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Tenías que ser tú. Capítulo 33.



La cotidianidad había regresado a su casa. El huracán Jelly acaba de despedirse de ella. La despedida no era la esperada. No había ido al aeropuerto con ella. No, sólo la había acompañado a la puerta de casa donde un sonriente Gonzalo la esperaba en su coche aparcado en doble fila. En realidad, no era una despedida sino un hasta luego.

?No cometas el mismo error que yo.

?¿Enamorarme de alguien que vive a mil kilómetros? ?preguntó Jelly? Llega tarde tu recomendación.

?No, contra eso no se puede luchar. No dejes que nada se interponga entre vosotros. La distancia no es una barrera. Hala, corre a su lado. Estoy segura que nos vemos pronto.

?Sí, seguro. ?confirmó Jelly subiéndose al coche de Gonzalo?. Raquel, no dejes pasar esta segunda oportunidad.

Raquel le dedicó una sonrisa aprobatoria.

?Nos vemos el sábado.

?Aún no lo sé. Mañana salgo para Barcelona y estoy toda la semana fuera.

Nada más entrar en casa encaminó sus pasos al dormitorio debía preparar la maleta. Colocó la maleta abierta sobre la cama. Abrió el armario y se quedó contemplando la ropa. No tenía claro que meter en la maleta. Zapatos. Eso siempre estaba claro. Rebuscó entre sus ordenadas cajas hasta localizar su joya de la corona: Louboutin. Imposible resistirse a ellos. Así llevara unos vaqueros esos tacones le darían un porte especial. Se descalzó y volvió a calzar. Su móvil sonó.

¿Roberto, tienes un sensor especial? ¿Cómo es posible que siempre me pilles probándome zapatos?,pensó al ver el nombre de Roberto en el móvil al tiempo que una sonrisa iluminaba su cara.

?Hola, ¿cómo es posible que me pilles siempre probándome zapatos? ?fue el saludo de Raquel?No, no, no. Eso no es verdad. ¿Cómo voy a estar siempre probándome zapatos? Ja ja ja. No, se acaba de ir. No, se ha ido con Gonzalo. Sí, parece ser que les ha dado fuerte, muy fuerte. ¿Nosotros? Bueno, no te voy a decir que no. Mañana. Me voy mañana. ¿Hoy? Roberto no puedo. Apenas he comenzado a preparar la maleta y he de corregir un artículo para una columna. No, de verdad. No es una excusa. Te lo prometo.

?Tengo muchas ganas de verte. ¿Estás ahí? No, te habías quedado tan callada que pensé que se había cortado. ¿Vas a venir para la boda? Porfaaaa? Ya lo sé. Te entiendo pero ahora puedes ir a Valencia cuando te apetezca. No, no insisto. Vale, esperaré a que tú decidas. ¿Te apetece cenar conmigo hoy? Ya, ya sé lo  que me acabas de decir pero por probar?Bueno, te dejo terminar la maleta. Te voy a echar de menos esta semana. Besitos.

Raquel dejó el teléfono sobre la cama. Contempló la maleta vacía. Se quitó los zapatos guardándoles en una bolsa de tela antes de meterlos en la maleta. Vaqueros, blusas, chaqueta, un vestido, otro par de zapatos, ropa interior, medias, pijama. ¿Pijama?, Raquel, Raquel deberías aplicarte tus propios consejos, se dijo así misma al ver la camiseta de Roberto doblada sobre la cama. Rápidamente terminó de preparar la maleta. Se volvió a calzar sus zapatos antes de examinarse en el espejo. Sólo necesitaba unas gotitas de su perfume. Guardó el móvil y la camiseta de Roberto en su bolso y salió de casa.

Esperó el ascensor un par de minutos. No subía. Bajó las escaleras corriendo. De pronto sentía la necesidad de llegar ya a casa de Roberto. En el primer piso se topó con dos vecinas cotilleando junto a la puerta del ascensor.

?Uy, perdona, igual estabas esperando el ascensor.

?No pasa nada?contestó sonriente.

Terminó de bajar corriendo las escaleras. Un par de veces estuvo a punto de resbalar. Comprobando que correr por las escaleras con tacones no era una muy buena idea. Abrió la puerta de la calle. Vio un taxi.

?Taxi?gritó saliendo como  alma que lleva el diablo tropezándose y arrollando al chico que entraba.

?Perdón.

?Perdonada. ¿A dónde vas con tanta prisa, Raquel?

?Lo siento, tengo prisa?replicó sin darse cuenta que era Roberto.

?¡Raquel! ?la llamó Roberto viéndola abrir la puerta del taxi y subirse a él?¿Puedo saber a dónde vas?

?Roberto?murmuró saliendo del taxi.

?¿A dónde vas? ¿No estabas tan ocupada?

?A tu casa.

?¿A mi casa? ?Roberto sintió henchirse su pecho. ?Eso sí que no me lo esperaba.

?Señorita, ¿sube o no? ?preguntó el taxista.

Raquel se asomó a la ventanilla del copiloto para responderle al taxista.

?No, perdone.

?Así que ibas a mi casa?comentó Roberto agarrándola de la cintura y acercándola a él. ?¿No estabas tan ocupada?

?Ya tengo preparada la maleta y el artículo está más que revisado.

?Entonces si eran excusas?apostilló besándola en el cuello.

?No, no eran excusas. Estaba haciendo la maleta e iba a corregir el artículo pero parecías tan sumido en la tristeza?se defendió mientras notaba la penetrante mirada de Roberto?. Quería devolverte una cosa. Bueno, en realidad, quería hacer un cambio.

?¿Un cambio?

?Sí. No me mires así.

?¿Cómo?

?Como lo estás haciendo.

?¿Por qué?

?Porque?porque?¡a la mierda!

?¡Señorita Raquel, esa boca! ?bromeó antes de ser besado por Raquel.

?Uhm?para ser sincero no esperaba este recibimiento.

?No te equivoques. Aún quiero ese tiempo. Esto es sólo una tregua.

?¡Vivan las treguas! ?clamó Roberto. ?¿Qué querías cambiarme?

?Esto?le enseñó Raquel sacando la camiseta de Roberto del bolso.

?Eh, esa camiseta es mía.

?Sí, lo sé.

? ¿Querías cambiarla por el ?color caca??

?No, por otra camiseta?respondió mirándolo a los ojos

?¿Otra camiseta?

?Sí, ésta hace mucho que no huele a ti.

?Vaya.

?Quería llevarla de viaje conmigo?

?Vaya.

?¿Puedo hacer ese cambio?

?Uhm?no sé. Déjame pensar.

?Porfiii?

?¿Y tú que me das a cambio?

?¿Me estás haciendo chantaje?

?No, exactamente.

?¿Qué quieres a cambio? ?le preguntó mientras sentía los brazos de Roberto bajar por su espalda.

?Que vayas a la boda conmigo, que me des una segunda oportunidad, que reconozcas que me echabas de menos?

?Vendes caras tus camisetas.

?¿Entonces?

?¿Vamos a por la camiseta?

?No?respondió soltándola y subiéndose a la acera. Raquel siguió sus pasos al comprobar que el coche ante el que estaban iba a salir.

?¿No?

?No. Quiero una respuesta.

?Roberto, claro que te he echado de menos. ¿Crees que es casualidad que esté en Madrid? Espera?dijo al ver que iba a besarla?. Sigo enfadada contigo. ¿Por qué no fuiste en mi busca? ¿Por qué no te plantaste en Londres?

?Porque te ibas a casar. Raquel, yo te confesé lo que sentía.

?Sí pero ¿por qué no insististe?

?Creí que querías a Fran. Debí reaccionar antes. Debí decírtelo antes y haber luchado por ti pero no me atreví. Te vi tan bien a su lado en Peñíscola y luego en Madrid. Sí, te vi ante la puerta del edificio donde trabaja mi hermana. Irradiabas felicidad.

?Ya.

?¿Tengo esa oportunidad?

?Roberto, ¿de verdad, necesitas que te responda?

?Sí, quiero escuchártelo decir.

?Ya te he dicho que si vivo en Madrid es por ti. ¿Qué necesidad tenía de vivir en Madrid pudiendo estar en Valencia? ¿Qué me ataba a Madrid? Si me vine a Madrid fue por ti. Soñaba con encontrarme contigo en algún momento. Pensé que estando la editorial en el mismo edificio de las oficinas de tu hermana existía la posibilidad de cruzarnos en algún momento.

?Pero, ¿por qué no me llamaste?

?Estaba demasiado enfadada contigo. Ni siquiera Fran y sus insistentes ?llámalo? consiguió hacerme cambiar de parecer.

?¿Fran?

?Sí, Fran. Nos llevamos muy bien y no entiende que no te haya buscado.

?Sabía yo que era un buen tío. Lógico es del Atleti.

?Mira que eres tonto.

?Raquel, Raquel. No lo soy y lo sabes. No voy a volver a repetirte lo de ?ser y estar?. ¿Entonces tengo esa oportunidad?

?Pero, ¿no te ha quedado claro?

?¡Quiero que me lo digas!

?Sí, pesado, ¡tienes esa oportunidad! Pero, insisto en no correr.

?Y lo dice la que corría hace un momento hacia mi casa.

?¿Tengo mi camiseta?

?Será mi camiseta, ¿no??rió Roberto.

?Vale, tu camiseta. Tú me entiendes.

?¿Vas a venir a la boda conmigo?

?Roberto, no te lo prometo.

?Vale, vale, entiendo que quieras ir a casa pero podríamos ir a Valencia cualquier otro fin de semana.

?¿Juntos?

?Si te apetece.

?Vale.

?¿Eso es que vienes a la boda?

?Podría ser.

?Vamos.

?¿A dónde?

?¿No querías mi camiseta? ¿Tendremos que pasar por mi casa, no? Y ya de paso cenamos juntos.

*  *  *  *  *

 Si Barcelona la había recibido con los brazos abiertos, Zaragoza no se había quedado atrás. Su tierra se había rendido a sus pies. Raquel estaba emocionada con la acogida de su libro. Por muy habituales que empezaran a ser aquellas largas colas ante su mesa ella seguía asombrándose ante las mismas. Firmaba y charlaba unos momentos con todas las personas que se acercaban en busca de una dedicatoria en el ejemplar de la novela recién comprada. Ni un solo momento de relax había tenido en toda la semana. Entrevistas, firmas, comidas? casi no había visto a su familia y amigos en aquellos dos días en Valencia pero iba a volver a Madrid. Necesitaba volver a Madrid. Ya no soportaba ni un solo minuto más lejos de Roberto.

Roberto había regresado con fuerza a su vida. Estaba claro que él no estaba dispuesto a perder esta segunda oportunidad. Raquel tampoco. Habían regresado a sus charlas diarias. El teléfono era un no parar. Se dormía con el sonido de su voz y se despertaba con sus buenos días. Durante el día los mensajes iban y venían continuamente. ?¿Qué más necesitas? ?le había preguntado Fran cuando la había llamado para saber qué tal iba todo. ?Roberto está completamente enamorado de ti desde siempre. No lo hagas sufrir más, mejor dicho, no sufras tú más innecesariamente. Raquel reconoce que te mueres por estar con él. Raquel sabía que era verdad. Desde el momento en el que se conocieron en aquel ascensor se había sentido atraída por él.

Sorprenderlo. Quería darle una sorpresa. Se inventó una excusa para que pensara que finalmente iría solo a la boda. Sólo Sofía y David sabían que no era verdad. Raquel había buscado el número de la oficina de Sofía para poder hablar con ella y decirle que estaría allí pero le pidió que no le contase la verdad a Roberto. Por su parte Roberto estaba convencido que Raquel se quedaba en Valencia por motivos familiares un par de días más. No insistió al enterarse no quería agobiarla con sus suplicas.

?¿Cuándo volverás? ?quiso saber su madre.

?Mamá, te prometo que si no estoy aquí el próximo fin de semana vendré el siguiente.

?¿Con él?

?¿Con quién?

?¡Raquel! ¿Crees que soy tonta?

?No, claro que no?contestó risueña?. ¿Quieres que venga con Roberto?

?Sí, para darle un buen tirón de orejas.

?¡Mamá!

?Me alegra verte tan feliz, cariñet. Ya tocaba. Bueno, entonces nos vemos pronto.

?Te lo prometo.

Raquel se despidió de sus padres antes de subir al  tren. Noventa minutos de viaje  le esperaban. Esta vez lo haría sola. Rosa había hecho con ella el viaje pero la noche anterior había regresado a Madrid. Noventa minutos de intermitente escritura. Estaba metida de lleno en un nuevo proyecto. Noventa minutos de mensajes. Noventa minutos aguantándose las ganas de revelar la verdad. Noventa largos minutos en los que había notado un revoloteo conocido en la boca del estómago con cada mensaje de Roberto. Noventa minutos planeando su vestuario para el día siguiente.

 Una llamada de Roberto entraba en su móvil justo cuando el AVE llegaba a Atocha. No, ahora no podía contestar. Roberto descubriría la verdad si escuchaba las voces de megafonía.

Ahora no puedo hablar. Estoy en el médico con mi madre. Te llamo en un rato. Besitos.

OK. Espero que todo vaya bien. Besitos.

Nada más llegar a casa marcó su número?

?Mejor. Parece que no es tan grave. Le quitarán el tensoplast el  lunes. Sí, desde que pueda apoyar el pie en el suelo regreso a Madrid.

?Me alegro que no sea nada y que estés pronto de vuelta. Una pena que vaya solo a la boda. Solo y abandonado así recordaran al padrino. El único desparejado de toda la boda.

?No seas peliculero. Gonzalo también va solo. Siempre podéis echaros un baile juntitos. Ja ja ja? claro, claro que acabarías cayendo rendido a sus pies como todas las que bailamos con él.

?Un momento, señorita, ¿usted ha caído también en sus redes?

?Nooooooooooo, a ver que tu colega es irresistible?contestó bajándose de los tacones e intentando quitarse los vaqueros sin que se le cayera el móvil?pero yo es que tengo la costumbre de enamorarme en los ascensores.

?Curioso. A mí me pasa lo mismo.

?Sí, sí que es curioso.

?Raquel??A Roberto le empezaba a costar aguantar la compostura. Llevaba todo el rato sentado en la escalera de Raquel.

David no había podido guardar el secreto. Roberto lo había pillado al David decirle que era una pena que Raquel no pudiera venir por el esguince de la madre. ?¿Cómo sabes lo del esguince? ?le preguntó y entonces toda la verdad salió a relucir. En principio Roberto había pensado no hacer nada. Hacerse el sorprendido en la boda pero tenía demasiadas ganas de verla. Sabía que regresaba en AVE  así que había calculado el tiempo y allí estaba manteniendo una conversación en la escalera de Raquel.

?Dime.

?Te echo de menos.

?Y yo a ti.

?Me apetecía mucho que fueras conmigo a esa boda.

?Lo siento?contestó aguantándose la risa. ?.Roberto, un momento están tocando en la puerta.

?OK?contestó.

Raquel miró por la mirilla para ver quién era. No se lo podía creer. Abrió sin acordarse de que no llevaba pantalones.

?¿Qué estás haciendo aquí?

?Señorita, ¿abre siempre medio desnuda?

?Eres un embustero. Has estado todo este tiempo hablando conmigo y sabías la verdad.

?Ah, eso lo dice la que estaba con  la madre en el hospital. ¿Puedo pasar? Por cierto, bonitas braguitas.

 Elva Marmed 

Tres no son multitud



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