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Tenías que ser tú. Capítulo Final.



?Goooooooooooooooooooool?se escuchó en medio de la iglesia haciendo que hasta las vidrieras retumbaran por el estruendo del grito. ?¡Viva la madre que te parió Godín!

Todos sin excepción, invitados, el novio, la novia, el sacerdote, los niños de las arras, la madrina y el padrino clavaron su mirada en Jose, quien sentado entre Gonzalo y su novia acababa de ser consciente de su grito. Todos sin excepción, invitados, el novio, la novia, el sacerdote, los niños de las arras, la madrina y un padrino, que no podía disimular su alegría por aquel gol, rieron con aquel efusivo comentario. Raquel no podía parar de reír. La situación era surrealista. Nunca olvidaría aquella boda y no sería por haber sido presentada oficialmente como la novia del sonriente padrino sino por aquel grito celebrando el gol de Diego Godín.

David se quitó los auriculares. Su novia estaba a punto de fulminarlo con la mirada. Raquel intentaba guardar la compostura, lo cual era casi imposible porque Gonzalo no paraba de hacerle comentarios:

?Dos telediarios les doy aquí a los coleguitas. Jose acaba de firmar su sentencia de muerte.

?No seas exagerado.

?¿Exagerado? Eso es porque no conoces a Tere, ésta se lo cruje.

?¡Ya será para menos! ?le susurró Raquel bajo la atenta mirada de Roberto que acababa de girarse y la contemplaba sin pestañear.

Raquel le dedicó una sonrisa y envió un beso al darse cuenta que estaba siendo observada. Roberto les puso cara de enfado fingiendo que le molestaba aquella complicidad entre Raquel y Gonzalo. Gonzalo le hizo burla y pasó un brazo por los desnudos brazos de Raquel, quien no pudo evitar la risa.

?De ésta no echan a todos de la iglesia?le dijo Gonzalo entre risas mientras en el altar Sofía y David se intercambiaban los anillos. ?. Incluido al padrino que se muere por estar contigo y escuchar el final del partido.

?No sé yo si en ese orden?bromeó Raquel.

?Je je je, entiéndelo todos los días el Atleti no tiene la posibilidad de ganar una liga frente al poderoso Barça.

?No has de defenderlo?le murmuró Raquel mientras sentía la mirada de Roberto en ella?.Lo entiendo. No me voy a enfadar por eso.

Los aplausos resonaron en la iglesia celebrando el beso de los ya marido y mujer. Sofía y David recorrieron el pasillo. Sus caras denotaban la felicidad del momento e iban dándole las gracias a los invitados al pasar junto a ellos mientras otros corrían por los laterales para llegar a la puerta antes que ellos y preparar el lanzamiento de arroz y pétalos de rosa. Sofía y David se pararon junto a ellos.

?Así me gusta que mis amigos se lo pasen bien en mi boda?bromeó David mirando a Jose sin poder disimular la risa.

?Macho, sólo a ti se te ocurre casarte hoy?contestó Jose.

Nada más retomar los flamantes recién casados su marcha por el pasillo Gonzalo, Raquel, Jose y Teresa salieron corriendo por el pasillo lateral sumándose al lanzamiento de arroz. Kilos y kilos de arroz volaron por los aires como recibimiento a los recién casados. Todos sin excepción llevaban arroz y pétalos de rosas en el pelo y vestido. Raquel intentaba disimulada e infructuosamente quitarse los granos que le habían entrado por el escote.

?Ya me ocupo luego de ellos?le susurró Roberto en el oído antes de besarla?. Que no se entere mi hermana pero estás más guapa que ella.

?Tú no eres imparcial?rió

?A ver tú, Gonzalito, ¿Qué secretitos te tienes con mi chica? ?Roberto intentaba parecer enfadado mientras le preguntaba a Gonzalo.

?¡Cosas nuestras! ¡No seas cotilla!

?¡A qué llamo a cierta mexicana! ?exclamó Roberto.

?Bueno? bueno, ¿estamos celosillos, Roberto?

?¡Para nada!

?¿Y cuándo veas a tu novia bailar luego conmigo? ?bromeó Gonzalo.

?Tú lo has dicho, es mi novia.

?Chicos, mira que sois tontos.

?Preciosa, Gonzalito lo es, yo sólo lo estoy. Ya lo sabes?aclaró Roberto antes de besarla nuevamente.

?Ni entiendo ni quiero entender?comentó Gonzalo.

?Vas a salir en las fotos con los morros rojos?afirmó Raquel tratando de quitarle el carmín de los labios a Roberto.

?He de ir con los novios al rollo de las fotos?le cuchicheó Roberto al oído?. Estás espectacular con ese vestido?volvió a repetirle?. Nos vemos en el salón.

?Nos vemos en un rato?musitó Raquel soltándose de sus manos.

?Te dejo en buenas manos.

Raquel y Gonzalo dejaron a novios, padrinos y niños de las arras en la puerta de la iglesia, aún les quedaban besos por dar y recibir. La sesión de fotos les esperaba a los seis mientras los invitados disfrutaban de un cóctel de bienvenida en los jardines del hotel, donde se celebraba el banquete nupcial. Llevaban una hora larga de risas, fiestas, copas?  cuando la marcha nupcial sonó anunciando la llegada de los novios y su comitiva. Los aplausos silenciaron la música al ver entrar a unos sonrientes Sofía y David, quienes no podían ocultar la felicidad que los embargaba. Raquel buscó con la mirada a Roberto. No lo vio. Vio entrar a la madrina, al niño, a la niña pero no había rastro de Roberto.

?¿Buscas a alguien, preciosa? ?escuchó a su espalda.

?¿De dónde sales? ¿No te vi entrar? ?preguntó mientras un escalofrío le recorría el cuerpo al sentir los labios de Roberto en su cuello.

?No he venido con ellos sino en mi coche. ¿Me has echado de menos? ?le preguntó mientras le daba la vuelta para besarla.

?Deja que lo piense.

?Tengo unas ganas locas de que acabe esto.

?¿Y eso? Si apenas acabas de llegar.

?Para celebrar a mi manera que somos campeones de liga.

?Ah, ¿y cuál es esa manera?

?Sólo te digo una cosa? ese vestidito tuyo me molesta. Señorita Raquel, ¿se está usted ruborizando?

?Robertoooo, ¿ya sabes que somos campeones? ?escucharon decir a Jose que se acercaba con una copa para Roberto. ?Esto hay que celebrarlo por todo lo alto.

?Justo eso le decía a Raquel?comentó guiñándole un ojo a una sonrojada Raquel.

?No quiero saber cómo ibas a celebrar?bromeó Jose. ?porque la colega está un tanto sonrojada.

?Macho, casi no muero en la iglesia cuando escuché tu grito cantando el gol.

?Ya, me olvidé que estábamos en la iglesia?replicó Jose?.Tere se ha cogido un mosqueo conmigo que ni te cuento.

Raquel notaba la mano de Roberto buscando la suya. Sus miradas se cruzaron. Se sonrieron.

?Jose, perdona, nos vemos ahora en la mesa. He de presentarle a Raquel a unas personas que andan como locas por conocerla, especialmente, una.

Raquel imaginó de quién hablaba. Los nervios se apoderaron de ella. Conocer a los padres de Roberto la ponían nerviosa. Ella, que había dicho de ir despacio, estaba ahí en medio de la boda de su hermana conociendo a toda su familia. Roberto  le apretó con fuerza la mano.

?Tranquila. No estés nerviosa. Te los tienes ganados sin conocerte?le susurró Roberto antes de dejarle un beso junto a la oreja.

Los padres de Roberto charlaban animadamente con un grupo de familiares y amigos cuando Roberto y Raquel llegaron a su lado. Raquel respiró tranquila al ver la sonrisa de oreja a oreja mostrada por Ana, la madre de Roberto, quien los había visto acercarse.

?Raquel, ¡qué ganas tenía de conocerte! ?exclamó nada más verla acercándose para darle un par de besos en las mejillas. ?Muchas gracias por la dedicatoria del  libro.

?De nada. Siempre es un placer saber que te leen y disfrutan contigo.

?¿Disfrutar? ¿Qué te leen? ¡Mi mujer es tu lectora número uno! ?el padre de Roberto interrumpía en la conversación?Antonio, un placer conocerte. Está claro que mi hijo tiene un gusto exquisito.

?Gracias?contestó mientras recibía otro par de besos. ?. Un placer conocerlos a ambos.

Los nervios de Raquel fueron mitigándose según se iba animando la conversación con los padres de Roberto. Roberto estaba encantado con aquella situación y no podía disimularlo.  La espera había valido la pena. Sí, de alguna manera aquellos últimos dos años la había estado esperando. Algo le decía que terminarían juntos. No sabía por qué tenía esa sensación, incluso cuando Raquel decidió casarse con Fran, él no perdió la esperanza. Una fuerza irracional le decía que estaban destinados a estar juntos. No me equivoqué, pensaba mientras se sentaban con su grupo de amigos.

¿Quién me iba a decir a mí que terminaría asistiendo a la boda de la hermana de Roberto? ¿Quién me iba a decir a mí que mi vestido de boda terminaría teñido de azul y reutilizado como vestido de fiesta? ¿Quién me iba a decir a mí hace dos años que mi matrimonio iba a durar tan poco? ¿Tan poco? Raquel, fue menos que eso, no llegaste ni a un mes de convivencia. ¿Quién me iba a decir a mí que Fran se convertiría en el mejor amigo que jamás he tenido y tendré? ¿Quién me iba a decir a mí que aquella visita a la editorial no sólo me traería un contrato con ellos, éxitos literarios y lo mejor un encierro en un ascensor con Roberto?

Raquel está claro que a veces, sólo a veces, la realidad supera a la ficción. Tu historia es meritoria de ser novela, tiene de todo un poco, pero no mi historia es mía. Miento no es mi historia sino nuestra? pensaba viendo a Roberto levantarse y brindar por décimo quinta vez por el Cholo Simeone.

?Hermanita, David, me lo vais a permitir pero quiero hacer un brindis por el hombre que nos ha dado la copa, El Cholo.?dijo alzando su copa.

?Sí, sí pero la próxima semana no nos ganareis la décima?gritó desde su mesa David alzando su copa.

Las risas fueron generalizadas.

?¡Eso está por ver! ?era Jose el que hablaba? Vosotros tendréis a Cristianito pero nosotros tenemos a Dieguito Costa.

De pronto entre los invitados se hicieron dos bandos. Por un lado se escuchaba el himno del  Real Madrid y por otro el de los Atléticos.

?Espero que a tu hermana le guste el fútbol porque hoy le estáis dando el día?Raquel le murmuró al oído a Roberto.

?¿Te he dicho hoy lo guapísima que estás? Ese vestido te queda de fábula.

?Si tú supieras.

?¿Qué he de saber?

?La historia de este vestido.

?¿Qué le pasa al vestido? Es perfecto como  la percha?dijo volviéndola a besar.

?Es el vestido de mi boda, teñido, pero el vestido con el que me casé?confesó.

?¿Hablas en serio?

Raquel asintió con un suave movimiento de cabeza.

?Pues, me gusta. Nunca había visto a una novia de corto.

?Como mi matrimonio?ironizó.

?Je je je, me alegra que así fuera.

?Ya, lo sé.

La música comenzó a sonar. Los novios inauguraron el baile. No abrieron el baile al ritmo del vals sino bailaron al ritmo de La chica de ayer. A Raquel le resultó curioso y pensó que tendría algún valor sentimental para ellos. Pronto los novios comenzaron a ser rodeados por los primeros invitados que se lanzaban a la pista montada en medio del jardín.

?Señorita Raquel me concedería el honor de bailar conmigo antes que con Robertito.

?Eh, Gonzalito, ¿qué pasa? ¿Por qué no le dijiste a tu mexicana que viniera? ?replicó entre risas Roberto.

?Pues mira porque no lo pensé. ¿Vienes?

?Por supuesto.

Raquel y Gonzalo se sumaron al nutrido grupo de invitados que se habían animado a bailar.

?Raquel he de darte las gracias?dijo Gonzalo en medio del baile.

?¿A mí? ¿Por qué?

?Gracias a ti he conocido a Jelly.

?Ja ja ja, me alegra que haya saltado esa chispa entre vosotros. Cuídamela.

?Te lo prometo.

Gonzalo le cedió encantado su puesto a Roberto a quien Raquel no había visto acercarse.

?¿Y bien?

?¿Y bien, qué? ?preguntó Raquel.

?¿Sigues prefiriendo bailar conmigo?

?Bueno?bueno?no sé yo?llegó a decir antes de ser besada por Roberto.

El ritmo de la música cambió. Raquel no estaba segura pero aquella melodía le era familiar. Sí, aquella era su canción. Miró a los ojos de Roberto. Sin duda alguna la había pedido él. Roberto negó con la cabeza mientras acariciaba la espalda de Raquel siguiendo el ritmo de la música. Dirás que no pero has tenido que ser tú, sería demasiada casualidad, pensaba Raquel mientras aspiraba el suave aroma de los jazmines que adornaban la pérgola iluminada por una suave luz que permitía a las estrellas lucirse en todo su esplendor.

Raquel apoyó suavemente su cabeza en el pecho de Roberto dejando que sus pies siguieran el ritmo de la música. Se sentía protagonista de un cuento. Tenía la impresión de  estar flotando en una nube. El dulce aroma de los jazmines mezclados con el amaderado perfume de Roberto la hacían sentirse así. Debo estar soñando.  No, el  despertador no iba a romper aquel mágico instante. Aquel momento era real aunque la magia pareciera estar apoderándose de él.

Raquel no sabía por qué pero la imagen de Mr Robinson le vino a la mente. De pronto creyó recordar una conversación. No, Raquel, eso lo debiste haber soñado. Las hadas madrinas no existen, se dijo así misma con una sonrisa en los labios al imaginar a Mr Robinson ataviado con alas y varita. Ahora yo quiero una historia de amor como la suya. Un amor incondicional que no tenga miedo a los olvidos de la memoria, y se deje ver  por los ojos del corazón. Tengo que contarle que estoy con Roberto aunque tengo la impresión que ya lo sabe?

 Los ojos de Raquel se posaron en la pequeña libélula que revoloteaba junto a Roberto. Parece cosa de hadas, pensó al verla posarse sobre el hombro de Roberto. Roberto no salía de su asombro tenía la impresión de ver cientos de hojas revoloteando fuera de la pérgola acercándose hacia ellos. La pista de baile comenzó a vaciarse. Los invitados corrían hacia el salón porque un tropel de hojas secas se apoderaba lenta y  acompasadamente de la pista. Los músicos habían dejado de tocar, sin embargo, Raquel y Roberto escuchaban aquella canción, Henry parecía estar tocando para ellos aunque no lo veían por ningún lado. Anonadados y sin entender nada se miraron sin dejar de bailar.

Raquel clavó sus ojos en los de Roberto quien la miraba sin pestañear al tiempo que acercaba sus labios a los de ella. Bailaban al ritmo de aquel saxo que sonaba sólo para ellos. No sabían si era real o no pero ellos lo escuchaban y no dejaron de bailar a su ritmo mientras las hojas los rodeaban haciendo círculos concéntricos a su alrededor. Bajando y subiendo como atraídas por su baile.

Todos asistían asombrados a aquel espectáculo desde la cristalera del gran salón donde se había celebrado el banquete. En primera fila Sofía y David no perdían detalle de lo que estaba ocurriendo en la pérgola.

?Nadie olvidará este día. Goles cantados en la iglesia y ahora esto, ¿magia? ?comentó maravillada Sofía.

Raquel y Roberto siguieron bailando ajenos a ser el centro de atención de todas las miradas. Roberto sólo tenía ojos para Raquel y Raquel no podía apartar los suyos de los de Roberto.

?No te lo creerás pero he llegado a pensar que las hojas me persiguen. Llámame loca pero en más de una ocasión las he tenido a mi alrededor sin saber de dónde salían.

?Te creo. A mí me pasa lo mismo?comentó Roberto antes de volverla a besar.

Lentamente las hojas comenzaron a caer al suelo formando un pequeño círculo a su alrededor mientras los últimos acordes de It had to be you sonaban sólo para ellos.

 Epílogo

Raquel no podía quejarse. Todos sus sueños se habían ido cumpliendo. Pronto su reconocimiento traspasó la fronteras españolas, convirtiéndose en una escritora de renombre internacional. Si profesionalmente la vida le sonreía, la vida personal no se quedaba atrás, ella y Roberto se habían afianzado como pareja. Sencilla había sido su boda, sólo  ellos y unos pocos amigos, en la orilla de la playa en la que un día Roberto vio como sus sueños se hacían añicos.

Fran y su nueva mujer acudieron a la boda junto a Gonzalo, Jelly y un pequeño revoltoso que disfrutaba de la arena junto a sus padres. David y Sofía, que esperaban gemelos, y tenían miedo de ponerse de parto en medio de la boda. Jose y Tere, que a pesar de los pesares seguían juntos. David, Valerie, Helen y Richard. Rosa y su marido, que lloraba emocionada escuchando a Henry tocar a su fiel saxofón mientras Mr Robinson hacía de maestro de ceremonias.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado y con el cual espero hayan disfrutado?

Elva Marmed



 Nota de la autora

La magia parecía estar presente en su historia desde el principio de la misma pero, ni más ni menos, que la misma magia que está presente en el comienzo de cualquier historia de dos. Luego de esos dos depende que esa magia siga presente o se desvanezca entre ellos hasta desaparecer. La suerte de Raquel y Roberto es que su magia estará siempre viva. Cada vez que alguien abra las páginas de este libro y comience a leer sus líneas, sus casi cien mil palabras, la magia revivirá entre ellos.  Ellos vivirán su historia una y otra vez mientras alguien se emocione leyendo la historia de estos dos que un día se conocieron gracias a la rotura de un ascensor.

Un ascensor, una playa, un bar, la universidad, el centro de trabajo, un parque?cualquier sitio puede ver el inicio de una historia. No hay lugares bonitos o feos. No hay momentos con magia y momentos sin ella. No, cada lugar es el idóneo, cada historia tiene su propia magia. El comienzo de la historia, de nuestra historia no nos pilla siempre subida a unos preciosos tacones y luciendo un maravilloso Armani. No, porque no podemos salir a la calle en busca de esa historia. Esa historia llegará a nosotros sin más y nos hará sentir envueltos por una legión de hojas secas mecidas por la fresca brisa.

Ahora sólo recuerda: disfruta de los sueños, déjate llevar por la imaginación pero no olvides vivir con los pies en la tierra y vivir tu vida.

Elva Marmed



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