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Tenías que ser tú. Capítulo 17.



El repiqueteo de las teclas se fundía con la música. Las musas habían regresado. Su abandono había sido momentáneo. Un simple paseo en una agradable mañana de domingo. Ahora ya estaban de vuelta de su breve fuga y se habían apoderado por completo de Raquel. De su mente. De sus dedos, los cuales tecleaban y tecleaban al ritmo de la música. Raquel había perdido la noción del tiempo. Las vidas de Hugo y Claudia era todo lo que le importaba en estos momentos. Tan concentrada estaba que no escuchó que llamaban a la puerta. El segundo timbrazo la hizo saltar en la silla. Se levantó al escuchar el tercer intento de llamada. No esperaba a nadie. ¿Roberto? No, sería una auténtica locura que hubiese vuelto a hacer un viaje sorpresa, pensaba mientras iba de camino a la puerta.

?Hola.


Un sonriente Fran la esperaba al otro lado de la puerta. No lo esperaba para nada. Sí, ayer habían quedado en un posible café. Erróneamente, Raquel había pensado que aquella era una de esas salidas que nunca llegan a hacerse. No, Fran lo había tomado al pie de la letra. Había leído sus relatos y allí estaba dispuesto a darle su opinión.

?Ya me iba. Pensaba que no estabas.

?¿Has llamado más de una vez? No había escuchado el timbre.

?Sí, un par de veces.

?Vaya, estaba tan concentrada que no escuché la puerta.

?He interrumpido al genio.

?Ja ja ja, no exageres.

?No, no exagero nada de nada. Anoche leí tus historias y eres muy buena. Entiendo perfectamente que te hayan pedido una novela.

?Vaya, veo que anoche tenía a todo el mundo en vela.

?¿Por?

?Porque Roberto se acostó a las tantas leyéndome y ahora tú me dices lo mismo.

?Es que atrapas al lector desde la primera palabra.

?Eso es exagerar?contestó esbozando una sonrisa.

?Vale, desde la primera frase.

?Ja ja ja, gracias. Voy a tener que montar un club de fans.

?Bueno, sólo venía a invitarte a un café pero, si estás liada escribiendo, no quiero interrumpirte.

?¿Café? ¿Qué hora es?

?Las cinco.

?¿Las cinco? Vaya, ¿si te digo que no he comido? Me senté a escribir y se me fue el santo al cielo.

?Muy mal. No se puede estar con el estómago vacío.

?El caso es que no tengo hambre.

?Da igual. Tienes que comer. Venga, te invito a cenar.

?¿Qué?

?Sí, a estas horas ya ahora mismo a cenar. A lo British que es lo que toca. ¿Te gusta la comida china?

?Sí.

?Pues, dicho. Te recojo en una hora.

?Pero?

?No hay peros que valgan. Has de comer. Voy un momento a casa y en una hora te recojo. ¿Necesitas más tiempo?

?No, no necesito más tiempo.

?Bien, en una hora en la puerta.

?Vale. Muy bien.

Raquel cerró la puerta sin terminar salir de su sorpresa. Una nueva cena con Fran. ¿Estaba intentando Fran algo con ella? No, Raquel. No pienses mal. Venía a invitarte a un café, tal y como quedamos, para charlar de mis relatos. ¿Y si aceptando entiende lo que no es? ¿Y si se piensa que tiene alguna posibilidad conmigo? No, él sabe muy bien que estás con Roberto. Ayer se comportó como un auténtico caballero. En ningún momento intento nada. No dio pie para que pensara lo que no era. ¿Qué opinará Roberto de esto? Uff, si fuera al revés a mí me estarían comiendo los bichos. Y tendría ganas de arrancarle los ojos a la tipeja que intentara liarse con él. Raquel, Raquelita, relájate. ¿Cuándo has sido tú una celosa compulsiva?

Guardó el archivo y apagó el ordenador. Roberto volvió a venirle a la mente. No estaría en casa cuando él se conectara. Pensó en escribirle un mensaje. No, mejor no. Igual no tiene cobertura. Seguro que antes de conectarse me avisa entonces se lo diré. No. Raquel, mejor se lo envías ahora. No hay nada de malo en salir a cenar con Fran, es sólo un amigo. No tienes nada que ocultar. ¿Por qué me siento como si estuviera haciendo algo malo? Raquel cogió el móvil. Lo contempló unos segundos. Volvió a dejarlo sobre la mesa. Volvió a cogerlo. No estaba segura de lo que hacer.

?Lo llamaré.

Buscó el número de Roberto. Dio tono. Tenía cobertura. Un tono. Dos tonos. Tres tonos?

?Hola, preciosa, esto sí que no me lo esperaba. Sí, ya estamos de vuelta. Hemos parado a tomar café antes de volver a casa. Pensaba mandarte un mensaje nada más llegar. ¿Pasa algo? Ajá, sí?no, no pasa nada. Me parece normal. Además, tampoco está bien que pases todo el día encerrada en casa dándole a las teclas. No, no. De verdad, no me molesta. ¿Por qué iba a molestarme?

David y Jose asistía en silencio a la conversación. Escuchan atentos las palabras de su amigo.

?Pero, ¿por qué te sientes mal? No seas tonta. Escúchame. No te voy a mentir. Me gustaría ser yo quien fuera contigo a cenar pero no me molesta que salgas con Fran, aunque él esté coladito por ti, ja ja ja. Sí, sí?sí? tiene la excusa perfecta?ja ja ja? hablar de los relatos? sí, sí, sí?

?No seas malo. Vale, está bien. Es la excusa perfecta pero habíamos quedado en eso. En principio habíamos hablado de un café pero hoy se me ha ido el santo al cielo y no he comido. No, me puse a escribir y lo olvidé. La verdad es que hasta ahora no había sentido hambre. Tontito, te dejo que aún he de vestirme. Sí, te aviso desde que llegue. ¿Vas a estar en casa? Vale, de acuerdo. Besitos. Saluda a Jose y David de mi parte.

Roberto volvió a guardar el móvil en la mochila bajo la atenta mirada de sus amigos. Ambos permanecían en silencio. Ambos esperaban que Roberto dijera algo. Intuían qué pasaba y sabían que Roberto no era celoso pero también tenían claro que preferiría de ser él quien estuviera con Raquel.

?¿Por qué me miráis así?

?¿Cómo te miramos? ?preguntó David.

?Con ojos de cordero degollado. ?bromeó Roberto. ?.¿Qué pasa? ¿Qué queréis saber, cotillas?

?Tú sabrás?contestó Jose.

?¿Otra vez  con Fran? ?Esta vez era David el que preguntaba.

?Sí, va a cenar con él.

?¿Y? ?Insistió David.

?Nada. Sólo es una cena. Nada más que una cena entre dos amigos.

?Entonces, ¿no te importa?

?No.

?¿Entonces los celos de ayer están olvidados? ?preguntaba Jose en tono jocoso.

?Yo ayer no estaba celoso.

?No, ¡qué va! ¿Quién habló de celos? Jose, ¿cómo puedes pensar que Roberto está celoso? No, no, no. Roberto no se pone celoso porque su chica vaya a cenar con otro tío. Un tío que parece ser que está loquito por sus huesos e intenta cualquier oportunidad para salir con ella.

?Sois una panda de cabrones.

?Nosotros seremos unos cabrones ?Rió David?pero tú eres un mentiroso.

?Muy bien, estoy celoso. ¿Eso es lo que queréis oír? Estoy celoso. Me gustaría ser yo el que fuera a esa cena pero no es así y, me temo que va a seguir siendo así durante mucho tiempo. Si  quiero seguir adelante con esta relación tendré que acostumbrarme a esto. Pero, una cosa os digo no estoy celoso de Fran. Estoy celoso de la situación. Él está allí y yo no. Quisiera poder pasar más tiempo con Raquel y saber si lo nuestro funcionaría de pasar más tiempo juntos. ¿Contentos? ¿Era eso lo que queríais oír?

David y Jose permanecieron en silencio. Ninguno sabía qué decir. Ninguno había vivido una situación similar. Ninguno había visto nunca antes a Roberto enganchado de una chica de esa manera.

?¿Nos vamos? No sé vosotros pero yo estoy deseando meterme bajo la ducha.

?Sí, vamos. ?contestó David levantándose y recogiendo sus cosas.

Todo era alabanzas. Fran sólo tenía palabras bonitas para hablar de los relatos de Raquel. Raquel no podía parar de reír escuchando tantas maravillas de sus dos relatos. Sí, era consciente que estaban bien. Gracias a esos dos relatos y a su participación en un certamen literario varias editoriales se pusieron en contacto con ella, pero escuchar de boca de sus conocidos y amigos críticas maravillosas le provocaba risa. Risa, producto del nerviosismo que conllevaba el terror que sentía a defraudar las expectativas que todos tenían puestas en ella.

?No, de verdad, te lo digo. Estoy deseando leer tu novela.

?Bueno, pues, tendrás que esperar unos meses.

?¿No puedo leer un adelanto?

?No, no y no. Roberto también me lo ha pedido pero te digo lo mismo que a él. Nada de leer ni un pedacito hasta que no haya puesto el punto y final.

?Muy bien. Habrá que esperar entonces.

?Exacto y ya basta de hablar de mí.

?¿Y de qué quieres hablar? ?preguntó Fran soplando el té verde que acababan de traerle.

?De cualquier cosa.

?¿Puedo hacerte una pregunta?

Fran volvió a soplar su té antes de probarlo.

?Dime ?contestó temerosa de la pregunta.

?Roberto y tú? ¿vais en serio?

?Eso es hablar sobre mí.

?Perdona. No tienes que responder si no quieres.

?No pasa nada.

?No. Sí que pasa. Olvídate de la pregunta. Ha sido una tontería por mi parte. Acababas de decir que nada de hablar de ti y yo te hago esa pregunta. Además, no es necesario que me respondas. Es obvio que sí. No hay nada más que verlos juntos y vuestros viajes. Hablando de viajes. Voy a Madrid el mismo fin de semana que tú. Igual tenemos el mismo vuelo.

?Estaría bien. Siempre es más agradable viajar con alguien.

?Totalmente de acuerdo. ¿Qué haces?
?Llamar al camarero para pagar.

?De eso nada, señorita, yo la he invitado.

?Fran, ayer me invitaste a cenar. Déjame que te invite hoy.

?No, ya me invitarás otro día. Eso, otro día, así tengo excusa para volver a cenar contigo.

No dijo nada. Guardó la cartera mientras pensaba que aceptar aquella cena no había sido buena idea. Aquel acercamiento entre ella y Fran no era bueno. No era bueno para él. Ella tenía claro sus sentimientos. Sí, Fran era atractivo, simpático, inteligente, amable? sí, era perfecto. Tan perfecto que vivía a menos de cinco minutos de su casa pero no era Roberto.

Una ligera pero intensa lluvia los acompañó en el camino de vuelta. Aceleraron el paso para no terminar calados. Fran miraba de reojo a Raquel quien iba concentrada en no resbalarse por ir corriendo con tacones. Estás pensando en Roberto, lo sé, Raquel. Lo que daría por estar en su lugar. Hay que ver las cosas que tiene la vida. Ahora mismo estás más lejos de mí estando a mi lado que de Roberto.

?Ya hemos llegado. ?dijo Raquel interrumpiendo los pensamientos de Fran.

?Bueno, pues, un placer haber cenado contigo.

?Lo mismo digo. Gracias por la invitación.

?El placer ha sido mío.

Esa era la peor parte: la despedida. Fran tenía unas ganas irrefrenables de besarla pero no lo hizo. Raquel no era para él. No estaba a su alcance.

?Bueno, que descanses.

?Lo mismo te digo?respondió Raquel tras recibir un par de besos en las mejillas.

?¿Vas a seguir escribiendo?

?No lo sé. Igual un rato aunque seguro que no porque si Roberto??Raquel se calló un momento. ?no sé.

?Raquel, para ti no es un secreto que me gustas. Al igual que para mí no lo es que estás con Roberto. No pasa nada porque digas que vas a hablar con él.

Raquel se sorprendió con aquel inesperado ataque de sinceridad de Fran. Él mismo lo estaba.

?Bueno, si mañana te apetece tomar un café conmigo sabes dónde estoy. Buenas noches.

?Buenas noches.

Se descalzó nada más entrar en casa. Dejó los tacones junto a la puerta. Caminó descalza por la oscura casa. Encendió el ordenador antes de entrar en su habitación para quitarse la ropa mojada. Dejó la ropa colgada sobre el biombo que separaba su dormitorio del resto del loft. El Messenger se había abierto automáticamente y veía una pantallita que parpadeaba avisándola que alguien la saludaba. Roberto. ¿Quién iba a ser si no? A veces hablaba con su familia y con amigos de Valencia pero a esas horas un sábado por la noche debía ser Roberto. Abrió el ropero para coger un pijama. Nada más abrir el cajón de los pijamas vio la camiseta de Roberto. Se la puso. Ya no olía a él pero era suya y eso le bastaba.

Roberto: Eo eo eo, ¿estás ahí?

Raquel: Sí, acabo de llegar ahora mismo. Estaba cambiándome de ropa antes de coger un enfriamiento.

Roberto: ¿Por qué?

Raquel: Llueve y nos hemos mojado.

Roberto: ¿Qué tal la cena?

Raquel tardó en contestar.

Raquel: Bien.

Roberto: Parece que te has pensado la respuesta

Raquel: No. Es que?

Roberto: ¿Ha pasado algo?

Roberto comenzaba a ponerse nervioso. Intuía qué podía estar pasando.

Raquel: No, no ha pasado nada pero creo que no volveré a salir a solas con Roberto.

Roberto: ¿Y eso?

Raquel: No quiero que tenga esperanzas conmigo.

Roberto: Entonces sí ha pasado algo.

Raquel: No?  bueno, me ha preguntado si iba a seguir escribiendo ahora. Dije que sí pero rectifiqué porque sabía que hablaría contigo. Me sentí mal al nombrarte y entonces me dijo que ni para mí era un secreto que yo le gustaba, ni para él que yo estaba contigo.

Roberto: Eso era algo que ya sabíamos, ¿no?

Raquel: Sí pero me he sentido culpable porque igual saliendo a cenar con él le creo falsas esperanzas.

Roberto: Raquel, no es un adolescente. Fran es un tío que sabe lo que hay. Otra cosa es que esté intentando acercarse a ti. Es lo que yo haría.

Raquel: Ya. Roberto.

Roberto: Dime.

Raquel: ¿Te ha molestado que fuera con él?

Roberto: Sí y no.

Raquel: Ja ja ja, ¿cómo es eso?

Roberto: A ver me da envidia que vayas a cenar con él y no conmigo pero no me molesta que salgas ni con Fran ni con quien sea.

Raquel: A mí me pasaría igual. Te echo de menos.

Roberto: Y yo a ti pero en menos de quince días es aquí.

Raquel: Sííí.

Roberto: ¿Te apetece hacer algo especial?

Raquel: No, sólo me apetece estar contigo.

Roberto: Je je je.

Raquel: Pero, habrá que pensar algo.

Roberto: Pensaremos.

Raquel: Tengo unas ganas enormes de verte. Además ya tu camiseta no huele a ti.

Roberto: Ja ja ja.

Raquel: Te ratearé otra cuando vaya.

Roberto: Ja ja ja. A este paso me dejarás sin camisetas.

Raquel: No seas exagerado. Además la otra te la llevaste. Venga, no te quejes, te devolveré ésta a cambio de otra o te robaré tu colonia.

Roberto: Ja ja ja. ¡Eres única!

Raquel: Ja ja ja. Tontito, me voy a ir a la cama.

Roberto: ¿Cómo que tontito? ¡Pero bueno!

Raquel: Ja ja ja. ¿Nos vamos a la cama?

Roberto: ¿Eso es una proposición deshonesta?

Raquel: No, es que tengo sueño, je je je.

Roberto: Vale, yo también estoy cansado de tanta bici.

Raquel: Buenas noches, ¿me vas a enviar un mensajito?

Roberto: Nada más acostarme. Buenas noches, preciosa.

Raquel: Good Night.

Apagaba la luz y se acostaba con el móvil en la mano cuando le llegó el mensaje de Roberto:

Buenas noches, preciosa, en trece días te las doy en persona. Besos.

Sí, los iré tachando en el calendario. Buenas noches, besitos a doquier.

No le dio tiempo a dejar el móvil en la mesita de noche. Tenía una llamada.

?¿A doquier? ¿Besitos a doquier? ?escuchó decir a Roberto mientras no paraba de reírse al otro lado del teléfono. ?Sólo a ti se te ocurre decir ?a doquier? para mandar besos, ja ja ja. Hala, besitos de esos a doquier, ja ja. Buenas noches.

Elva Marmed

Tres no son multitud

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