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Tenías que ser tú. capítulo 28.



Su paso por Valencia había sido visto y no visto. Apenas unos días había disfrutado de su tierra, sus amigos y su familia. Madrid la esperaba. Madrid la esperaba con los brazos abiertos. El día de los Inocentes había sido la fecha elegida por la editorial para tener una reunión, ese mismo día conocería en persona a su querida agente con la que últimamente charlaba cada día. La promoción de Tenías que ser tú iba sobre ruedas y aún no había salido al mercado. Por curiosidades de la vida estaría en todas las estanterías de las librerías españolas un día después de su boda. El día siete de enero, Hugo y Claudia cobrarían vida propia y contarían a los cuatro vientos su peculiar manera de conocerse, de enamorarse.


Londres en Navidad es increíble pero a Raquel también le encantaba el ambiente navideño de los madrileños. Le encantaba pasear por los puestos de la Plaza Mayor y evocar a Chencho, niño recordado por todos los españoles, por haberlo visto perderse entre los puestos de figuritas de belén. ¿Cómo no acordarse de los gritos de aquel abuelo desesperado que nos llegaron a todos a través del cinemascope? Y la verdad es que no le extrañaba que aquel pequeño imaginario se hubiese perdido la plaza se llenaba hasta la bandera. Sólo veía cuernitos de reno con cascabeles, gorros de Santa Claus y piernas, piernas y más piernas. En realidad pararse a ver los puestos era todo un reto pero un reto a disfrutar, sobre todo si te gusta la Navidad.  Si eres Mr Scrooge mejor no pasarse por allí.

No me importaría vivir aquí. Vivir cerca de esta plaza. Cambiaría Londres por Madrid con los ojos cerrados, pensaba mientras caminaban rumbo al edificio de la editorial. Igual algún día lo hago. Claro que tendría que contar con Fran, en una semana estaremos casados. Seremos marido y mujer, ¡marido y mujer! La verdad es que no sé cómo me he metido en este lío. ¡Si nunca he querido casarme! Bueno, pero es una boda por lo civil. ¿Raquel, estás segura de lo que vas a hacer? ¿Cómo es posible que a una semana de tu boda te estés planteando esto? Sí, sí que quiero. Adoro a Fran. ¡Es increíble! ¡Imposible encontrar otro como él!

?Un euro por tus pensamientos?ofreció Fran que llevaba un rato observándola mientras caminaban.

?¿Qué?

?Te doy un euro por tus pensamientos.

?Ja ja ja, vale. Estaba pensando que no me importaría vivir cerca de aquí. Siempre me ha gustado Madrid  y eso me recordó que en una semana no decidiré por mí sola sino que seremos dos a decidir.

?Sí, tenemos la boda a la vuelta de la esquina. ¿Quién me iba a decir que este año Melchor me traería el mejor regalo posible?

?¿Qué te va a regalar? ?preguntó en tono de broma Raquel.

?No sé, no sé.

?A mí Baltasar me trae ¡la publicación de mi libro!

?Si los reyes este año vienen cargaditos. ¿Cómo se superarán el año que viene? Mira allí está Rosa. ?señaló Fran.

Cruzaron la calle hasta llegar al lado de aquella chilena que rondaba el metro setenta por ir subida sobre unos impresionantes tacones de diez centímetros. Llevaba suelta su larga y sedosa melena azabache que competía en brillo con sus oscuros y risueños ojos, los cuales se achicaban al agrandarse su sonrisa. Fran se acercó a ella con los brazos abiertos hacía meses que no la veía y le debía mucho a aquella gran mujer. Sí, Rosa lo había ayudado a no caer en la depresión tras descubrir a su novia con su jefe en su propia cama. Ella y sus sabias palabras lo ayudaron a no caer en un agujero profundo. Ella lo animó a dar un giro en su vida. Giro que lo llevó hasta Londres. Tanto tenía que agradecerle que de alguna manera le debía el haber conocido a Raquel y estar a las puertas de su boda.

?Rosa, Rosa, Rosita, ¿estás impresionante en ese traje y chaqueta? Me das hasta miedo vestida de profesional.

?Tú sí que estás lindo. Veo que Londres te sienta muy bien, Londres o mi escritora favorita?comentó acercándose a Raquel y dándole un sincero abrazo y un par de besos.

?Un placer Rosa. ¡Me moría por conocerte!

?¡Y yo a ti! Chicos, casi es la hora a la que hemos quedado, ¿subimos?

?Yo no, yo me quedo en el bar tomando un café. Nos vemos luego. Raquel te dejo en las mejores manos. ?dijo dándole un beso a Raquel. ?. No estés nerviosa, ya los tienes a todos en el bolsillo.

?Te aviso cuando estemos fuera. ?dijo tomando aire.

Sí, estaba nerviosa. Sabía que aquella reunión no era nada del otro mundo. Ya todo estaba firmado, la fecha de publicación fijada pero estaba nerviosa. Aquel edificio la ponía nerviosa. Demasiados recuerdos. Rosa y ella entraron en el ascensor. Rosa bromeó sobre el ascensor y que se iban a poner de moda los encierros. Dudó si contarle que justo el ascensor en el que iban le había servido de fuente de inspiración. Rosa se había convertido en algo más que su agente pero también era amiga de Fran.

¿Tampoco tiene nada de malo haberme inspirado en mi propia experiencia? Bueno, tampoco fue exactamente así. Sólo un poco.

?Te veo pensativa, ¿estás nerviosa? Relájate, en la editorial te adoran.

?No, no es eso. Me acordaba del día que me quedé encerrada en este ascensor.

?Eso no me lo habías contado. Claro que no te quedaste encerrada con Hugo, porque si Hugo existe más le valdrá huir del país.

?Ja ja ja. No, Hugo sólo existe para Claudia.

?Una pena, te lo digo yo, una pena.

Raquel abrió los ojos como nunca antes lo había  hecho. Entrar en el  despacho del director y encontrarse con un ejemplar de su libro sobre la mesa y un póster del libro colgado de un caballete era un sueño. Un sueño hecho realidad. No salía de su asombro. Se frotó los ojos y pellizcó los brazos tras quitarse la chaqueta.

?¿Qué te ocurre? ?preguntó riendo Rosa.

?Esto. Esto ocurre?dijo señalando el cartel y el libro.

?¿No te gusta? Pensé que te había gustado la portada. ?comentó el director invitándolas a sentarse.

?¡Me encanta! Es sólo que aún no me hago a la idea.

?Ja ja ja, Raquel empieza a hacerte a la idea porque si esto va como nos imaginamos vas a llegar lejos. Te veo yendo y viniendo de Londres a España. En abril y mayo te recorrerás las distintas ferias del libro.

?Pues, veré cómo lo hago en el trabajo.

?Algo se nos ocurrirá?dijo Rosa.

Poco más de una hora estuvieron reunidos. Raquel estaba flotando en una nube. No terminaba de creerse las perspectivas que Ángel, el director de la editorial, y Rosa tenían. No quería soñar. No quería hacerse ilusiones. No, necesitaba tener los pies en la tierra y paso a paso descubrir que ellos estaban en lo cierto. Metió un par de ejemplares de su novela en el bolso. No las enseñaría aún. Se la regalaría a Fran, a sus padres y amigos el día de reyes. Día que desde ahora cobraría un nuevo significado en su vida. Desde ahora el seis de enero sería su aniversario de boda.

En la puerta del edificio las esperaba Fran. Nada más verlo Raquel se colgó de su cuello y comenzó a contarle todo lo acontecido minutos atrás. Parecía que le hubiesen dado cuerda. Estaba eufórica. Hablaba y gesticulaba sin parar explicándole cada detalle.

?¡Estaré en la feria del libro! ¿Te lo puedes creer?

Fran y Rosa reían con las caras de Raquel. Iba como una locomotora. Parecía un cohete a punto de explotar. Estaba más contenta que un niño en la cabalgata de reyes. Estaba ensimismada, absorta en su relato. Tan abducida estaba en sus palabras que no lo vio llegar.

Roberto se había quedado de piedra. Estaba paralizado de la impresión. Nunca pensó que se la fuera a encontrar. No. No estaba preparado para un encuentro cara a cara. La contempló desde la puerta. Estaba preciosa con aquel abrigo rojo. Ya no estaba tan delgada como en verano. No, había recuperado su figura. Ya no estaba tan huesuda. Sus ojos denotaban alegría. Escuchó su risa y sintió que se estremecía. El corazón le iba a mil, el estómago se le había encogido.

No hacía ni un año que se habían conocido en aquel mismo edificio. No hacía ni un año de aquel encierro, que marcó un antes y un después en la vida de ambos, y ahora cada uno estaba por su lado. Ella con Fran y él  con su recuerdo.

Una ráfaga de viento se levantó de pronto. Las hojas caídas de los árboles comenzaron a revolotear haciendo pequeños torbellinos en tonos anaranjados. Raquel se quitó los pelos de la cara y miró hacia la puerta. Roberto ya no estaba. Apenas quedaba su rezagada sombra entrando rumbo al ascensor. Ahora mismo eran las caras contrapuestas de la misma moneda, ella rezumaba alegría, él era la tristeza personificada.

¿Por qué he tenido que joder lo que teníamos? Roberto baja, salúdala. ¿No se supone que sois amigos? ¡Amigos! ¿A quién quiero engañar?El sonido de las puertas del ascensor lo hicieron volver a la realidad. Ya estaba en la planta de las oficinas de su hermana. Salió de un salto mientras las puertas volvían a cerrarse. ¿Por qué quedaría con mi hermana justo hoy?

Sofía al verlo supo que pasaba algo. La cara de Roberto era un poema. No hacía ni una hora que habían hablado y su estado no era el mismo. Se puso el abrigo, cogió el bolso y salió a su encuentro.

?¿Para qué has subido? Haberme avisado y hubiese bajado. ?comentó mientras le daba un par de besos.

?No, no podía esperarte en la calle.

?¿Está lloviendo? ?preguntó entrando en el ascensor.

?No. Raquel estaba en la puerta.

?¿Qué? ¿Habéis hablado?

?No, no me ha visto.

?Pero, ¿no le has dicho nada?

?No, ¿para qué? Estaba con Fran y otra chica. Rebosaba felicidad a su lado. ¿Qué le iba a decir?

?¿Qué sigues enamorado de ella?

?¿Cómo quieres que le diga eso si se casa en unos días?

?Precisamente por eso. ¿Te has parado a pensar que igual se casa con ese chico porque no está contigo?

?¿A dónde vas con tanta prisa? ?preguntó Roberto al ver a su hermana salir casi corriendo del edificio. ?Sofía, no. No lo hagas. ?casi imploró al darse cuenta de las intenciones de ella.

Ni rastro. Sofía miró a ambos lados pero no había ni rastro de Raquel. No estaba lejos. Estaba a unos pocos metros. Se habían sentado a tomarse unas cañas en el bar de al lado y así celebrar el encuentro con Rosa y las buenas noticias de la editorial.

?Sabéis estoy por pensar que esto es una broma de los Inocentes. Seguro que me están grabando con una cámara oculta y esta noche me veo en algún programa chorra.  ?rió Raquel.

?Ja ja ja, claro y han editado las copias de Tenías que ser tú para echarte la talla.

?¿Echarme la talla? ?Preguntó Raquel.

?Como dicen ustedes para gastarte una broma.

?Espera un momento, ¿tienes copias del libro y no me lo has dicho? ?quiso saber Fran.

?Sí.

?¿Y a qué estás esperando?

?Al día de Reyes. Te lo iba a regalar ese día. ¿Podrás esperar? Así y todo lo tendrás antes que el resto del mundo.

?Vale, esperaré pero lo quiero dedicado.

?Por supuesto.

Una inocentada. Esto debe ser una inocentada. La mayor de ellas. ¿Por qué demonios me he tenido que tropezar con ella? Sofía sabía que su hermano lo estaba pasando mal. Lo abrazó. Allí estaban a escasos metros de la mujer de su vida lamentando haberla dejado mientras ella brindaba por su futura boda.

*  *  *  *  *

Raquel contempló el vestido una vez más. Era sencillo, le quedaba justo por debajo de la rodilla, escote palabra de honor. Ajustado hasta la cintura y de falda vaporosa y tableada. Le había gustado nada más verlo. Era un vestido de boda pero lo podría usar en alguna ocasión especial. Lo dejó colgado del biombo, tal y como lo había dejado su madre antes de irse con su padre al hotel donde se alojaban. El color era blanco perla casi irradiaba un cierto tono grisáceo muy tenue. Era realmente bonito, al igual que los zapatos. No pudo resistirse. Era demasiada tentación. Se quitó las zapatillas y se subió a aquellos maravillosos tacones.

Se tambaleó al escuchar el teléfono. Sonó una, dos, tres veces. No recordaba dónde lo había dejado.

?¡En el sofá! ?corrió a contestar?¿Si? ?dijo sin ver quién la llamaba.

?Hola, preciosa. ¿Cómo estás?

No se lo podía creer. Era la voz de Roberto. Miró la pantalla a modo de confirmación. Sí, era él. No había duda alguna. Su nombre rezaba en la pantalla: Roberto.

?Bien.

?Pareces agitada.

?Es que no recordaba donde había dejado el móvil y he estado corriendo por la casa. Corriendo con tacones. No sé cómo te las arreglas pero siempre me pillas subida a ellos.

? Je je je, no te lo quería decir pero es que tengo una cámara instalada en tu casa. Ja ja ja, ríete pero te he visto salir corriendo y recorriendo tus escasos treinta metros de casa buscando el móvil. ?bromeó?.Bien. Sólo quería llamarte para darte las felicidades. Mañana es el gran día.

?Sí.

?¿Nerviosa?

¿Nerviosa? Nerviosa estoy ahora por tu llamada. Roberto, ¿para qué me has llamado?,pensaba mientras respondía que no estaba nerviosa.

?Raquel, no llamaba sólo por eso. Necesitaba hablar contigo. Necesitaba contarte algo.

?¿Ha pasado algo?

?No, nada. Soy un gilipollas.

?Eso no es verdad. Bueno, igual un poco.

?Un poco no, Raquel. Mucho. ¿Se ha acabado todo, verdad?

?¿De qué hablas?

?De cualquier posibilidad existente entre tú y yo. No sirve de nada que le pida a los reyes que me traigan como regalo que no te cases.

Raquel se había dejado caer sobre el sillón. No podía creer lo que estaba escuchando.

?Raquel, he sido un imbécil. No, un gilipollas. Yo no he dejado nunca de quererte. No sé qué demonios pasó por mi cabeza. La distancia me superó. Verte sufrir en las separaciones me mataba, por eso, quise alejarme pero no he podido olvidarte. Te quiero, Raquel.

Raquel se había quedado blanca, muda. No podía creer que Roberto la hubiese llamado para confesarle seguir estando enamorado.

?Sí, eres un auténtico gilipollas. ¿Cómo se te ocurre llamarme a menos de veinticuatro horas de mi boda para decirme esto? ¿Qué esperas que te diga yo? ¿Sabes lo mal que me lo hiciste pasar? ¿Sabes las noches sin dormir qué pase? No podía tragar bocado. Y ahora que todo me va bien, que me voy a casar con un chico encantador, me llamas para esto. No, Roberto, no.

?Raquel, perdóname. No podía seguir callado. Sí, tenía que habértelo dicho antes pero no me he atrevido hasta hoy.

?Pues, haberte guardado tus palabas.

?Raquel dime que no sientes nada por mí. Dime que no sigue habiendo química entre nosotros.

?Olvídame, Roberto. Lo pasamos bien juntos pero ya está. Tú estás en Madrid y yo en Londres. Nuestros caminos siguen separados, ¿lo has olvidado? Siguen habiendo los mismos kilómetros. ¿Cuánto tardarías en volver a asustarte?

?Raquel.

?Adiós, Roberto, que tengas un buen día de reyes.

*  *  *  *  *

?¿Y esas ojeras? ¿No dormiste bien anoche? ¿Nerviosa por la boda? ?preguntó su madre nada más verla.

?Algo así. ¿Y papá?

?Ha ido a dar un paseo. Dice que pasa de ir con nosotras a la peluquería.

?Me pongo el abrigo y nos vamos.

?Espera que no te he dado tu regalo de reyes.

?Ooh, ¿me han dejado algo? ¡Qué bien! Yo también tengo algo para ti.

Raquel se acercó a su árbol de Navidad bajo el cual la noche anterior había dejado los libros empaquetados para regalo. Su madre y ella se intercambiaron los paquetes.

?¡Qué bonita! ?exclamó Raquel al ver la pluma que su madre acababa de regalarle.

?Para que firmes tus libros.

?Uhm, tenía que haberla tenido antes.

?¿Por qué?

?Abre tu regalo.

?¡Es tu libro! Oooh, ¡Lo que voy a presumir de hija escritora!

Madre e hija se abrazaron. Raquel se sintió reconfortada en los brazos de su madre. Dudaba que hubiese un lugar mejor en el mundo que sus brazos. Estando entre ellos todos sus problemas, sus dudas, sus males se le olvidaban.

?¿Qué te pasa, cariñet?

?Mamá, ¿crees que estoy cometiendo un error casándome?

?¿Por qué me preguntas eso? Nena, si tienes una sola duda lo paramos todo. ¿Qué sucede?

?No lo sé. Igual nos estamos precipitando. Llevamos muy poco tiempo juntos.

?¿Quieres a Fran?

?Sí, ¿cómo no lo voy a querer, mami? Es imposible no hacerlo.

?Sí, eso lo sé. Poco lo he tratado pero lo suficiente para saber que es un encanto. Además le estoy agradecida de haberte hecho olvidar? ?Amparo se calló un momento y se quedó mirando a su hija. ? Raquel, ¿esto es por ese chico?

Raquel la miró a los ojos. Asintió con un ligero movimiento de cabeza mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

?Raquel, no tienes que casarte si no quieres.

?Si quiero, mami.

?Pues, entonces. Límpiate esas lágrimas y vámonos.

Raquel se secó las lágrimas con el  kleenexque su madre acababa de darle. Metió el libro de Fran en el bolso y tras ponerse el abrigo salieron rumbo a la peluquería.

?Espera, mamá, voy a saludar a Fran solo un momento. ?comentó al pasar por su puerta.

?¿A ver a Fran? ¡Nena, eso da mala suerte!

?¡Mamá! ¿De verdad crees en esas tonterías de vieja?

Raquel abrió la cancela del jardín e invitó a su madre a entrar. Pronto aquella también sería su casa. Ya casi vivía más en ella que en su pequeño loft.

?Raquel, cariño, ¿qué haces aquí? ?preguntó la madre de Fran.

?Vengo a traerle a mi futuro maridín su regalo de Reyes.

?¿Sabes que??

?Lo sé, Rita, pero no creo en malos augurios y vosotras tampoco deberíais?comentó señalando a su madre y a su futuro suegra.

Fran salía de la cocina, aun en pijama y cara de sueño, tomándose una taza de café. Sonrió nada más ver a Raquel acercarse a él.

?Uhm, esta visita de buena mañana no me la esperaba yo?comentó abrazándola y haciéndola sentir que no estaba equivocada. Quería a aquel hombre y quería pasar su vida a su lado.

?¿Sabéis que no deberíais veros, verdad?

?¡Mamá! ¡No digas sandeces! ¡Eso son cosas de viejas!

?Tal para cual?clamó Amparo al escuchar las palabras de su futuro yerno.

?Tu regalo. En realidad no tiene gracia porque ya sabes lo que es.

?¡Por fin! ?exclamó besándola y abriendo rápidamente el libro. ? Bonita portada. Ahora mismo me sentaré a leerlo.

?Nos vemos en unas horas. Me voy a la pelu.

?Espera. No te he dado mi regalo.

?Pero si ya me regalaste en Navidad.

?Sí, pero Baltasar ha pasado por aquí.

Fran la agarró de la mano y la llevó hasta la pequeña habitación situada junto al salón.

?¿A dónde me llevas?

?Calla y sígueme. ?dijo abriendo la puerta.

Raquel no se lo podía creer. Fran había convertido aquel pequeño cuarto en un estudio. Estanterías vacías esperaban por sus libros y un gran escritorio de madera presidía el despacho justo delante de la ventana que daba al jardín.

?¿Te gusta?

?¿Qué si me gusta? ¡Me encanta! ¡Gracias!

Raquel volvió a abrazarlo y besarlo. Sí, sin duda alguna, quería casarse con él?

*  *  *  *  *

Sin parafernalias, íntima y emotiva resultó ser la boda. Fran sólo tenía ojos para Raquel. No podía dejar de mirarla. Tenía unos deseos irrefrenables de besarla pero no quería que el maestro de ceremonias se enfadara.  Ambos lucían la mejor de sus sonrisas. No había rastro de ojeras en los ojos de Raquel, la maquilladora había hecho un trabajo inmejorable. Las dudas también habían desaparecido, al menos, no estaban presentes. No, las dudas no habían sido invitadas a aquella boda. Los aplausos de los pocos invitados resonaron al ver a los flamantes nuevos esposos besarse. Una lluvia de pétalos de rosas les esperaba a la salida acompañada de un posterior bombardeo de arroz.

Besos y abrazos a doquier los esperaban nada más salir. Raquel tenía la sensación de haber besado a gente que no conocía. Estaba convencida de haber besado a algún invitado de alguna otra boda.

?Raquel, te deseo toda la felicidad del mundo. Te la mereces?un emocionado Mr Robinson abrazaba a su más fiel cliente.

?Gracias, Mr Robinson por haber venido.

?Robert, llámame Robert.

Raquel sintió un pinchazo en el estómago. ¿Robert? Era la primera vez que hoy el nombre de su librero. ¿Y si aquella era una señal? No, Raquel, es una tontería.

?Robert, acabo de enterarme de su nombre. Se llama?

?Como aquel chico que sacaba la mejor de tus sonrisas?murmuró a su oído?. Raquel, espero que seas muy feliz y que algún día vuelvas a sonreír de la misma manera. ?susurró haciéndola estremecerse. ?. Raquel, tengo que marcharme. Un placer haber compartido contigo  este momento.

Raquel vio alejarse a su buen amigo rumbo a la residencia donde su mujer lo esperaba. ¿Cómo es posible que supiera el nombre de Roberto? No recuerdo habérselo dicho en ninguna de nuestras conversaciones, pensaba mientras notaba la mano de Fran buscando la suya. Una fina lluvia comenzó a caer haciendo correr a los invitados hacia los coches mientras unas notas conocidas le llegaban desde el otro lado de la calle.

?Esa canción. Sabía que el título de tu libro me recordaba algo. Es el nombre de esa canción?comentó Fran borrando su sonrisa de golpe. La imagen de una pareja bailando esa canción le vino a la mente.

 Elva Marmed



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