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Tenías que ser tú. Capítulo 13.



Roberto: Ja ja ja, así que te has vuelto a encontrar con Henry.

Raquel: Sí, está claro que nos movemos por el mismo círculo de la ciudad. Según me ha dicho los fines de semana está en aquel rincón de Hyde Park y entre semana en la esquina donde me lo he encontrado un par de veces.

Roberto: Y dime, ¿ha vuelto a tocar nuestra canción? Porque a estas alturas It had to be you es nuestra canción.

Raquel: Sí pero no es lo  mismo si tú no estás.

Roberto: Claro, no tienes a Fred Astaire.

Raquel: Ja ja ja, exacto.


Raquel no podía evitar tener dibujada una eterna sonrisa mientras hablaba con Roberto. Sí, estaban lejos. Lejos físicamente hablando pero estaba segura que estaban más cerca que muchas parejas convencionales. Ellos hablaban cada noche. Sí, era rara la noche en la que no se conectaban para hablar. Se despertaba cada día con un mensaje de buenos días en el móvil y recibía el de buenas noches antes de cerrar los ojos para dormir. Sí, estaban lejos y cerca al mismo tiempo.

Roberto: Preciosa, llevo toda la semana dándole vueltas a un tema.

Raquel: ¿Ha pasado algo?

Roberto: No, nada. ¿Qué iba a pasar? Es más, ¿qué iba a pasar que tú no tuvieras constancia de ello? Sabes más de mí que mis padres.

Raquel: Ja ja ja, lo sé, lo mismo me pasa a mí. Dime, ¿qué tema es?

Roberto: Llámame ignorante si quieres pero chica soy de ciencias y ciencias puras.

Raquel: No entiendo. ¿A qué viene eso?

Roberto: Fácil, el otro día dijiste que igual éramos un Hiato, ¿me puedes explicar qué coño significa esa metáfora? ¿Es una metáfora, no?

Raquel: Ja ja ja ja, ¡no me acordaba de eso ya! ¿Aun le estás dando vueltas a ese tema? Ja ja ja ja, ¿por qué no me lo habías dicho? Ahora mismo va a hacer una semana de eso. ¡Si ya estamos a jueves! Bueno, tú estás a jueves yo aún estoy en el miércoles. A ver, recuerdas que nos podemos encontrar con distintas uniones de vocales: los diptongos y los hiatos.  Siendo breve un hiato son dos vocales que están juntas dentro de una palabra pero no forman parte de la misma sílaba. Por ejemplo, "huérfano" si divides las palabras en sílabas queda así hu-ér-fa-no.

Roberto: ¡Ah! ¿Y qué tiene que ver con nosotros?

Raquel: Pues, que parecemos estar juntos pero en realidad estamos separados, sólo quería decir que igual nuestro destino no es estar juntos.

Las teclas dejaron de oírse en ambas ciudades. Ambos se quedaron mirando la pantalla del ordenador. Ambos esperaban una respuesta del otro. Ambos sabían que ese era un tema peliagudo.

Raquel: Bueno, creo que tú deberías ir yendo a la cama.

Roberto: Sí, Raquel.

Raquel: Dime

Roberto: No creo en destinos y no creo que nosotros seamos un hiato de esos. No quiero que le des más vueltas a ese tema.

Raquel: Ja ja ja, prometido.

Roberto: No vale tener los dedos cruzados.

Raquel: No, no los tengo.

Roberto: ¿Ta vas a la cama también?

Raquel: No, quiero trabajar un poco en la novela. No la he tocado en toda la semana. No sé quién me roba todo mi tiempo.

Roberto: Eh, señorita, que no sea una obligación hablar conmigo.

Raquel: Sabes que no lo es, señor susceptible. Hala, vete a dormir. Besitos.

Roberto: Besitos.

Raquel vio como se desconectaba Roberto. Desconectó el messenger y abrió el archivo de su novela. Aun sin nombre. Repasó las últimas páginas escritas:

****

_Bueno, si alguna vez necesitas sal, azúcar o... cualquier cosa, vivo en el octavo "C". _dijo Hugo clavándole sus espectáculares ojos negros sobre los de ella.

Claudia sintió que las mejillas le ardían. La intensidad de la mirada de su compañero de encierro la hacía estremecerse. Notaba un calor intenso corriendo por sus venas. Lo que sea. No te voy a decir yo a ti lo que ahora mismo necesito, pensaba mientras ponía la mejor de sus sonrisas.

_Lo mismo te digo, cualquier cosa, estoy justo encima tuya.

_¿Encima mío?_ preguntó con una pícara sonrisa Hugo.

_Bueno... lo que quiero decir_empezó a explicar medio tartamudeando._, es que vivo en el noveno "C", por eso, lo de encima.

Se despidieron y salieron juntos a la calle. Una vez allí cada uno se fue un sentido de la calle. Claudia notaba con sus piernas le temblaban. Aquel hombre era irresistible. Nunca había sentido una sensación como esa. ¿Cómo era posible que hubiese estado dispuesta a liarse con casi un completo desconocido? Sin el casi, Claudia, no lo conoces de nada. Sólo sabes su nombre, donde vive y que huele de maravilla. Sí, pero si te quedas un rato más con él en el ascensor no sé yo lo que hubiese pasado. Uff, pero si tengo calor solo de pensarlo.


Hugo eres imbécil. ¿No se te ocurre nada más que decirle? ¿Musicalidad de su nombre? ¿Juego vocálico? ¿Vocales abiertas y cerradas? Debe pensar que eres un completo gilipollas. Joder, pero es que no sé que me pasa cuando la veo. Casi estoy por pensar que la energía que desprendo al verla es la que provoca que se colapse el ascensor. Nada, esta noche subes a su casa y le pides algo. ¿Qué coño le pido? Algo, da igual. El caso es volverla a ver. Volverla a ver fuera del ascensor. Pero, ¿qué excusa pongo? Además, Hugo, no sabes si tiene novio. Una tía como ella seguro que lo tiene.


Claudia cuando vuelvas a casa deberías pasar por su piso, pedirle algo. Pero, ¿qué le pido? Piensa, Claudia, algo se te ocurrirá. Joder, ¿cómo es posible que no logre quitármelo de la cabeza? ¿Cómo es posible? Eres tonta, Claudia. Tu vecino está como le da la gana y seguro que está pillado. Pillado no, pilladísimo.

Hugo y Claudia no dejaban de pensar el uno en el otro. Sólo se habían visto dos veces. Dos veces de la misma manera. Ambas veces se habían quedado encerrados en el ascensor. Una de dos o el flamante nuevo ascensor de su casi desierto edificio era propenso a estropearse o ellos provocaban algún tipo de cortocircuito con sus miradas. Sí, dos veces en menos de quince días no era normal y mucho menos con ellos dos. Uhm, en realidad, eso no era muy difícil. Pocos eran los vecinos de aquel edificio de quince plantas. ¿Cuántos pisos podían estar ocupados? No más de diez de sesenta viviendas. Sí, la verdad daba un poco de cosilla vivir en aquel edificio tan grande y desierto.

****

_Hola, Raquel.

_Eh, hola, perdona Fran no te había visto. ¿Qué haces aquí?

_Pues, lo que se hace en las librerías. Buscar un libro._bromeó mientras sonreía acentuándose los hoyuelos a ambos lados de las comisuras de los labios.

_Sí, claro, perdona. Vaya pregunta más tonta la mía. Sabes es que como soy asidua de esta librería y nunca te había visto por aquí.

_Lógico, es la primera vez que vengo. ¿Vienes mucho?

_Sí, me queda de paso en el camino del colegio a casa. Al principio entraba a cotillear las novedades y luego hice amistad con Mr Robinson, el librero. Al menos una vez a la semana paso a hablar con él un rato, es encantador.

_¿Has encontrado lo que buscabas?

_Sí_contestó mostrando varios libros.

_Uhm, veo que buscabas manuales de trabajo.

_Sí, me han dicho que están muy bien. Va a ser la primera vez que me atreva a leer manuales en inglés. Espero no liarme.

_Seguro que no. Si necesitas ayuda sabes dónde encontrarme aunque claro igual no los entiendo como utilicen mucho tecnicismo.

_Hola, Raquel. Hoy no te he podido prestar atención._dijo Mr Robinson al ver a Raquel.

_Eso es bueno, Mr Robinson, señal de que la gente lee. ¿Cómo está su mujer?

_Igual. Olvidando su vida._ comentó sin poder ocultar la tristeza de su mirada.

_Es una auténtica pena pero quédese con todos los momentos vividos junto a ella. Además, estoy segura que ella lo recuerda. A su manera pero lo recuerda.

_Eres un auténtico encanto, Raquel. Aquí tiene su cambio_le dijo a Fran mientras se preguntaba si aquel era el chico que hacía brillar los ojos de Raquel. No, no estaba seguro pero podría asegurar que no era él.

_¿Vas para tu casa, Raquel?

_Sí.

_¿Te apetece un café?

_Vale, ¿por qué no? Mr Robinson, me alegra haberle visto. Paso en estos días y hablamos.

_Cuando quieras, Raquel, sabes donde estoy y siempre es un placer tenerte por aquí.

Raquel y Fran salieron juntos de la librería. Raquel saludó a Henry, el cual estaba en la esquina de siempre, sonrió con su guiño musical pero no se paró. Siguió caminando junto a Fran hasta llegar al Starbucks.

_¿Aquí mismo?

_Perfecto.

_¿Qué te apetece? Te invito. ¿Un frappuccino de vainilla?_ preguntó Fran.

_Vale, ¿cómo sabes que me gusta?

_La última vez, ejem... la única vez que estuvimos aquí lo pediste.

_Sí, cierto. No me acordaba. Buena memoria la tuya.

_Sí, bueno, pero no hace tanto de eso. Apenas un par de semanas.

_Ya, supongo que es así. A mí me parece una eternidad.

_Ya, imagino el motivo._comentó sintiendo un pinchazo en el estómago.

Raquel se sentó junto a la cristalera mientras Fran pedía las bebidas. Un zumbido sonó en su bolso. Rebuscó en el bolso hasta dar con el móvil. Sólo podía ser Roberto. Él era el único que le enviaba mensajes de texto.

Esta noche llego tarde a casa. Tengo lío en el trabajo. Te aviso si me conecto. Besitos.
Te echaré de menos. Aprovecharé para seguir con Hugo y Claudia. Besitos.
¿Hugo y Claudia? No lo conozco.
Je je je, lo sé, son los personajes centrales de mi novela. Bueno, te dejo. Estoy con Fran tomándome un café. Besitos.
¿Con Fran? Vaya, vaya. Intentaré llegar a tiempo para hablar cinco minutos por lo menos. Besos.
Tendré el messenger abierto. Besos.


Fran la observaba contestar los mensajes. No necesitaba preguntar para saber quién era el destinatario. El brillo de sus ojos la delataban. Su sonrisa la delataba. Toda su poso la delataba. Fran, hasta a la idea que sólo es y será una amiga, pensaba mientras dejaba las bebidas en la mesa.

_El frappuccino de la señorita.

_Gracias, Fran.

_Las que tú tienes._dijo con un guiño. _Bueno, mañana nos dejan sin cena estos dos.

_Sí, se van de fin de semana. Se me hace raro no ir a su casa un viernes.

_Se me hace raro a mí y apenas llevo un par de meses yendo.

_Aprovecharé para seguir escribiendo que últimamente no he tenido mucho tiempo.

_Vaya, pensaba invitarte a cenar.

_¿Tú y yo?

_Sí, tú y yo pero si tienes trabajo nada. Era por no dejar de tener cena española. Vosotros sois los únicos españoles con los que me relaciono y, de verdad, necesito estas conversaciones en nuestra lengua como si de una droga se tratara.

_Ja ja ja, te entiendo. Mi necesidad es menor porque doy clases de español pero así y todo también me encantan porque como comprenderás no puedo mantener conversaciones increíbles con mis alumnos, aunque..._dio un sorbo a su frappuccino de vainilla._no me puedo quejar. Tienen muy buen nivel.

_Normal, teniéndote a ti como profe. Además trabajas con Valerie.

_Sí, pero con ella hablo en inglés por los pasillos. Alguna vez nos decimos algo en español pero rara vez.

_Entonces, ¿te tienta la cena?Hago una tortilla de patatas riquísima.

_Ah, hablas de cenar en tu casa.

_Sí, bueno, si prefieres salir también estaría bien.

_No, no. Me apetece esa tortilla. Hace tiempo que no como. Parece mentira pero es verdad.

_Hecho, entonces mañana cenamos en mi casa.

_Vale, yo llevo el postre.

Tú sí que serías el mejor de los postres, pensó Fran. Fran, borra eso de tu mente. Es una amiga. Sólo una amiga. Ella y Roberto están liados. No te metas por medio. No hagas lo que a ti te hicieron.

_No, no. No lleves nada. La cena es cosa mía. Tú aprovecha el tiempo en darle a la tecla, terminar esa novela y hacerte famosa. Mola la idea de ver los libros de una amiga en la librería. Ya estoy viendo tu foto en los escaparates.

_Ja ja ja, soñar es gratis.

_Sí, de las pocas cosas que lo son pero aparte me han hablado muy bien de tus relatos.

_Veo que el sábado se habló de mí a mis espaldas.

_Ja ja ja, ¿por qué lo dices?

_Roberto, también me salió con esas así que imagino que David es el culpable de todo.

_David y Richard. Los dos alabaron tu obra.

_Vaya, al final me ruborizaré y todo.

_¿Cómo puedo conseguir tus relatos? Me gustaría leerte.

_Te llevaré una copia mañana. ¿Nos vamos?_dijo Raquel al tiempo que se levantaba.

_Vamos.

Fran le caía bien. No sabía si había hecho bien aceptando su invitación. No por nada sino porque sabía lo que sentía por ella. No quería que viese puertas abiertas donde no las había. No, es una tontería pensar así. Fran sabe que estoy con Roberto. Él mismo nos ha visto juntos, pensaba mientras caminaban de vuelta a casa.

_Bueno, gracias por acompañarme y por el frappuccino.

_De nada. Nos vemos mañana entonces. ¿Sabes dónde vivo, verdad?

_Sí, nada más girar en la esquina. La segunda casa. La de la puerta roja.

_No te fíes del color de la puerta. Hay tres del mismo color.

_Bueno, pero sé que es la segunda nada más girar.

_Exacto.

_¿Nos vemos a las siete?

_Vale, perfecto. Allí estaré. ¿Qué quieres que lleve?

_Ya te he dicho que nada. Bueno, no, has de llevarme tus relatos.

_¿Vino?

_No hace falta que lleves nada.

_No voy a ir con las manos vacías. Déjame llevar algo.

_Los relatos.

_Vale, está bien. Ya llevaré algo que se me ocurra.

_Sabes que te lo traerás de vuelta, ¿no?_ contestó Fran mientras le dejaba un par de besos en las mejillas._Hasta mañana.

_Hasta mañana.

Fran has hecho una tontería. ¿Para que invitas a cenar a la chica que te gusta y con la que no vas a poder tener nada de nada? Eres imbécil. Entre más tiempo pasas con ella más te gusta y más claro tienes lo coladita que está por Roberto. Eres masoquista. Nunca aprendes de tus errores. Te enamoras siempre de la persona menos adecuada. Te viniste para cerrar una página. Sí, porque por mucho que digas que viniste para mejorar el idioma eso no es cierto, al menos no del todo. Te viniste para cerrar una herida y vas camino de joder la cicatrización, pensaba Fran mientras seguía rumbo a su casa.

****

Estaba cansada. La sesión de spinning la había dejado derrotada. No podía ni con su alma. Entró en el ascensor arrastrándose. Dejó caer la bolsa de deporte en el suelo. ¿Quién la mandaría hacerle caso a Daniela y apuntarse en aquella tortura? ¿Qué necesidad tenía ella de machacarse de esa manera en el gimnasio? Pulsó el noveno y se apoyó en el espejo. No quería ver su cara cansada. La puerta del ascensor se cerraba cuando un pie la detuvo obligándola a abrirse. Claudia sintió una bocanada de calor recorriéndole desde la punta de los pies. Uff, ¿cómo es posible que su mera presencia me haga sentir así? Mierda, llevo una pinta horrible. ¡Menos mal que me he duchado en el gimnasio!, pensó mientras se despegaba del espejo y se ponía recta.

_Buenas noches, Claudia_escuchó decirle mientras dejaba las bolsas del supermercado en el suelo y pulsaba el octavo.

_Buenas noches.

_Debemos estar predestinados a encontrarnos en el ascensor.

_Sí, debe ser.

_¿Qué de descargar adrenalina en el gimnasio?

_Sí. Masoquista que debo ser por hacerle caso a una amiga y terminar los viernes en el gimnasio.

_Yo prefiero correr.

_Yo prefiero quedarme plácidamente en el sofá.

_Sí, esa es la mejor opción. Sobre todo si se tiene buena compañía en el sofá_comentó clavándole la mirada.

Queda con ella. No seas tonto, aprovecha que la tienes aquí, pensaba Hugo mientras no dejaba de mirarla. Claudia , Claudia, Claudia, ¿qué tienes que no puedo dejar de mirarte? Sí, la verdad es que el gimnasio no te hace falta, pensaba cuando una sacudida del ascensor lo hizo olvidar sus pensamientos.

_¡No me lo puedo creer!

_No, ¡no me digas que volvemos a estar encerrados!

_Claudia, voy a empezar a creer que no podemos subir juntos en el ascensor. Vamos a ser los culpables de sus continuas roturas.

Pulsaron el timbre de emergencia con la falsa esperanza que alguno de los pocos vecinos lo oyeran.

_¿Habrá alguien aquí hoy? Entre que somos cuatro gatos y que es viernes.

_Será cuestión de esperar a que alguien se dé cuenta que estamos aquí. Verás la cara del técnico cuando nos vea salir.

_Ya, esto ya parece una mala broma.

_El destino quiere unirnos en el ascensor._bromeó Fran.

_La próxima vez que te vea entrar en el ascensor subiré los nueve pisos por la escalera.

_Ja ja ja, pues, si he de quedarme encerrado con alguien prefiero que sea contigo.

_Gracias_contestó Claudia volviendo a sentir una bocanada de calor recorriéndola desde los pies a la cabeza. _¿Conoces al resto de los vecinos?

_Sólo a la pareja que vive en el tercero y los he visto salir con el coche cuando entraba en el portal.

_Yo me he tropezado con el matrimonio del trece que se marchaban de fin de semana y esta mañana he visto al chico del primero con maletas.

_Genial, ¿qué me estás queriendo decir?

_Nada. Sólo que nuestras posibilidades que algún vecino nos oiga son muy remotas.

_Bueno, pasaremos juntos el fin de semana.

_Perdona que no me haga ilusión.Y no me entiendas mal no es por ti es por el lugar.

_Ya. Bueno, por lo menos, acabo de hacer la compra. Tenemos vinito, fruta, patatas fritas, leche...

_Ja ja ja ja, bueno, por lo menos no moriremos de hambre si no pasa nadie hasta el domingo.

Claudia volvió a tocar el timbre de alarma por si alguien la oía.

_Me temo que esto va para largo._dijo dejándose caer sobre su bolsa de deporte.

_Eh, podía haber sido peor.

_¿Sí? ¿Cómo?

_De haber estado sola.

_No, te equivocas.

_Vaya.

_No, no me entiendas mal. Si hubiese estado sola tú me hubieras oído.

_Ah, vale_dijo sentándose en el suelo. Será cuestión de ponernos cómodos.

****

No se había dado cuenta de cómo habían pasado las horas. Tecleaba y tecleaba sin darse cuenta que ya eran cerca de las diez de la noche. Raquel estaba completamente concentrada en la historia cuando una ventanita se iluminó en el margen derecho y acto seguido vio parpadear la pestaña con el nombre de Roberto.

Roberto: Buenas noches, preciosa.

Raquel: Buenas noches.

Roberto: Mira la hora que se me ha hecho. Acabo de llegar.

Raquel: Ni me había dado cuenta de la hora. Estaba absorta escribiendo. ¿Mucho trabajo?

Roberto: Una reunión interminable y luego una cena de trabajo a la que no podía negarme. ¿Qué tal tu tarde?

Raquel: Bien, aquí dándole a la tecla.

Roberto: ¿Y qué tal con Fran?

Raquel: Bien, hemos estado en el Starbucks y me ha invitado mañana a cenar.

Roberto: Vaya, ¿no tienes cena española?

Raquel: No, David y Valerie se van de finde. Bueno, en realidad, sí tengo cena española Fran va a hacer tortilla de patatas.

Roberto: Ah, cenas en su casa pero ¿van Richard y Helen?

Raquel: Sí en su casa y no ellos no van. ¿Por?

A Raquel le hacía gracia. ¿Era posible que Roberto sintiera celos de Fran?

Roberto: No, por nada.

Raquel: ¿Que haces mañana? ¿No tendrás previsto ningún viaje sorpresa?

Roberto: No, me temo que no. Ya me gustaría.

Raquel: Te echo de menos.

Roberto: Y yo a ti. Nos vemos en nada.

Raquel: Lo sé. Además, así este fin de semana aprovecho para escribir.

Roberto: Princesa, estoy muy cansado. ¿Hablamos mañana?

Raquel: ¿Te has enfadado? ¿Te molesta que vaya a cenar con Fran?

Roberto: No, para nada. Bueno, vale, me da envidia pero nada más.

Raquel: Entoces, ¿qué pasa?

Roberto: Un día muy largo. Estoy cansado.

Raquel: Vale, vete a dormir. Ya hablamos mañana. Yo voy a apagar ya este trasto y también me iré a la cama.

Roberto: Uhmmm...

Raquel: Besitos.

Roberto: Besitos.

 Nada más ver desaparecer la pantalla de Roberto volvió al archivo de su novela. Escribiría un rato más. Se quedó mirando la pantalla. Las letras se movían a su alrededor desdibujándose sobre la imagen de Roberto. No pudo evitar sonreír. ¿Será posible que esté celoso?, pensó apagando el ordenador. Mañana sería otro día. Le gustaba aquella idea. Roberto y ella no habían hablado sobre su relación pero si se tenía celos era por algo._ Creo que debemos hablar sobre esta situación. Deberíamos aclarar a donde nos está llevando todo esto. ¿Si no me quisieras no viajarias hasta aquí o no?_balbuceó mientras se lavaba los dientes.

Apagó la luz del baño y se metió en la cama. Se acurrucó a la espera de un mensaje. Sabía que de un momento a otro sonaría su móvil. Ahí estaba. Ahí estaba sus besos de buenas noches.
               Buenas noches, princesa, no escribas mucho y descansa. Besitos.

Elva Marmed

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