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Tenías que ser tú. Capítulo 15.



 Fran respiró profunda y pausadamente tres veces. Notaba como sus pulsaciones se aceleraban con la simple idea de imaginar a Raquel al otro lado de la puerta. Cada vez lo tenía más claro. Sí, había sido una mala idea invitar a Raquel. ¿Sería capaz de actuar con normalidad? ¿Tratarla como a una amiga? Fran, relájate, es una amiga. Sólo una amiga que viene a cenar, pensaba mientras sostenía el pomo de la puerta para abrirla. Volvió a respirar. Uno, dos, tres, contó mentalmente y abrió la puerta con la mejor de sus sonrisas. Raquel sonreía, como siempre. No recordaba ni un solo momento en que no hubiese lucido aquella hermosa sonrisa mostrando sus blanquísimos y perfectos dientes.


_Hola_dijeron ambos al unísono.

_¿Usaste brackets de pequeña?_Fran, ¿qué coño pregunta es esa? ¿Cómo se te ocurre preguntarle si usó aparato para los dientes? ¡Mira que eres gilipollas!_Perdona, Raquel, son tonterías mías como tienes una dentadura tan perfecta... no me hagas caso.

_No_contestó sin poder evitar la risa Raquel._. Nunca he llevado aparato.

_Perdona, de verdad. No debía ser tan indiscreto.

_Eh, no pasa nada. Me has preguntado por los dientes no si me he puesto silicona en los pechos._contestó Raquel entre risas._Eh, ¿qué miras? ¡No me he operado!

_Perdona, perdona. No quería mirar... bueno, no es que no quisiera... ¡joder! ¿Cómo demonios nos hemos metido en esta conversación?

_Ja ja ja, ¡por mis dientes!_ dijo Raquel señalando sus dientes._Toma.

_¿Qué es esto? Te dije que no trajeras nada.

_Son unos cupcakes que vi esta tarde y no pude resistirme.

_Ven a la cocina, anda, que he de terminar la cena.

_Huele muy bien, por cierto.

_Bueno, siéntete como en tu casa. Puedes dejar ahí la chaqueta y el bolso.

_Bonito salón.

_Gracias. Es pequeño pero está bien.

_¿Pequeño? Creo que no sabes lo que es pequeño. _Puntualizó Raquel_.Mi casa es pequeña. Casi y, sin exagerar, cabe en tu salón.

_¡No te creo! Eres una exagerada.

_A ver , sí, tiene un par de metros más pero no tengo más de treinta metros cuadrado. La única habitación independiente es el baño, eso sí, a mí me encanta. Es muy chula y para mí suficiente. Entre menos casa menos que limpiar. ¡Qué buena pinta tiene esa tortilla! ¿Necesitas ayuda?

_No, tú siéntate. Eres mi invitada. ¿Quieres una copa de vino, una cerveza?

_Vino estaría bien.

_¿Coges las copas que están fuera en la mesa?

          Raquel salió al jardín. Durante unos minutos se quedó contemplándolo. Era pequeño pero muy bonito. Estaba muy bien cuidado.

_¡Me encantan las margaritas!_Escuchó Fran mientras preparaba las setas._Son mis flores favoritas. ¡Me encanta tu jardín! ¿Lo cuidas tú?_ preguntó entrando en la cocina con las dos copas.

_Gracias, sí lo cuido yo pero no me da trabajo. Es pequeño y me sirve de relax.

_Nunca te hubiese imaginado cultivando margaritas.

_Ja ja ja, ¿y cómo me imaginabas?

_Leyendo tus tratados de músculos, huesos, ¡qué se yo! Sí, ya lo sé. Viendo al Atlético... ja ja ja.

_Ja ja ja ja, también... también.

_Eres un cajón de sorpresas. Además, cocinas y eso también huele de maravilla.

_Raquel, sólo he hecho una tortilla y  unas setas. No tiene ninguna ciencia.

_¡No te quites mérito!_exclamó observándolo verter el vino blanco en las copas. _Gracias, uhm... ¡Che que bó!

_Sí, sí que está bueno. ¿Eres valenciana?

_Sí, ja ja ja.

_Acabo de descubrirlo ahora por la expresión. No tienes acento valenciano.

_Lo sé. Nunca lo he tenido pero sí, me has descubierto.

_Así que del mediterráneo.

_Sí, de ese mediterráneo que muchos madrileños creen que es su playa. Ja ja ja. No te lo tomes a mal.

_Ah, ¿qué Cullera no es Madrid?_ siguió la broma Fran mientras colocaba las setas en una bandeja. _Coge las copas y a la mesa, anda.

_Muy bien, conquistador.

_¿Conquistador?_ preguntó un perplejo Fran.

_Hombre, si considera Cullera parte de Madrid es que has ido a conquistarla, ja ja ja.

        Fran había conseguido relajarse gracias a las bromas de Raquel. Sólo había un problema. Cada vez le gustaba más. Cada vez le gustaba más aquella chica risueña y divertida. Fran, céntrate o perderás tu autocontrol, pensaba al tiempo que se sentaba a la mesa.

        ****

_Tarde. Llegas tarde._ Le recriminó entre risas David.

_Lo sé. Me lié con Raquel y se me hizo tarde. Lo siento.

_¿Te liaste con Raquel?_Ironizó Jose sacándole el doble sentido.

_No entiendas lo que no es. Me entiendes perfectamente.

_Y yo que sé. No entiendo de relaciones a distancias.

_Mejor para ti.

_Parece que no me ha gustado ese tono._ recalcó David._. ¿Ha pasado algo que no sepamos? ¿Os habéis peleado?

_No, no, nada de eso. Es que esto es una mierda. Yo aquí cenando con vosotros y ella con una amigo a más de mil kilómetros.

_Oh, oh, ¿eso son celos?

_No, no son celos, David. No, no me mires así. Confío plenamente en Raquel. Sólo es la distancia. Se hace demasiado cuesta arriba.

_Ya, llámalo como quieras pero, colega, tú estás celoso pero eres del Atlético estás acostumbrado a sufrir. No como yo que soy del Madrid._Bromeó David.

_No empecemos con el fútbol o acabamos mal._Soltó Jose.

_Hala, el otro colchonero. Anda, anda...vamos a pedir._ Rió David.

            David no insistió. Sabía que su amigo estaba jodido. Nunca antes lo había visto así y se conocían desde el colegio. Había conocido a todas sus novias pero no recordaba haberlo visto tan pillado. Al principio había tenido claro que aquella relación no iba a terminar bien. La distancia física entre ellos era un escollo demasiado grande pero Roberto insistía en decir que Raquel  y él sólo eran amigos. Amigos especiales. Sólo eso. Nadie lo creyó. Tanto Jose como él tenían claro que Raquel no era sólo una amiga para Roberto por mucho que él insistiera. ¿Cuánto tiempo llevaban inflando las arcas de las compañías aéreas? Un par de meses. Sí, cierto, sólo hacía un par de meses que se conocían pero la intensidad de aquella relación, la complicidad que veía en ellos, la cara de tonto que se le ponía a su amigo cuando hablaba de Raquel, el brillo de sus ojos y aquellos celos... sí, aquello era cuestión de celos. No eran celos en plan posesivo. No, Roberto no era de esos. No, aquellos eran unos celos normales cuando tú no puedes estar con alguien y te gustaría estarlo.

      David y Jose se cruzaron las miradas. Se entendieron entre ellos. Se lo dijeron todo con un simple gesto. Debían lograr animar a su amigo y hacerlo olvidar que no podía estar con Raquel este fin de semana. Animarlo. Él lo hubiese hecho por ellos.

_¿Hacemos algo mañana? Estaba pensando en hacerme una ruta con la bici, ¿os apetece o es demasiado para un par de colchoneros?

_Oye, tú te estás pasando_rió Jose sabiendo de antemano que David bromeaba._. Estaría bien. No tenía planes para mañana.

_¿Y tú, Roberto? ¿Te apuntas?

_Sí, claro_contestó dándole un sorbo a la cerveza.

_¿El próximo fin de semana es cuando viene Raquel?_ preguntó Jose.

_No, el siguiente, ¿por?

_Porque es mi cumple y quiero  fiesta a lo grande que me caen treinta y cuatro tacos_dijo Jose._. Sólo era para contar con ella.

_No, no cuentes con ella.

_Eh, ¡arriba ese ánimo! Pero, ¿qué demonios te pasa hoy? ¿Es porque ha ido a cenar con otro tío? ¿Acaso no confías en Raquel?_ preguntó Jose._ Malo si no lo haces.

_No, no es eso, de verdad. No sé qué coño me pasa. Estaba bien pero me ha dado un bajón. Sólo es eso. Ni yo mismo lo entiendo. Y sí, confío en Raquel plenamente aunque el amigo con el que está cenando en su casa esté completamente enamorado de ella.

_Lo dicho, Robertito, sufres de celitís por mucho que lo niegues es eso._afirmó contundentemente David.

_Vale, muy bien. Igual es eso. Todo esto es demasiado nuevo para mí. Joder, esto es una auténtica mierda. ¿Creeis que estoy loco por estar con Raquel?

_¿Qué quieres que te diga Roberto? Es de locos pero nadie ha dicho que no debamos comportarnos como locos de vez en cuando. La vida sería aburrida si no cometiésemos estas locuras de vez en cuando.

_De vez en cuando, tú lo has dicho, David. Pero, la mía ya se ha instaurado en mi vida como algo habitual.

****

        Fran le caía bien. Era realmente encantador y sabía estar en su sitio. A pesar de gustarle no había intentado nada con ella y eso era de agradecer. No le apetecía tener que pararle los pies. Sí, no se había equivocado aceptando su invitación. Se lo estaba pasando muy bien. No era el sitio donde deseaba estar. Tampoco era la compañía pero era una muy buen opción. Una cena agradable con un amigo siempre era una estupenda opción.

_Todo delicioso, Fran. Sabes que hacía una eternidad que no comía tortilla de patatas.

_¿Hablas en serio?

_Sí, gandulismo. Bueno, no exactamente. Aprovecho todo mi tiempo para escribir y siempre termino cenando ensaladas, verduras o algo a la plancha.

_Bueno, cuando te apetezca me lo dices y yo te la hago._ contestó con un guiño volviéndole a llenar la copa.

_Terminaré yéndome a cuatro patas.

_¡No exageres! Además, tengo sitio de sobra en casa.

_Gracias, pero he de seguir escribiendo. Quiero aprovechar al máximo este fin de semana.

_Por cierto, ¿no tenías que traerme una cosita?

_Y la he traído pero, la verdad, es que lo había olvidado. Lo tengo en mi bolso.

_Genial, tengo lectura para el fin de semana. Tengo muchas ganas de leerte.

_Espero no decepcionarte.

_Imposible_contestó mirándola a los ojos. _. ¿Café? ¿Té?

_Café. Espera, te ayudo a recoger.

_De eso nada, eres mi invitada. Quédate ahí sentadita o prefieres que sigamos dentro.

_No, se está muy bien aquí.

_Ok.

_Voy a por el pendrive o me olvidaré de dejártelo.

       Raquel entró en la casa. Dejó a Fran en la cocina preparando el café. La excusa era el pendrive pero quería ver su móvil. Necesita comprobar si tenía mensajes de Roberto. Nada. No tenía nada. Buscó el pendrive en el bolso y volvió a guardar el móvil. Salía del salón cuando se lo pensó mejor. Le mandaría un mensaje a Roberto. Desde ayer lo encontraba raro e igual aquella conversación con imagen le había afectado como a ella.

Hola, tontito, ¿qué tal va esa cena? ¿Muchas cervezas? Yo ya estoy con el café. En breve me voy para casa. Besitos.

_¿Te ayudo en algo?_preguntó al entrar en la cocina y ver a Fran fregando los platos de la cena.

_No, ya te he dicho que tú eres la invitada. Anda, siéntate en la terraza que ya salgo.

_Vale, vale. Toma, aquí tienes los libros. Están en pdf.

_Ok, ahora los descargó y te devuelvo tu pendrive.

_No me corre prisa. Tranquilo.

             Un mensaje acababa de llegar al móvil. Los ojos de Raquel brillaron y no pudo ocultar una sonrisa. Mierda, Fran, ya te habías olvidado de Roberto, se dijo así mismo mientras Raquel salía al jardín.
¿Qué es eso de "tontito"? Je je je, ya sabes que no lo soy, je je je.Unas cuantas han caído. Tampoco tardaremos mucho en irnos porque mañana nos vamos de ruta con las bicis. ¿Qué tal tu cena? Me encantan tus besitos. ¿Estarás conectada?

Sí, voy a estar trabajando. Este fin de semana  y el próximo quiero aprovéchalos al máximo. Tengo muchos guardados esperándote. Muack.
_¿Azúcar?
Raquel se sobresaltó. No había visto llegar a Fran con el café y los cupcakes.
_Sí, gracias.
_Buen tío, Roberto.
_¿Qué?
_Digo que Roberto es un buen tío. El mensaje era de él. No lo puedes negar. Los ojos te brillan de manera especial.
_Vaya. Sí, era suyo.
_¿Dos?
_¿Dos qué?
_De azúcar_ Fran sonrió.
_Sí, gracias.
Raquel dejó el móvil sobre la mesa. Cogió una cucharilla y removió su café. La tensión se notaba entre ellos. De pronto ambos se sentían incómodos con la situación.

_Bueno, háblame de ti.

_¿Qué quieres saber de mí?

_Pues, por ejemplo, como terminaste viniéndote a Londres?_preguntó Fran intentando volver al punto en el que se encontraban antes de los mensajes.

_Nada, al terminar la carrera me vine a hacer un curso. Entonces conocí a Valerie, ella estaba trabajando ya en el colegio, casi cuando ya me volvía para España se enteró que necesitaban una profe nueva de español y me quedé. No me lo pensé. Me gustaba la ciudad y pensé que era una buena oportunidad. Creí que me quedaría un curso y mira llevo aquí más de ocho años.

_¿Ocho años ya? Eso son muchos años ya.

_Sí, ¿y tú, cuál es tu historia?_ Quiso saber Raquel_ ¡Qué bueno está esto!

_Sí, sí que está bueno el cupcake._Asintió Fran. _. Así que quieres saber mi historia.

_Sí, es tu turno.

_Una chica.

_¿Te viniste detrás de una chica? ¿Y cómo es que no la conozco?

_No, no me vine detrás de ella. Me vine huyendo de ella.

_¿Te viniste huyendo de una chica? ¿Una acosadora?_ preguntó abriendo sus grandes y expresivos ojos.

_No, en realidad, me he expresado mal. No vine huyendo de una chica sino huyendo de su recuerdo. Mal de amores. Pillé a mi novia poniéndome los cuernos con su jefe.

_Joder.

_Sí, eso hacían. No, no me mires así. A estas alturas me río de la situación ya ha pasado un año y medio de eso.

_¿Cuánto llevas en Londres?

_Casi el mismo tiempo. Iba a venirme a un curso por un par de meses y luego conseguí este trabajo y me quedé. Necesitaba un cambio de aires.

_Es curioso.

_¿El qué?

_Que lleves aquí un año y medio y viviendo tan cerca nunca nos hubiésemos visto.

_Bueno, alguna vez nos hemos cruzado.

_¿Sí?

_Sí, nos hemos cruzado muchas veces antes de conocernos en casa de David.

_Vaya, ¿cómo es que no me he dado cuenta?

_Siempre vas corriendo por la calle.

_Ja ja ja, sí, tienes razón. No sé ir despacio. Bueno, va siendo hora que me retire.

_¿Ya? ¿No te apetece una copa? ¿Otro café?

_No, de verdad. He de escribir y ya con el vino he tenido de sobra.

_Nada, pues, espera que te acompaño.

_No te preocupes. No hace falta, de verdad, Fran.

_No es molestia. Es un placer acompañarte.

_Vale, muy bien.

        No puedo creer que Fran se sintiera atraído por mí antes de habernos conocido. ¡Qué diferente hubiese sido mi vida de haberme fijado en él!, pensaba Raquel mientras se ponía la chaqueta bajo la atenta mirada de Fran, quien creía adivinar los pensamientos de Raquel. Mierda, se ha dado cuenta de mis sentimientos. Sabe que me atraía antes de conocernos. No debí decirle que nos habíamos cruzado. Fran eres un bocazas, se recriminaba mientras no dejaba de sonreír. ¿Y ahora para qué la acompañas hasta su casa? ¿Qué esperas? ¿Un beso? ¿Has visto cómo le brillan los ojos por un simple sms? Olvídate de ella, Fran. Raquel no es para ti.

_¿Vamos?

_Sí, cuando quieras. Yo ya estoy preparada.

      Fran abrió la puerta dejando pasar a Raquel delante de él. Raquel bajó los tres escalones que separaban la puerta de la calle mientras Roberto cerraba la puerta con llave.

_Sabes que es una tontería por tu parte acompañarme, vivo a menos de cinco minutos.

_Ya pero da igual.

_Vale, vale.

_Además, así sigo conociendo más cosas de ti.

_¿Qué más quieres saber?

_¿No echas de menos a tu familia, a tus amigos?

_Sí, claro. Horrores.

_¿Y no piensas en volver?

_Volver. Uff... volver.

_¿Qué pasa?

_Ultimamente me he hecho muchas veces esa pregunta.

_Supongo que por Roberto.

_Sí, supones bien.

_Yo me había hecho a la idea que mi vida estaba en esta ciudad pero ahora no lo sé.

_¿Entonces, pensando en volver?

_No, no lo creo. La situación en España está muy jodida para encontrar trabajo y parece ir para largo. Estaría loca si me fuera sin un trabajo en la mano.

_Ya. No dejas de tener razón.

      Una luz se encendió al fondo del túnel para Fran. Igual no está todo perdido. A no ser que Roberto se venga para Londres, pensaba mientras llegaban a la puerta de Raquel.

_Ya hemos llegado. Gracias por acompañarme.

_Paseo breve.

_Te lo dije.

_Lo sabía. Nada, buenas noches, que te cunda el fin de semana y si te apetece tomarte algo conmigo sabes donde encontrarme.

_Lo tendré en cuenta.

_Ahora mientras tú escribes yo voy a devorar los relatos de una amiga escritora.

_Uff, ya me contarás qué te parecen.

_Vale, con un café este fin de semana.

        Raquel sonrió. Estaba claro que Fran no se rendía con facilidad.

_Ja ja ja, voy a estar en casa cuando los leas pásate y te invito a un café.

_Te tomo la palabra. ¿Si me los leo esta noche?

_Lo dejas para mañana, ja ja ja. Buenas noches, espero que disfrutes de la lectura.

_Seguro. Buenas noches_ se despidió dejándole un par de besos en las mejillas.

****

 

         Claudia sentía las manos de Hugo recorriendo su cuerpo, haciéndola estremecer con cada una de sus caricias y sus besos. El tiempo parecía haberse parado en aquel ascensor. Se les había olvidado por completo donde estaban. Ya les daba igual estar encerrados en un ascensor. Se sentían cautivos. Cautivos de la pasión.  No podían parar de besarse, de saborear los labios del otro, acariciarse. La temperatura en el ascensor había subido unos cuantos grados. Ellos eran los culpables de aquel calor sofocante.
_¿Hay alguien ahí?_se escuchó al otro lado de la puerta._Hola, hay alguien ahí.
      Claudia y Hugo se sentaron de golpe. Ambos estaban sin respiración. No podían hablar.
_¿Hay alguien?
_Sí, sí, estamos aquí._contestó Hugo intentando recuperar la compostura.
_Enseguida les sacamos.
_Será mejor recoger._murmuró una acalorada y despeinada Claudia.
_Sí, será lo mejor.
        Hugo guardó con cuidado todo en las bolsas del supermercado. Se pusieron de pie al notar el motor del ascensor en marcha. Claudia se atusó el pelo y colocó la camiseta. Ambos seguían acalorados. Las puertas del ascensor se abrieron. Claudia y Hugo no pudieron evitar sonreír al ver la cara de incredulidad del técnico al verlos a ellos en el ascensor.
_No me lo puedo creer, ¿otra vez os habéis quedado encerrado vosotros?
_Sí, estoy por pensar que nos tiene ojeriza._bromeó Hugo. _¿Podemos subir a casa en el ascensor o hemos de hacerlo por la escalera?
_No, no. Podéis subir por el ascensor. Luego veré qué le pasa. ¿Llevábais mucho rato encerrados?
_¿Qué hora es?_preguntó Claudia.
_Van a ser las doce.
_¿Las doce?_ soltaron al unísono Hugo y Claudia.
          Hugo y Claudia se miraron. ¿Cómo era posible que llevaran tres horas encerrados en aquel ascensor?
_Tres horas, llevamos tres horas en el ascensor. Dábamos por hecho que pasaríamos la noche en él._Comentó Claudia.
_No hubiese estado tan mal_le susurró Hugo.
_Bueno, chicos, espero que no os volváis a quedar encerrados. Buen fin de semana.
_Buen fin de semana._ respondieron al mismo tiempo.
           Entraron en el ascensor. Hugo pulsó el nueve. Claudia se quedó mirándolo. ¿No piensa quedarse en su casa?, pensaba sin ser capaz de mirarlo a los ojos. No sabía si podría resistirse a avalanzarse sobre él. Dios, ¡besa tan bien!, el sonido de las puertas abriéndose la hicieron volver a la realidad. Hugo salió junto con ella portando las bolsas de Carrefour.
_Bueno, no ha estado mal. Una cena en buena compañía.
_Sí.
_Aunque no hemos terminado de cenar.
_Cierto.
_Bueno, bajo a casa o todo lo que tengo para el congelador terminará en la basura.
_Yo me voy a la ducha.
_Ejem, yo también.
         El rubor se apoderó de las mejillas de Claudia.
_Buenas noches_ acertó a decir.
_Buenas noches_ dijo acercándose y dejándole un cálido beso en los labios.

****

Roberto: Buenas noches, preciosa. ¿Escribiendo?
Raquel: Buenas noches, sí, escribiendo. ¿Qué tal la noche?
Roberto: Bien pero...
Raquel: ¿Pero qué?
Roberto: Nada, echándote de menos. El haber hablado con la cámara me dejó con una extraña sensación.
Raquel: A mí me ha pasado lo mismo.
Roberto: ¿Qué tal tu cena?
Raquel: Bien. Tranquilos los dos. Echando de menos al resto.
Roberto: Bueno, eso tú, ja ja ja.
Raquel: Mira que eres malo.
Roberto: Malo no. Realista, preciosa.
Raquel: ¿Realista, ahora te has hecho de la Real Sociedad?
Roberto: Ja ja ja ja, qué graciosa la niña. Sabes perfectamente a lo que me refiero.
Raquel: Lo sé.
Roberto: ¿Y?
Raquel: ¿Y qué? ¿Qué quieres saber?
             Raquel sonrió. Tenía claro que Roberto estaba celoso. Roberto no dijo nada. No quería parecer un celoso compulsivo.
Raquel: Roberto, ¿confías en mí, verdad? Sabes que no tienes que preocuparte porque vaya a cenar con un amigo aunque ese amigo...
Roberto: Esté loco por ti.
Raquel: Pues eso.
Roberto: Lo sé pero me hubiese gustado poder cenar contigo.
Raquel: Y a mí.
Roberto: ¿También querías cenar contigo?
Raquel: Mira que eres tonto.
Roberto: Te he dicho miles de veces que no lo soy sino lo estoy.
Raquel: Tonto.
Roberto: Por tu culpa.
Raquel:Mira que eres tonto, vuelvo y repito.
Roberto: Y tú repetitiva. ¿Vas a seguir escribiendo?
Raquel: Un ratito más. No tengo sueño así que me quedaré un rato más. ¿Te vas a la cama?
Roberto: No, voy a leer un rato unos cuentos de una escritora a la que conozco.
Raquel: Vaya y ¿la conoces mucho?
Roberto: Uhm, un poco. Podría decirte donde tiene un par de lunares.
Raquel: Ja ja ja ja.
Roberto: Venga, te dejo escribir.
Raquel: Y yo a ti leer.

Elva Marmed
     


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