el viaje. Se le había pasado la mañana sin darse cuenta.

_Hola, Gonzalo, ¿qué tal?_preguntó._No, hasta el jueves no me voy. No, no tengo planes. Vale, ¿a qué hora? Perfecto, me da tiempo de ir. Nos vemos a las dos, sí, sí, donde nos vimos. Vale, hasta luego.

          

        Alicia dejó el teléfono sobre la mesa. Guardó las páginas que había estado consultando. Echó  un vistazo a la planificación, que había realizado. _Sí,yo creo que me da tiempo de ver todo esto, si  no ya veré lo que quito_dijo en voz alta mientras comprobaba el correo electrónico y veía las reservas de avión, coche, hotel para el viaje. Sí, le vino a la mente que aún no había comprado la impresora. Iría esta tarde a por ella tras comer con Gonzalo. Envió su planificación a la revista por si querían algún lugar determinado de las islas que se le hubiese pasado por alto y acto seguido apagó el mac para irse directa a la ducha. 

***

             Apenas faltaba unos minutos para las dos cuando Alicia llegó al lugar acordado con Gonzalo. Antonio le vino a la mente. Trabajaba muy cerca, exactamente en el edificio de al lado. Esperó y deseó no encontrarse con él. Le resultaba muy incómodo encontrarse con uno de ellos cuando estaba con el otro aunque fuera para algo tan inocente como comer.

_Puntual, como siempre_dijo Gonzalo nada más verla frente a la puerta del edificio de oficinas. Decepcionándose al ver que Alicia se acercaba y le dejaba un par de amistosos besos en las mejillas._¿Vamos? ¿Te apetece algo en concreto?

_No, me da igual. Elige tú que conocerás mejor la zona.

                 Caminaron durante poco más de cinco minutos hasta llegar a un pequeño restaurante que comenzaba a estar lleno de los trabajadores de las oficinas. Alicia y Gonzalo se adentraron por el pasillo hasta encontrar una mesa para dos en la mitad del local. Nada más sentarse se les acercó el camarero que les dijo el menú del día. 

_Entonces, te vas el jueves.

_Sí, el jueves por la mañana salgo temprano rumbo a Gran Canaria, allí estaré hasta el martes que iré para Tenerife y el sábado por la mañana regreso a Madrid el sábado por la mañana.

_Diez días, ya me gustaría a mí tu trabajo. Y no las largas mañanas de despacho y los aburridos juicios.

_Bueno, se supone que lo elegiste tú, ¿no?

_Sí, cierto. A ver ojo que me gusta mi trabajo pero me das envidia yendo de aquí para allá.

_No me quejo. De todas maneras, igual en un tiempo termino aburrida. Al fin y al cabo cuando anteriormente trabajé para ellos fueron cosas puntuales y esto abarca mucho más lugares aunque siempre hay un periodo de un par de semanas por medio entre viaje y viaje e imagino que éste es de lo más largos_dijo callándose para darle las gracias al camarero que les dejaba el primer plato, una humeante sopa de marisco.

_¿Te vas sola?_preguntó Gonzalo mientras contemplaba salir el humo del plato.

_Sí, solita. Espero no aburrirme._ Alicia sopló la cucharada de sopa que había cogido antes de llevársela a la boca._Hoy he estado cotilleando páginas sobre las islas y son impresionantes, creo que voy a venir cargadita de fotos.No, no lo creo lo sé_concluyó cogiendo otra cucharada.

_Estuve en Gran Canaria de luna de miel.

_No lo sabía, ¿y qué tal?.

_Bien, la verdad es que no vimos mucho. Ana sólo quería estar en la piscina, la verdad, es que para eso nos hubiésemos quedado más cerca.

_Pues sí, irte hasta allá para no salir del hotel me parece una soberana estupidez.

_Ya_ dijo antes de comerse una nueva cucharada._Alicia _dijo dejando la cuchara en el plato y mirándola a los ojos.

_Dime_ contestó notando una punzada en el estómago porque intuía lo que venía a continuación.

_¿Estás enamorada de Antonio?

      Peor. Aún era peor de lo que se había imaginado. Volvió a sentir una punzada en el estómago. Escuchó el sonido del móvil en su bolso. Un mensaje. Buscó el móvil mientras intentaba hacer lo mismo con sus palabras y poder contestarle a Gonzalo. Antonio, el mensaje era suyo. Notó que el calor le subía a las mejillas delatando de quién era el mensaje.

Hola, preciosa, ¿a las ocho te viene bien para salir a correr? Besitos.

Perfecto.

Nos vemos entonces.




          




         Gonzalo la observaba leer y contestar a los mensajes teniendo claro que era Antonio el remitente y destinatario de los mismos. Alicia volvió a guardar el móvil y se centró en la sopa. Terminó el par de cucharadas, que le quedaban, en silencio sin saber qué contestar. Nada más soltar la cuchara en el plato el camarero les trajo el segundo plato.

_Gonzalo, sé que estás esperando mi respuesta pero yo no sé qué decirte. Yo no sé qué siento. Estoy confundida. Nunca había estado en una situación similar.

_Ya. Lo sé. Sólo quería saber si en el fin de semana había habido algún cambio.

_Ninguno_dijo observando la apetecible trucha. _Igual este viaje me sirve para aclararme las ideas. Me vendrá bien estar lejos de los dos por un tiempo. Quizás, sea la manera de descubrir a quién hecho más de menos.

_¿Y si es a los dos?_ bromeó Gonzalo tras probar el pescado.

_Joder, Gonzalo, también tú me das unas esperanzas_contestó sin poder evitar la risa.

_Ya sé, ¿recuerdas aquella canción de Aute?

_¿Qué canción?

_Aquella que decía "una de dos o me llevo a esa mujer o entre los tres nos organizamos..."

             La risa de Alicia contagió a Gonzalo, los de la mesa de al lado los miraron sin poder evitar sonreir. No sabían que pasaba pero la risa de Alicia era muy contagiosa. Ambos se olvidaron del tema, que los unía y separaba. Alicia le contó cuáles eran los lugares que quería visitar, prometiéndole enseñarle fotos a la vuelta. Tras el flan de postre y el café pagaron y salieron del restaurante. Gonzalo acompañó a Alicia hasta la boca del metro. No iría a su casa. Iría directamente en busca de la impresora. Ya le era imprescindible y necesario volver a contar con una.

***

                          A las nueve  Alicia y Antonio entraban en el ascensor sudorosos tras la larga carrera. Habían corrido en silencio uno junto al otro durante todo el tiempo. Apenas se cruzaron unas pocas palabras para no agotar las energías. 

_Sí, es agradable correr en compañía aunque se vaya en silencio_dijo Antonio.

_Sí, tienes razón.

_¿Te apetece si cenamos juntos?_preguntó Antonio abriendo la puerta del ascensor.

_Necesito una ducha.

_¡Y yo! ¿Bajas a cenar?

_Uau, ¿vas a hacer la cena? 

_Bueno, veré con qué te sorprendo.

_Vale, en media hora estoy aquí y te hecho una mano.

_¿A dónde?_preguntó con una pícara sonrisa Antonio haciéndola ruborizar.

_¡No seas tonto! Hala, suelta la puerta antes de que alguien necesite el ascensor.

_Nos vemos ahora.

_Bien.

***

              Justo media hora más tarde. Duchada, perfumada y llevando unas cómodas mallas, camiseta y bailarinas se miraba en el espejo mientras se recogía el pelo. Sabía que no debía hacerlo porque estaba húmedo pero no soportaba llevarlo pegado a la cara. Se puso las gafas para descansar de las lentillas y bajó a casa de Antonio.

_¿Y bien, con qué me vas a sorprender?_preguntó Alicia. 

_No me tientes, por favor, o tendré que olvidar mis promesas_dijo un risueño Antonio. _La verdad es que soy un tanto desastre como cocinero pero algo improvisaré.

_Pero, ¿qué tienes en la nevera?

_No lo sé_dijo arrancándole la risa a Alicia que lo seguía rumbo a la cocina.

_Está bien eso de invitarme a cenar sin saber qué tienes en la nevera.

_Una berenjena, unos champiñones, un calabacín, dos cebollas, una zanahoria.

_Venga menos la triste zanahoria saca el resto y hacemos unas verduras a la plancha. Imagino que te gustan al tener verduras en la nevera.

_Sí, claro.

               Alicia y Antonio trocearon la verdura y tras salpimentarla Alicia la fue depositando sobre la plancha eléctrica.

_Espero que la próxima vez que me invites a cenar hagas tú la cena_bromeó Alicia mientras él sacaba los platos y los colocaba en la mesa.

_Sí, prometido. Algo aprenderé para sorprenderte.

_Eso, sorpréndeme.

_¿De verdad quieres que te sorprenda?_preguntó Antonio dejando los vasos en la mesa mientras Alicia notaba acelerarse el corazón.

_La verdad es que no has dejado de sorprenderme desde mi vuelta.

_Espero que para bien_contestó Antonio guiñándole un ojo.

               Las horas se fueron entre las agujas del reloj. Cuando se dieron cuenta ya marcaban las doce de la noche así que cual Cenicienta era hora de volver a casa.

_¿Te acompaño?_preguntó Antonio en la puerta.

_No, no te preocupes. Creo que no me perderé.

_Bien. Nos vemos mañana a la misma hora para salir a correr.

_Sí, hasta mañana que tengas dulces sueños_dijo dejándole un par de besos en las mejillas y aspirando el aroma de su perfume.

_Buenas noches_contestó Antonio conteniendo su deseo de abrazarla y besarla mientras una idea le venía a su mente y pensando que sí, que la sorprendería.

Elva Marmed

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