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Tenías que ser tú. Capítulo 25.



?¿Qué quieres que te diga, Raquel? No tengo ni idea de qué aconsejarte.

?Pero, Valerie. Sé sincera, ¿crees que hago mal manteniendo estas charlas con Roberto?

?Yo no veo nada de malo siempre y cuando ambos tengáis las cosas claras. Sabes que soy amiga del novio que tuve antes de David y David se lleva muy bien con él.

?Lo sé, por eso, es a ti a quien le pido consejo.

?Raquel, ¿qué sientes por Roberto? Eso es lo que has de plantearte. ?inquirió Valerie dándole un sorbo a su café. ?¿Sigues enamorada de él?


Raquel se quedó callada durante un par de largos minutos. Valerie no dijo nada. Ella sabía que la relación entre Roberto y Raquel había sido muy  especial. Una relación de las que cuesta pasar página.

?Quiero a Fran.

?No te he preguntado por Fran. A Fran es imposible no quererlo. Te he preguntado por Roberto.

?Valerie es que no lo sé.

?Vale, no te tortures. Ahora otra pregunta, ¿por qué hablas con él? ¿Albergas la esperanza de retomar vuestra relación?

?¡No! Sería una estupidez por mi parte esperar eso. Roberto y yo hemos acabado. Igual nunca debimos habernos lanzado. Teníamos que haber sido amigos y ya.

?Raquel, cariño, eso no se programa.

?Lo sé.                

?Bueno y dime ¿cuál es el problema de hablar con él si tienes las ideas claras? Si estás enamorada de Fran?enfatizó?, y sólo quieres mantener el contacto con él, como amigo, no veo el problema.

? Pero y ¿si nos vemos atrapados en lo mismo de antes?

?Entonces no hables con él. Raquel, esto lo has de decidir tú. Yo no tengo una respuesta.

?¿Debería decírselo  a Fran?

?¿Por qué no?

?Porque no quiero hacerle daño. No quiero que dude.

?Raquel, por hablar con Roberto no le vas a hacer daño. El problema sería si estás con él estando enamorada de Roberto. Eso sería lo malo pero no sólo para Fran sino para ti. ? Valerie dio un nuevo sorbo a su café. ?. ¿Qué piensa Roberto?

?¿Qué piensa Roberto de qué? ?preguntó sorprendida Raquel.

?¿Habéis hablado sobre esto?

?No, él tiene claro que estoy con Fran. Nuestras conversaciones son triviales. Nos preguntamos por cómo nos ha ido el día y poco más.

*  *  *  *  *

?¿Qué es eso de que hablas con Raquel por las noches?

?Eso, ni más ni menos, he hablado varias veces con ella. Nada del otro mundo?comentó Roberto mientras le pedía otra ronda al camarero.

?No, perdona. Yo necesito que seas más claro.  Quiero detalles. ?dijo David.

?Y yo. No puedes venir con éstas y quedarte como si nada? recalcó Jose?. ¿Estáis juntos nuevamente?

?¡No! Raquel y yo sólo somos amigos.

?¡Y una mierda! ?alzó la voz David. ?Perdón?dijo al ver que los de la mesa de al lado lo observaban. ?. Eso no te lo crees tú ni de coña. Roberto, ¿te recuerdo cómo lo has pasado en los últimos meses por tus tonterías? ¿Quieres que te recuerde cómo viniste de Peñíscola? ¿Hace falta recordarte cómo andabas al enterarte que Raquel te había buscado sustituto? No, tú no me vienes con esas. No me digas que sois amigos porque no se lo cree nadie. Bueno, igual para ella sí. Igual Raquel cerró página y ella sí te ve como a un amigo. Claro que debe ser una santa porque yo en su lugar te hubiera mandado a la mierda.

?Gracias, eso es un amigo.

?Sí, precisamente porque soy tu amigo te lo digo.

?Sólo hemos hablado un par de veces por el Messenger. No ha sido nada del otro mundo.

?¿Quién contacto con quién?

?Muy bueno, Jose. Responde Roberto. No, no hace falta. Tú contactaste con ella.

?Sí, fui yo. ¿Qué tiene de malo? La vi conectada y la saludé.

?¿Con qué intención? ?preguntaron al unísono David y Jose.

?¿Saludarla? ¿Saber de ella? ¿Pedirle disculpas? ¿Os vale?

?No?volvieron a contestar sus dos amigos.

?¿Saber de ella? ¿Qué querías saber? ?preguntó Jose.

?Si estaba bien. Ante todo Raquel es una amiga.

?Raquel nunca ha sido tu amiga?soltó David?.Vosotros ni siquiera fuisteis conocidos, os saltasteis ese paso. ¿Qué estás buscando Roberto? Y di la verdad o te vacío la jarra por la cabeza.

?No lo sé, lo juro. Entré un día en el Messenger la vi  y la saludé. Desde entonces entro cada día con la esperanza de verla. ¡Mierda! ¡Joder! ¡Qué no lo puedo evitar! Cuando hablamos es como si nada hubiese pasado entre nosotros. Es tan fácil hablar con ella.

?¿Entras cada día? ¡Estás mal! ¿Qué te ha dicho ella? ?quiso saber Jose.

?Poco. Bueno, lo suficiente para saber que lo nuestro está enterrado. Ella y Fran van en serio. De hecho, la semana pasada apenas se conectó porque la mayoría de las noches durmió en casa de Fran.

Las carcajadas de Jose y David resonaron en el bar. David estuvo a punto de escupir el trago de cerveza que acababa de beber.

?¿Qué es tan gracioso?

?El verbo ?dormir? es lo gracioso.

?¡Iros a la mierda! ?exclamó con una medio sonrisa Roberto. ?Joder,  no hace falta que os riais de mí. ¡Ya estoy bastante jodido! Y sí, lo sé. Sólo yo tengo la culpa de lo que me pasa pero tengo derecho a sentirme mal.

?Eso no te lo niega nadie. Lo que no es de recibo es que vuelvas a las mismas. ¿Para qué la buscas? Olvídate de ella. Al menos inténtalo y así no lo vas a lograr.

?No puedo, David. No  puedo desvincularme de ella. ¡Ojalá pudiera! No puedo evitar conectarme cada día con la esperanza de verla conectada y charlar un rato. Es como volver atrás, como si nada hubiese pasado. Joder, metí la pata hasta el fondo. No tenía que haberme rendido tan fácilmente pero también es verdad que he seguido buscando trabajos en Londres y nada. No he encontrado nada.

?Roberto, quién te ha visto y quién te ve. Nunca pensé que te vería así por una mujer. ?confesó Jose. ?. Has salido y entrado con toda la que se te ponía a tiro pero está claro que torres más altas han caído.

?Roberto, ¿estás seguro que ella ya no siente nada por ti? ?quería saber David. ?Poco la conozco, por no decir nada, pero podría asegurar que Raquel estaba completamente colgada de ti.

?Tiene novio. ¿No te dice eso algo?

?No, eso no me dice nada. ?contestó David?. No sería la primera persona que está con alguien como parche.

?Raquel no es así.

?Puede no serlo pero a veces hacemos las cosas sin darnos cuenta. Queremos convencernos a nosotros mismos de algo y actuamos conforme a lo que queremos creer. ?respondió David.

?¿Y si le preguntas abiertamente?

?¿Estás loco, Jose?

?No, ¿qué vas a perder?

?¿A ella? ¿Qué no vuelva a hablarme en la vida?

?Ah, espera. Esto? ¿qué nos estás intentando decir? ¿Qué piensas conformarte con esta situación toda la vida? ¿Qué prefieres quedarte con la duda de saber lo que ella siente antes de actuar y perder algo que no tienes? ¿David, tú reconoces a nuestro Roberto? Estoy por pensar que nos lo han clonado y es una mala copia.

?Joder, si lo sé no cuento nada.

*    *  *  *  *

Nada más llegar a casa Raquel sacó el vestido de la bolsa. Era realmente bonito, elegante y sexy. Un vestido corto negro, strapless, con un pequeño fruncido en forma de abanico en medio del escote adornado con un lazo zapatero y un brocado plateado bajo el pecho. Sí, reunía todas las características deseadas en un vestido de fiesta. Colgó el vestido del biombo. Se acababa de dejar una pequeña fortuna en aquel diseño de Rosa Clará pero se había enamorado  de él  nada más verlo y se había permitido el capricho..

Aquella boda iba a ser su presentación oficial. Fran andaba como loco. Tenía todo organizado para el viaje. Ella no había tenido que encargarse de nada. Sólo de comprarse el vestido. Abrió su armario de par en par. Se quedó contemplando el sinfín de cajas de zapatos magistralmente ordenados aprovechando al máximo el espacio disponible. Aquella era la caja. Sacó los zapatos. Aquellos preciosos y brillantes peep toes de Nine West estaban casi por estrenar.

Sin duda alguna aquella era su confesable debilidad: los zapatos. Afortunadamente, tenía cabeza y no derrochaba pero de tanto en tanto se permitía algún lujo. Sus niños mimados eran sin duda alguna unos maravillosos tacones rojos de Louboutin. Se quitó las botas y se puso los inconfundibles tacones de suela roja.

?Mira que sois bonitos. ¡Hasta con vaqueros vais bien!

Emuló a las modelos pavoneándose por su pequeña casa subida a sus tacones rojos.

?Ya hubiese querido Dorothy unos zapatos rojos tan bonitos.

Sus ojos fueron de los zapatos a la apagada pantalla del ordenador. Encendió el ordenador y automáticamente el Messenger se puso en marcha. Allí estaba. Roberto estaba conectado.

?Raquel, ¿qué estás haciendo?

No se respondió. No se dio tiempo a hacerlo. Antes de pensar cualquier respuesta sus dedos ya habían tecleado un ?hola?.

Roberto: Hola, preciosa, ¿qué tal estás? ¿Trabajando un poquito?

Raquel: No, acabo de llegar hace un rato. He estado de compras con Valerie. Necesita un vestido para una boda.

Roberto: ¿La tuya?

Raquel: Noooooooooooo, ¡estás loco!

Roberto: Ejem, no voy a hacer ningún tipo de comentario por respeto a Fran.

Raquel: Ja ja ja, ¡mira que eres tonto!

Roberto: No juegues con fuego. Al final voy a tener que volver a explicarte las diferencias de los verbos ?Ser? y ?Estar?.

Raquel: Me callo, me callo.

Roberto: ¿Y has conseguido el vestido?

Raquel: Sí, me he dejado una pequeña fortuna en el modelito pero no lo pude evitar.

Roberto: ¿Lo lucirás con tus Loubotine?

Raquel: Vaya, me dejas sorprendida. Veo que verdaderamente aquella mañana en el ascensor me prestabas atención.

Roberto: ¡Claro! Además, tenía que concentrarme en lo que me contabas para no saltar a tu cuello.

Raquel: Ja ja ja, pensarías que era una chiflada que no paraba de hablar de zapatos.

Roberto: Bueno, no sólo hablamos de zapatos.

Raquel: Tres horas dan para mucho.

Roberto: Sí, más las que siguieron.

Raquel: Sí.

Roberto: ¿Los llevarás entonces?

Raquel: ¿El qué?

Roberto: Los Louboutin.

Raquel: No, me pondré otros pero sabes los llevo puestos ahora.

Roberto: ¿Has ido de compras con ellos? Mira que pijina se me ha vuelto la niña.

Raquel: No, peor.

Roberto: ¿Qué es peor?

Raquel: He llegado a casa. He sacado el vestido de la bolsa y entonces he buscado los zapatos que quiero llevar y entonces no pude resistirme a ponerme los Louboutine.

Roberto: Ja ja ja. No me digas que llevas mi camiseta y los tacones que me da un algo.

Raquel: Nooooooooooo. Tu camiseta está guardada desde hace mucho.

Roberto: Ya, imagino. Bueno, quiero foto.

Raquel: ¿De los zapatos?

Roberto: No, tuya con ese vestido.

Raquel: Bueno, veremos.

Roberto: Hace tiempo que no me envías una foto.

Raquel: Lo sé.

Roberto: ¿Y te apiadarás de mí?       

Raquel: Bueno, supongo que te podré enviar alguna foto de la boda si te hace ilusión.

Roberto: ¿Y ahora?

Raquel: ¿Ahora?

Roberto: Sí, podrías enviarme alguna fotito para ver cómo estás.

Raquel: Igual. Sin cambios.

Roberto: Je, eso es que no me la vas a enviar.

Raquel: No tengo ninguna foto sola guardada en el ordenador

Roberto: Vale. Bueno, ¿y quién se casa?

Raquel: En realidad no los conozco.

Roberto: Ja ja ja, ¿te has comprado un vestidazo para la boda de unos desconocidos?

Raquel: No seas tonto. Son amigos de Fran.

Roberto: Vale, entiendo. Vas a venirte a Madrid entonces.

Raquel: No, la boda es en Peñíscola. Parece ser que se conocieron allí y quieren casarse allí.

Roberto: Peñíscola. No es mi lugar del mundo favorito.

Raquel: ¿Por qué? Es muy bonita.

Roberto: No te lo discuto. Es muy bonita pero a veces eso no es suficiente. A veces ocurren cosas que te hacen sentirte bien o mal con algo.

Raquel: Roberto.

Roberto: No pasa nada. ¿Y cuándo es la boda?

Raquel: Este fin de semana.

Roberto: Vaya no te imaginaba comprando un vestido a última hora.

Raquel: ¡Ni yo! Hasta el momento no había visto nada que me gustara. Ya había desistido e iba a llevar un vestido de Valerie pero hoy hemos dado una vuelta al salir del colegio y me he enamorado.

Roberto: Creía que ya lo estabas.

Raquel: ¡Muy gracioso! ¡Ya me entiendes!

Roberto: Te entiendo. Te entiendo. Así que mañana estás en España.

Raquel: Sí.

Roberto: Una pena que no nos podamos ver.

Raquel: Sí.

Roberto: Pásatelo muy bien y recuerda que no debes estar más guapa que la novia.

Raquel: Ja ja ja, lo recordaré. Bueno, creo que es hora de cenar.

Roberto: Sí, ¿lo hacemos juntos?

Raquel: ¿Qué?

Roberto: Tú ahí y yo aquí pero podemos seguir hablando.

Raquel: Bueno, no sé. Me voy a duchar primero.

Roberto: Vale, ve a la ducha te espero.

Raquel: Vale.

Raquel se bajó de  los tacones y los guardó en su inmaculada caja. Estaba desnudándose cuando recordó que Roberto estaba conectado. El rubor cubrió sus mejillas. Tenía la impresión de estar quitándose la ropa delante suya. ¿Qué estás haciendo Raquel?, pensaba mientras terminaba de despojarse de su ropa y entraba en el baño.

Nunca se había duchado tan rápido. No lo quería admitir pero estaba deseando volver a sentarse frente al ordenador. Estaba deseando volver a hablar con Roberto. Cenar con él en la distancia.

Nada más salir del baño vio el vestido colgado en el biombo e inmediatamente la imagen de Fran le vino a la mente. No, no podía hacerle esto. No podía cenar con Roberto. Nada bueno saldría de allí.

Raquel: Roberto, perdona, cambio de planes. Voy a cenar con Fran.

Roberto: Bueno, no pasa nada. Lo entiendo. Otro día será. Disfruta del viaje

Raquel: Gracias.

Roberto vio cambiarse de color el muñeco del Messenger de Raquel. Ya no tenía ganas de cenar.

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