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Tenías que ser tú. Capítulo 19.



Fran y Marcos caminaban unos pasos por delante de Roberto y Raquel. El destino, la casualidad, el azar o lo que fuera había hecho que Marcos y Roberto tuviesen aparcados sus coches uno junto al otro. Joder, mira que es grande el parking de Barajas, y tenían que estar los coches uno al lado del otro, pensaba Fran mientras escuchaba las voces de Raquel y Roberto hablando de los planes del fin de semana.

?Buen fin de semana?deseó Fran a Raquel antes de entrar en el coche de Marcos.

Marcos miraba de reojo a su amigo. ¿Quién era esa chica? ¿Se había enamorado de una chica con pareja? No se lo pensé dos veces. Necesitaba saber quién era. Se acercó a Raquel con la mano extendida a modo de saludo.


?Hola, ya que aquí el maleducado de mi amigo no nos ha presentado me presentó solito. Soy Marcos.

?Encantada. Raquel. Él es Roberto.

?Un placer. ¿Trabajas con mi amigo el maleducado? ?bromeó Marcos con intención de averiguar algo de aquella chica.

Fran no le quitaba ojo. Quería matarlo. Él queriéndose alejar de Raquel y Roberto y Marcos entablando conversación con ellos.

?No, no trabajamos juntos. Tenemos amigos en común. Bueno, creo que puedo decir que somos amigos y vecinos.

?Sí, claro que somos amigos. Perdona que no los presentara pero no pensé que coincidiéramos en el  parking también. ?Aclaró Fran incorporándose a la conversación. ?¿Qué tal Roberto?

?Bien, ¿y tú?

?Bien, con ganas de disfrutar de Madrid.

?Imagino.

?¿Marcos, nos vamos? ?inquirió Fran casi con voz de súplica

?Sí, claro. Bueno, un placer haberos conocido. Raquel, igual un día de estos nos vemos por Londres.

?No sabía que tenías pensado venirte a Londres. ?comentó Fran al escuchar a su amigo.

?Bueno, en algún momento te iré a hacer una visita, ¿no puedo?

?Di que sí, Marcos. Nos vemos por allí. Hasta luego. Nos vemos el lunes.

Raquel entró en el coche. Roberto había guardado su maleta mientras ella hablaba con Fran y Marcos. Fran espero que Marcos saliera para hacerlo él. Los coches iban uno detrás del otro, cualquiera que los viera pensaría que iban juntos. Fran veía el rostro de Raquel por el espejo retrovisor. Se la veía feliz, radiante y el motivo lo conocía perfectamente: Roberto. Fran apartó la vista del retrovisor concentrándose en el coche de delante.

?¿Y bien? ¿Me puedes contar qué coño pasa?

?No pasa nada, Marcos.

?A ver, Fran. ¿Crees que soy gilipollas? ¿Te has colgado de una tía con novio?

Fran no respondió. ¿Para qué? No necesitaba decir nada. Marcos conocía la respuesta.

?¿Cómo es posible que te marcharas a Londres para olvidarte del pendón desorejado de tu ex y hayas terminado enamorándote una vez más de la mujer equivocada?

?Joder, Marcos, de verdad. No quiero hablar de esto. La he jodido lo sé pero ¿qué coño quieres que haga? ¿Tú puedes controlar tus sentimientos? Yo no. Cuando la conocí no sabía que tenía novio. De hecho si?

Fran se calló. Si le hubiese dicho algo desde el primer momento que la vi. Si le hubiese preguntado por un libro aquel día que la vi en la librería concentrada en la búsqueda de un libro, se dijo así mismo.

?Si qué.

?Nada. Olvídalo. No quiero hablar más de Raquel.

?Muy bien. Cuéntame, qué tal por Londres.

?Bien, como siempre. Mucho trabajo.

?¿Y esta chica, a qué se dedica?

?¡Marcos!

?Joder, entiéndeme. Nunca me habías hablado de ella. Joder, se supone que soy tu mejor amigo y acabo de enterarme por casualidad que estás completamente colgado de una chica. Y no de cualquier chica sino de una con novio.

?¿Y qué querías que te contara?

?Algo. No algo no. Todo. Cuenta.

?A ti te da igual que te haya dicho que no quiero hablar de ella, ¿verdad?

?Tú lo has dicho. Empieza a largar.

?Joder, mira que te pones pesado. ¿Qué quieres saber?

?Ya te lo he dicho: todo.

De cuando en cuando Roberto dejaba caer su mano sobre la pierna de Raquel. Ella no dejaba de sonreírle. Se sentía tan bien a su lado. Los últimos dieciocho días se le habían hecho eternos. Cada vez se le hacía más cuesta arriba estar separada de él pero ahora estaban juntos y eso era lo importante. La entrada en Madrid como siempre atascada de coches. Estaban en hora punta. Muchos eran los que regresaban a la ciudad tras una larga jornada laboral para disfrutar de un merecido fin de semana primaveral.  Sus miradas se cruzaban y sonreían a lo largo del camino.

?¿Y mi sorpresa?

?Ja ja ja, no seas desesperado.

?Eso quiere decir que no me vas a adelantar nada, ¿me equivoco?

?No, no lo haces.

?Pero, por lo menos, me podrías dar una pequeña pista.

?No, nada de nada.

?¿Por qué tienes esa cara de pilla? Te estás divirtiendo tú mucho, ¡miedo me das!

?¿Ahora te doy miedo? ?Rió Raquel?¡Esto es nuevo!

?Te gusta reírte de mí, ¿eh? Te salvas porque voy conduciendo pero ya me las cobraré todas juntas cuando lleguemos a casa.

?¿Eso es una amenaza?

?No, por dios, jamás. ¿Amenazarte yo a ti?

?Mira que eres tonto.

?Ya sabes que ser no es el verbo correcto sino el estar, je je je, eso de estar todo el día usando la lengua de Shakespeare te está haciendo mucho daño.

El semáforo estaba en rojo. Roberto aprovechó para besar a Raquel. Ninguno de los dos podía ocultar la felicidad que les producía el estar junto al otro. Sus ojos, sus labios, incluso sus cuerpos indicaba el estado de euforia en el que se encontraban. Hasta un ciego podía percibir la energía que desprendían cuando estaban juntos. Verde. El semáforo estaba otra vez en verde. Roberto y Raquel no se habían percatado del cambio. Estaban perdidos en sus besos. Los claxonazos los hizo volver a la realidad.

?Será mejor que me concentre en conducir. Deja de despistarme, preciosa.

?No, si ahora la culpa de todo la tendré yo.

?Siempre.

Aparcaron el coche en el garaje y subieron en el ascensor hasta el tercer piso. Callados. Sonrientes. Mirándose fijamente. Ambos tenían en la mente el mismo pensamiento. Ambos recordaban el día en el que se conocieron. Su relación se la debían a un ascensor. A un ascensor y un encierro en él. A Raquel  le vino a la mente la imagen de otro encuentro. Un encuentro más fogoso que el de ellos. Un encuentro ficticio. El encuentro de Hugo y Raquel. ¿Me hubiese liado yo con Roberto en el ascensor de haber estado más tiempo encerrados?, pensó acalorándose con el simple pensamiento. Roberto la miró divertido. No sabía en qué pensaba Raquel pero fuera lo que fuese la había hecho ruborizarse.

?Señorita?Roberto le cedía el paso para salir del ascensor.

Raquel salió arrastrando su pequeña y colorida trolley. Roberto abrió la puerta de su casa invitándola a pasar. Dejó su bolso en el perchero junto a la puerta. Ya no necesitaba indicaciones para recorrer la casa. Ya llevaba varias visitas. Visitas cortas pero intensas. Le gustaba el piso de Roberto. No era grande pero tampoco pequeño. La luz entraba sin pedir permiso por los amplios ventanales que tenía. Era céntrica y a la vez estaba alejada del bullicio madrileño. Se sentía muy bien en ella. Aquella casa decía mucho de su dueño. No era excesivamente ordenado pero tampoco era desordenado.

Raquel entró en la habitación de Roberto seguida de cerca por él. Dejó su equipaje junto a la puerta. Encontrándose de frente con la sonriente cara de Roberto al girarse para salir de la habitación. Roberto la acorraló junto a la puerta. Se miraron fijamente durante un rato hasta fundirse en un largo y apasionado beso.

?¿Me vas a contar que te ha hecho ruborizarte en el ascensor?

?Roberto, Roberto?dijo sin poder evitar la risa?, es usted un tanto cotilla, ¿no?

?¿No me lo vas a decir? ?preguntó mientras acercaba sus manos a los costados de Raquel?Entonces tendré que usar mi armamento.

?No, por dios, cosquillas, no. Roberto, no?

Raquel no podía parar de reírse. Roberto la tenía acorralada y no paraba de hacerle cosquillas.

?Vale, vale?para, para?por favor.

?¿Me lo vas a contar?

?Pero si es una tontería.

?Muy bien, pues, cuéntamela. Ya sabes que soy el rey de las tonterías. Empieza a contar o estos deditos volverán al ataque.

?A ver. Era algo que tiene que ver con mi novela.

?Y? ¿qué más?

?No, no te voy a contar nada más. Ya lo sabes. Te enterarás a su debido momento.

?Uhm?no sé. No sé yo si esto te salva de mis dedos.

?Porfa?porfa?porfa?prometo ser buena.

?Ja ja ja, vale, pero entonces quiero mi sorpresa.

?Tu sorpresa?repitió Raquel sin poder evitar una sonrisa socarrona.

?¿Y qué es tan gracioso? Venga, dámela ya.

?Muy bien. Iba a esperar hasta la noche y dártela de otra manera pero bueno?

?¿De otra manera? Me tienes muy  intrigado.

Raquel salió de la habitación un momento. Necesitaba coger la llave de la maleta y estaba en su bolso. Roberto no la perdía de vista apoyado en la puerta de su habitación. Raquel le enseñó la lengua al darse cuenta que la observaba. Roberto la detuvo al tenerla junto a él para besarla.

?Te he echado de menos.

?Sólo he ido a por la llave?bromeó.

?No hablo de ahora, tontita, sino de estas últimas semanas.

?Y yo a ti pero ya lo sabías.

Raquel abrió la maleta. Roberto se sentó en la cama. Raquel rebuscó entre su ropa hasta encontrar el pequeño paquete de Intimissimi. Cogió la pequeña bolsa de papel. Roberto estaba extrañado. Le sonaba la tienda pero no estaba seguro de qué. Raquel lo miraba sin pestañear intentando disimular la risa. Roberto sacó un pequeño paquete de la bolsa y de pronto le vino a la mente de qué le sonaba el nombre.

?Uhm? ¿lencería?

Raquel comenzó a reír. Ya no podía aguantar más.

?No, no puede ser. ¿No serías capaz de comprar unas bragas anticlímax? Vaya manera más tonta de tirar el dinero, ¿no pensarás ponértelas, verdad?

?Tú verás.

Las risas de Roberto se sumaron a las de Raquel. Ninguno podía para de reírse. Roberto abrió el paquete para sacar de él unas pequeñas braguitas de fina y blonda suave color maquillaje a juego con una camisilla de blonda en el mismo color.

?Joder.

?Ja ja ja? ¿eso qué quiere decir?

?A partir de ahora mi idea del color caca será diferente. ¿Cómo era ese nombre?

?Maquillaje. Color maquillaje o visón.

Roberto apartó la maleta con una mano mientras con la otra atraía hacia él a Raquel, haciéndola caer sobre la cama.

?Has hecho trampa.

?¿Por qué?

?Porque este regalo no es para mí.

?Eso depende de cómo lo mires.

?Mirarlo lo pienso mirar pero puesto.

?Ja ja ja? ¿mirar?

?Y quitar.

?Sí, pero va a ser que ahora no o se nos hará tarde. Te recuerdo que has quedado con tus amigos.

?Que esperen. Yo he tenido que esperar dieciocho días con sus dieciocho noches por ti así que no van a morir por esperar un rato.

****

?Así que tú eres la famosa Raquel?dijo la hermana de Roberto a la que acababan de encontrarse nada más salir a la calle. ?, soy Sofía, la hermana de este impresentable.

?Encantada?contestó una risueña y nerviosa Raquel, a la que nada más escuchar la palabra hermana le habían entrado los nervios.

?Oye, sin faltar. ¿Por qué soy un impresentable?

Roberto le revolvió los pelos a la hermana mientras le dejaba un par de besos en las mejillas.

?Porque estoy segura que de no haber sido por este encuentro casual  no la conozco. ¿Cómo te trata mi hermanito?

?Bueno, no sé qué decir?bromeó Raquel.

?Eh, ¿cómo que no sabes qué decir? ¡Tendrás queja! ¿Qué haces por aquí, Sofía?

?Vengo a recoger a Mapi, ¿te acuerdas de ella?

?Sí, claro.

?Ahora vive con el novio justo en el edificio de al lado del tuyo. ¿Hasta cuándo te quedas, Raquel?

?Hasta el lunes. El lunes es festivo en Londres.

?¿Tienes planeado llevarla por casa?

Raquel sintió que se le hacía un nudo en el estómago. No entraba en sus planes conocer a la familia de Roberto.

?No, no entra en mis planes.

Roberto guiñó un ojo a Raquel. Sabía que aquella pregunta la había puesto nerviosa. Casi podía decir que había notado como se le había acelerado el pulso.  El móvil de Roberto comenzó a sonar.

?David, vamos de camino? No estamos ahí en diez minutos. Ya lo sé, pesado. Nos vemos ahora. Hermanita, nos vamos.

?Un placer, Raquel. A ver si nos vemos antes de que te vayas. Me alegra haberte conocido.

?Igualmente.

?Vamos. Adiós, hermanita.

Roberto tiró de Raquel acelerando el paso. Sofía los observaba desde el portal de su amiga. Le gustaba aquella chica. No la conocía pero le gustaba. Nunca había visto a su hermano tan contento como desde que estaba con ella. Era una auténtica pena vivir tan lejos el uno del otro. Sí, la verdad es que hacen muy buena pareja,pensaba mientras los veía alejarse calle abajo.

?¡Ya era hora! ?exclamó David al tiempo que se levantaba y le dejaba un par de besos a Raquel. ?¿Qué pasó? ¿Llegaste más tarde de lo previsto?

?Hola, guapa?la saludaba Jose.

?No, para nada. Llegué a la hora prevista.

?Nos hemos encontrado con Sofía, con mi hermana en la puerta de casa.

?¿Y habéis estado hablando con ella una hora? Joder, ya le habrá hecho un resumen de toda tu vida a Raquel. ?comentó David?. Por cierto, hace mucho que no la veo. ¿Sigue saliendo con aquel chico? ¿Cómo se llamaba?

?¿Hablas del gilipollas de Miguel? No, ya no sale con él. A mi hermana se le cayó la venda de los ojos y le dio puerta. ¿Por?

?No, por nada.

?¿Habéis pedido ya?

?No, estábamos esperando por vosotros. Bueno, por Raquel. A ti que te den?contestó Jose?por tardón.

?¡Hay que joderse! ?Rio Roberto?La culpa la tiene Raquel.

Raquel notó que el calor comenzaba a apoderarse de ella mostrándose en unas mejillas cada vez más ruborizadas. ¿De verdad, iba a contarle a sus amigos el motivo de su tardanza?

?Ufff? no sigas, Robertillo, que Raquel se nos está poniendo roja. Mejor no nos cuentes el motivo aunque ya nos estamos imaginando. ?dijo David al tiempo que le hacía un guiño de complicidad a Raquel.

Raquel se sentía realmente bien con los amigos de Roberto. La hacían sentir como si fuera parte del  grupo de toda la vida. Raquel charlaba animadamente con ellos bajo la atenta mirada de Roberto, que no podía dejar de observarla. Le encantaba verla allí hablando con sus amigos de toda la vida, compartiendo con ellos cena, risas, copas y charlas. Viviendo la cotidianidad de un viernes noche que en realidad no era cotidiano.

Raquel notó la mano de Roberto posarse sobre su pierna. Giró la cara encontrándose con su mirada. No se dijeron nada. No hacía falta. Sus miradas se comunicaban por ellos.

?Jose, creo que tú y yo comenzamos a estar de sobra.

?No, chicos, de verdad que no?se apresuró a decir Raquel.

?Será porque lo digas tú, guapetona, porque el colega está deseando quedarse a solas contigo. ?contestó David. ?. A ver que lo entiendo, yo no sé cómo podéis llevar esta situación. Yo no soportaría la lejanía. ¿Habéis pensado cómo lo vais a hacer? ¿Pensáis pasaros la vida entre Londres y Madrid?

David sin quererlo acaba de abrir la caja de Pandora. ¿Cómo afrontarían el futuro? ¿A dónde les conducía aquella relación? ¿Podrían aguantar mucho tiempo de esa manera? Muchas eran las preguntas que no se habían atrevido a hacerse porque ninguno tenía respuesta para darle al otro. Raquel y Roberto sabían que el Carpe Diem era muy bonito pero no iba a durar siempre. Sí, ellos estaban viviendo el momento, su momento, pero ¿cuánto duraría?
No, Raquel, ni te plantees nada ahora. Disfruta del fin de semana sin pensar siquiera qué pasará la próxima semana. Ni te plantees cuando vais a pasar juntos un nuevo fin de semana. No, Raquel, olvídate del futuro. Olvídate de todo y céntrate en disfrutar de la compañía de Roberto.

Raquel no era la única que le daba vueltas al comentario de David. Roberto le daba vueltas al mismo tema. David, David, ¿por qué has tenido que sacar el tema? Joder, mierda?sé que no lo has hecho con mala intención pero has metido el dedo en la llaga.

David no necesita ser un lumbreras para darse cuenta que había metido la pata. Las caras de Roberto y Raquel se lo decían todo.

?Chicos, perdonadme, soy un bocazas. Seguro que el tiempo lo pone todo en su lugar. Raquel me encanta tenerte por aquí. ¿Nos volveremos a ver antes de que te vayas o David te va a acaparar todo el tiempo?

?No pasa nada, David. Y a mí también me encanta estar aquí, con vosotros. Y en cuanto a la pregunta no sé qué tiene planeado tu amigo.

Fran estaba completamente ausente. Sus  amigos lo ponían al día de todo lo acontecido en los últimos meses. Desde Navidades no había regresado a Madrid y sus amigos lo echaban de menos. Marcos lo miraba de reojo. Era el único que se había percatado que Fran no estaba allí. Su cuerpo sí pero su mente no lo estaba.

?¿Podemos hablar un momento?

?Marcos, no. Ahora no, por favor. ?respondió Fran a la petición de su amigo.

?¿Qué pasa? ?preguntaron al unísono Juan y Fernando.

?¿Hay algo que no sepamos? ?Esta vez era Fernando el que preguntaba.

Los ojos de Fran suplicaban silencio pero Marcos hizo caso omiso de las silenciosas súplicas de su amigo. Una porque quería conocer toda la historia y otra porque sabía que aquel silencio no beneficiaba a su amigo.

?Se nos ha enamorado.

?¡No jodas! ¿Te has enamorado de una inglesita? ¿Por qué no nos habías contado nada? ? La voz de Juan denotaba alegría y enfado al mismo tiempo. ?Te lo tenías muy calladito. Llevamos tres horas juntos y has omitido lo más interesante.

?Empieza a largar por esa boquita. ?soltó Fernando.

?¿Ves la que has liado?

?No he liado nada. Reconoce que estás aquí pero estás pensando en Raquel.

?¿Raquel? ¿Es española? Marcos cuéntanos tú.? indicó Fernando.

?Sólo sé que se llama Raquel, que son vecinos?que es española y tiene novio.

?¡Joder! ?corearon Juan y Fernando.

?¿A ti definitivamente te va la marcha, verdad? ?comentó Juan. ?¿Qué estás esperando para empezar a largar por esa boquita?

?No hay nada que contar. Sí, me gusta una chica pero no va a pasar nada entre ella y yo  porque tiene novio. Y sí, se llama Raquel y es española.

?Pero, Fran ¿cómo te nos enamoras de una chica con novio?

?Uno no elige de quien se enamora, Fernando. Yo no sabía que tenía novio. Él vive aquí no en Londres y la primera vez que la vi no estaba con él.

?¿Es guapa? ?interrumpió Juan. No necesito la respuesta de Fran porque Marcos asentía con la cabeza. ?Pero, ¿tú la conoces?

?La vi en el aeropuerto. De hecho, por eso, estoy enterado de la historia. No vayáis a pensar que el colega me lo ha dicho. Sus miraditas a la muchacha lo delataron. Venga yo diría que hasta el novio lo sabe.

?Pero? a ver que me entere yo. Ella vive en Londres y él aquí. ¿He entendido bien? ?Fran asintió con la cabeza a la pregunta de Juan.?¿Y llevan así mucho tiempo? Porque eso no hay quién lo aguante. ?continuó  Juan.

?No, apenas llevarán unos meses.

?Esa relación no tiene futuro. Dudo mucho que nadie soporte durante mucho tiempo la distancia. Demasiadas tentaciones sueltas al alcance de la mano. ?Declaró Fernando quien hablaba con conocimiento de causa. Durante un tiempo había estado saliendo con una chica asturiana a la que había conocido en unas vacaciones. ?. Ya verás que en breve no están juntos. La distancia es insalvable por mucho que uno quiera. Bueno, es eso o lo tienes a él en Londres o a ella la dejas de tener de vecina.

?Veo más probable la segunda opción. Están demasiado compenetrados. Joder, aunque me duela y cueste reconocerlo hacen muy buena pareja.

?Fran eres demasiado bueno, colega.

?Eso no es ser bueno, Marcos, es tener ojos en la cara. Tú los has visto. ¿No me dirás que no hacen buena pareja? ¡Si parecen sacados de una novela!

?Anda, vamos a pedir otra ronda y olvídate de esa Raquel. Este fin de semana está prohibido hablar de mujeres. ?puntualizó Fernando al tiempo que llamaba al camarero.

****

 Aquello debía ser lo más similar al paraíso terrenal. Despertar junto a Raquel. Sentir su cuerpo pegado al suyo. Percibir el olor de su afrutado champú mezclándose con el aroma de su perfume. No podía dejar de contemplarla. Le encantaba verla dormir. Sacó su brazo de debajo de su desnudo cuerpo con cuidado de no despertarla. Quería inmortalizar aquel momento. Buscó su móvil. No recordaba donde lo había dejado la noche anterior. Rebuscó entre su ropa. Allí estaba en el bolsillo del pantalón. Roberto le sacó una foto, otra y una tercera. Raquel comenzaba a dar señales de vida. Abrió un ojo encontrándose con el sonriente rostro de Roberto.

?Buenos días, preciosa.

?Buenos días, ¿qué estás haciendo?

?Nada.

?¿Nada? ¿Me estabas sacando fotos dormida?

?No me he podido resistir. Me encanta verte dormir.

Roberto se acercó a Raquel para besarla.

?Quiero verlas.

Roberto le enseñó las fotos de su rostro dormido. Raquel le devolvió el móvil tras ver las imágenes.

?¿Qué pasa?

?Nada, preciosa, ¿qué va a pasar?

?No lo sé. Estás muy serio.

?Será porque es lunes aunque gracias a ti no es un lunes normal.

?Te voy a echar de menos?dijo colgándose de su cuello. ?. A ti y a tus besos.

?Tendrás quejas te despiertas con ellos cada mañana.

?Sí, pero no es lo mismo.

?Lo sé.

?¿Y también sabes que te voy  a ratear una camiseta?

?Ja ja ja? ¡tendrás morro! ¿Y yo que tengo  a cambio?

?Un conjuntito muy mono de lencería. Ese que te ha hecho cambiar de opinión sobre el color maquillaje.

?Uhm, sí es muy mono pero ¿qué hago  con él? ?comentó al tiempo que la atrapaba bajo su cuerpo.

?¿Esperar a qué vuelva?

?Esperar tu vuelta y eso, ¿cuándo será?

?No lo sé.

?No lo sé es muy largo?afirmó besándola.

?Lo sé pero hasta agosto no tengo vacaciones.

?¿Y qué vamos a hacer? ?volvió a preguntar mientras bajaba por su cuello con sus besos.

?No lo sé, Roberto, ¡ojalá, tuviera una respuesta!

?Eres profe, has de saber la respuesta?bromeó mientras seguía recorriendo su cuerpo con sus labios.

?Pues, no se lo digas a mis alumnos pero no me sé la respuesta.

?No te preocupes. No se los diré. Mis labios están cerrados?bueno, ahora mismo están ocupados en algo más interesante que desvelar tus secretos.

Durante unas horas lograron olvidarse de la inminente marcha de Raquel. Sus cuerpos y sus mentes estaban pendientes de disfrutar el uno con el otro. El tiempo parecía haberse detenido para ellos, sin embargo, las manecillas del reloj continuaban su camino. Restándole horas al días. Restándole horas a su encuentro. Acelerando una nueva despedida. Acercando la distancia. Alejándolos a ellos.

Una cola de control más. Ambos tenían la impresión que se pasaban la vida bajo el arco de seguridad de los aeropuertos. No eran tantos los meses que llevaban juntos pero tenían la impresión de llevar así media vida. No, la vida entera.

Roberto mantenía el tipo. Sonreía por fuera. Sonreía por y para Raquel. Raquel no podía. Estaba concentrada para  no  llorar. No quería derramar ni una sola lágrima. Roberto no merecía una despedida lacrimógena.

Sus dedos se entrelazaron con fuerza. Sólo dos personas. Sólo tenía dos personas por delante. Dos personas y luego ella. Dos personas y una nueva despedida. Dos personas y un nuevo adiós, un nuevo hasta luego. Era su turno. Raquel se hizo a un lado, dejando pasar al señor que iba detrás de ella. Aquel gesto comenzaba a ser habitual.

Sí, si alguien visionara las cámaras de seguridad vería que aquello era algo habitual. Siempre cedía la vez para poder tener un minuto más junto a Roberto.

Roberto la estrechó en sus brazos. Se besaron larga y apasionadamente como si la vida se les fuera en aquel beso, como si aquel fuera a ser su último beso. Sus brazos se fueron soltando. Sus labios se separaron. Sus dedos no. Se negaban a alejarse de la mano del otro.

Raquel vio pasar sus cosas por la cinta de control. Debía pasar por el arco de seguridad. No dijo nada. Pasó sin más. Si se despedía no podría asegurar no llorar. Roberto la vio entrar, recoger sus cosas. Observó detenidamente su rostro serio. Era extraño no ver su eterna sonrisa en él. Nos estamos haciendo daño, Raquel. Me temo que nosotros mismos nos estamos jodiendo la vida. La siguió con la mirada alejándose rumbo a su puerta de embarque. Tenía una extraña sensación. Algo en su interior le decía que todo había cambiado. Algo le gritaba que nada sería igual. Sí, aquella voz le decía que no dejara de contemplarla porque tardaría en volver a hacerlo.

?Hola, Roberto.

?Eh, hola, Fran.

?Imagino que es dura la despedida.

?Sí. Cuídala, Fran?dijo sin saber por qué sorprendiendo al propio Fran. ?. ¡Buen viaje!   

****

Los acordes de It had to be you llegaron hasta ella. No había lugar a dudas Henry estaba en su esquina habitual. Hacía días que no lo veía. Se acercó sonriente a la esquina donde comenzaba a agolparse la gente. Sí, definitivamente, debía ser una especie de flautista de Hamelin. Su música te atrapaba una vez que la escuchabas. A ella misma acababa de cambiarle el humor.

?Gracias, Henry, acabas de alegrarme la tarde del viernes.

?Me alegro, siempre es agradable saber que haces feliz a la gente con tu música.

Raquel siguió su camino. No podía borrar aquella sonrisa de su rostro. Henry le traía a la mente a Roberto. Aquella era sin duda alguna su canción. Le vino a la mente el día que la habían bailado en Hyde Park. Mira que somos tontos, pareceríamos dos críos. Allí bailando y siendo observados por todo el mundo. El beep beep del móvil la hizo volver a la realidad.

Tenemos que hablar

Estoy llegando a casa. ¿Ha pasado algo?

¿Qué habrá pasado? ¿Estará pensando en venirse? ¿Querrá darme una sorpresa? A Raquel se le agolpaban las preguntas. Aceleró el pasó para llegar antes a casa. Las palabras de Roberto la tenían intrigada.

Se bajó de los tacones nada más entrar. Sus pies le rogaban caminar descalzos por un rato. Dejó el bolso, la carpeta y su chaqueta sobre el sofá y rápidamente marcó el número de Roberto.

?Hola, tontito. Sí, ya estoy en casa. Sí, claro, a casa de David y Valerie como cada viernes. Sabes acabo de escuchar a Henry. Sí, nuestra canción. Yo creo que su saxo es mágico te embruja?

?Preciosa, tenemos que hablar.

?Me estás asustando. ¿Ha pasado algo?

?No, no ha pasado nada o sí, depende de cómo se mire. Raquel?

El silencio se hizo entre ellos. Raquel comenzaba a asustarse.

?Raquel, no puedo. Yo  no puedo seguir con esto. Espera?no. Espera. Esto no va a ningún lado. Raquel, esta relación no tiene futuro. Tú estás ahí y yo aquí. Ninguno puede irse de su ciudad, de su trabajo. Raquel creo que es mejor dejarlo estar.

?¿Qué?

?Raquel, es lo mejor. Sabes que me tienes como amigo. Voy a seguir estando aquí pero no puedo seguir con esto.

?¿Amigos? ¿Qué me estás diciendo? Roberto, creía que entre tú  y yo había algo especial.

?Raquel, entra en razón. Piensa, ¿qué futuro tenemos? ¿Quieres seguir con una relación a  distancia? ¿Cuánto tiempo más podremos aguantar de esta manera? Raquel, piénsalo bien. Es lo mejor. Ahora nos duele pero a la larga es lo mejor.

?¿Lo mejor para quién? Habla por ti.

?No, Raquel. Hablo por los dos. No quiero verte sufrir más. No quiero volver a verte marcharte con las lágrimas en los ojos. Cabréate conmigo si quieres. Ódiame pero esto  es lo mejor y lo sabes.

Raquel no decía nada. Las palabras no le salían. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Hacía rato que veía  borroso por el llanto.

?Raquel, me alejaré de ti por un tiempo. Es lo mejor. Raquel?

Raquel había colgado. No quería seguir escuchando. No quería saber nada más. No quería que la escuchara llorar. Estampó  el teléfono contra el sofá mientras el llanto dejaba de agolparse en su garganta. Ya no eran simples y saladas lágrimas resbalándose por sus mejillas. No, un llanto desgarrador se había apoderado de ella. No podía dejar de llorar. Se dejó caer poco a poco en el suelo. Abrazada a sus piernas lloró sin consuelo durante más de una hora.

No podía parar.

El móvil sonaba pero no podía contestar. Ahora no podía hablar. Las  piernas comenzaban a agarrotársele por la posición. Se levantó. Necesitaba un vaso de agua. El teléfono volvía a sonar. Miró quien era. Valerie. Valerie la llamaba. No contestó. No podía.

Valerie, discúlpame. No puedo ir. Tengo migraña. Besitos

Si necesitas algo me avisas. Acuéstate y descansa. Te llamo mañana. Besitos.

No le gustaba mentirle a su amiga pero no era el momento adecuado para sincerarse. Un nuevo beep beep sonó antes de dejar el teléfono.

Lo siento. Espero que puedas perdonarme un día.

Vete a la mierda.

?¿Aún tienes la desfachatez de enviarme un mensaje? ¿Cómo te atreves, Roberto? ¡Acabas de joderme la vida! Y Tú me hablas de perdón.

Raquel volvió a desmoronarse sobre el sofá. No podía parar de llorar. Los ojos le picaban de tanto llorar. Las mejillas comenzaban a escocerle por el llanto. Los ojos le pesaban por el cansancio. Poco a poco el sueño le fue ganando la partida al llanto.

Elva Marmed

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