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Tenías que ser tú. Capítulo 30.



A Raquel todo la estaba pillando por sorpresa. No salía de su asombro con las novedades que día tras día ocurrían en su vida. El éxito de la novela estaba siendo increíble. Ni en sus mejores sueños se le hubiese ocurrido pensar que iba a ser así. Desde la editorial reclamaban su presencia en España. Rosa le proponía firmas de libros en distintos puntos de España: Madrid, Barcelona, Valencia? Cada día le llegaba una noticia nueva. Cada día le llegaba una propuesta nueva, como la de tener una columna semanal en un dominical. Cada día llegaba al colegio con una noticia nueva hasta el día que fue consciente que era la hora de atreverse a dar un giro a su vida.


Un par de días faltaban en el calendario para la llegada de abril. Raquel era una mezcla de emociones: la alegría y la melancolía la envolvían a ratos. Alegría por la nueva vida que tenía frente a ella. Melancolía por el gran cambio. En unos días se marcharía de Londres, ciudad que la había acogido con los brazos abiertos desde su llegada. Ciudad que la había visto madurar y crecer profesionalmente hablando. Ciudad que la había visto enamorarse de los pies a la cabeza, confundir amor con cariño, casarse y divorciarse.

Su círculo de amigos se había ampliado. Sólo la conocía desde hacía dos meses. Nada más saber que iba a tener que viajar más a menudo de lo esperado lo comunicó en la dirección del colegio para que buscaran sustituta. La nueva profesora había invadido las aulas con su jovial acento mexicano. Era divertida, un puro torbellino y había conseguido ganarse a los alumnos de Raquel, los cuales habían sido reacios a un cambio de profesora. Jelly se los había metido en el bolsillo o, como ella misma decía, era ella la que se había colado en sus bolsillos porque su pequeño tamaño se lo permitía.

?Dicharachera, chistosa y enamoradiza, ¡muy enamoradiza! ?Jelly decía de sí misma.

Jelly y Raquel congeniaron nada más verse. Nadie creía que no se conocieran de antes, sin embargo, a pesar de llevar casi los mismos años viviendo en la ciudad del Támesis nunca habían coincidido. Raquel y Valerie la habían incorporado de inmediato a sus cenas de los viernes. Dando paso a un nuevo final de fiesta, el tequila y las margaritas invadieron las noches de los viernes en la casa de David y Valerie.

?A enamoradiza no me gana nadie?bromeó Raquel?. Me casé y descasé en un mes.

?Me apetece conocer a ese Fran.

Un par de margaritas llevaban todos cuando llamaron a la puerta.

?Voy yo?dijo Raquel levantándose de la mesa copa en mano.

Casi dos meses hacía que no se veían. La noche de su despedida había sido la última vez que se habían visto. Fran no había vuelto a la cenas de los viernes. Al principio ninguno de los dos participaba en ellas, luego regresó Raquel y ahora él estaba frente a ella.

?Hola, ¿hay una copa para mí? ?sonrió.

?Fran, ¡qué ganas tenía de verte! ?Raquel lo abrazó con cuidado de no derramar su copa?Si no hay, te doy la mía.

?Gracias, preciosa, ¿cómo estás? Si llegó a saber que me esperaba este recibimiento hubiese venido antes.

?Además de contenta. Ejem, dudo si es por verme o por? ¿eso es una margarita?  ?preguntó. ?Je, creo que es por el tequila.

?Je je, una mezcla de las dos cosas y bueno de otra también.

?¿Me lo contarás?

?Claro. Vuelvo a España gracias al éxito de Tenías que ser tú. La editorial tiene plena confianza en mí y me ha dado un adelanto por mi nuevo libro. No quieren que me vaya a la competencia?rió? y además me han ofrecido una columna en un dominical.

?Sabía que triunfarías. Esto se merece una copa.

Raquel y Fran entraron en el salón. El silencio se hizo nada más verlos. Jelly no entendía aquel silencio pero intuyó a qué se debía. Imaginó que era Fran.

?Hola, no nos conocemos. Soy Jelly.

Jelly se acercó con la mejor de sus sonrisas y poniéndose de puntillas sobre sus tacones le plantó un par de besos en las mejillas.

?Fran. Encantado. Debes ser la culpable de las margaritas.

?La misma.

?Fran, ella es Jelly. Es pofe en el cole, de hecho, oficialmente, ya ocupa mi puesto.

?Entonces, ¿es de inmediato tu marcha?

?Más o menos.

Valerie se acercó a darle un par de besos y tras ella se acercaron el resto del  grupo. Jelly le hizo entrega de una margarita brindando con él y Raquel.

?Raquel, ¿éste es Fran? ¿Tu Fran? ?le susurró al oído. Al ver el movimiento de cabeza de Raquel asintiendo dijo: ?, ¡está rebueno!

Raquel no pudo contener la risa ante el comentario de su nueva amiga.

?Lo sé, Jelly. No sólo lo está sino lo es.

Una hora y un par de margaritas más tarde, Raquel se despidió de sus amigos.

?Espera. Te acompaño. Voy para casa? mi casa. ?dijo Fran cogiendo su abrigo.

Caminaron amenizados por los tacones de Raquel. Era lo único que se escuchaba en la calle.

?Te voy a echar de menos pero me alegro que todo te vaya bien.

?Yo también.

?¿También te alegras que te vayan bien las cosas?

?No, no seas tonto? comentó con una sonrisa.

?¿No te alegras de tu propio éxito? ?bromeó empujándola con el brazo.

?¡No! ¡Sí!

?Cariño, aclárate.

?¡Me estás liando! ?bromeó? Claro que me alegro de mi éxito pero me refería a que yo también te voy a echar de menos.

?Ah, vale?pero eso es normal. Es vox populi que soy irresistible. Hemos llegado, señorita.

?Sí?contestó sacando las llaves del bolso y poniéndola en la puerta.

?¿Cuándo te vas?

?El lunes.

?Vaya, sí que era de inmediato. ¿No pensabas despedirte de mí? ¡Oficialmente seguimos casados! Merezco una despedida. ?contestó con una de sus eternas sonrisas.

?Quería pasar por tu casa pero no estaba segura.

?Raquel, ante todo quiero que seamos amigos. Me hubiese enfadado si no lo hubieras hecho. ¿Te vas a Valencia?

?No, a Madrid.

?Con Roberto.

?No. Roberto no entra en mis planes.

?¡Raquel!

?¿Qué?

?No conviertas nuestro divorcio en una gilipollez.

?Sabes, Fran, eres único?dijo abrazándolo.

Era tan fácil perderse entre sus brazos. Aspiró el perfume, con toques de madera, de Fran sintiendo que las saetas del reloj habían hecho el camino a la inversa haciéndola regresar meses atrás. Las margaritas, el perfume, las nuevas noticias? sus propios sentimientos a flor de piel los embriagaron y se perdieron en la boca del otro. La lluvia comenzó a caer inesperadamente calándolos hasta los huesos mientras ellos seguían besándose desenfrenadamente. Ambos chorreaban agua por los cuatro costados pero seguían allí impertéritos. Sin soltarse de Fran, Raquel abrió la puerta. Ambos pasaron sin dejar de besarse. Subieron las escaleras a trompicones. A punto estuvieron de caer un par de veces pero nada los hizo separar sus labios, perderse en los besos del otro.

Raquel se separó de los labios de Fran durante unos segundos, los necesarios para abrir la puerta de su apartamento. Fran metió su cara en la melena de Raquel mientras se aferraba a su cintura. Raquel abrió la puerta. Ambos entraron. Agarrado a su cintura le dio la vuelta para tenerla frente a él.

Allí estaban frente a frente. Se miraron a los ojos sonriéndose. Fran le quitó un mechón de pelo que llevaba pegado en la cara acariciándole la mejilla con sus dedos.

?Raquel.

?No digas nada. No hace falta. Nos hemos dejado llevar, yo soy la que he de pedirte perdón.

?No, aquí no hay culpables ni víctimas pero será mejor que me vaya o no sé lo que pueda pasar.

Un trueno retumbó en la lejanía. La lluvia caía con más fuerza.

?Tú no vas a ninguna parte, guapito. No voy a permitir que pilles una pulmonía y quítate esa ropa, está empapada. Buscaré algo para que te pongas.

?Muy bien pero tú te haces responsable.

?Ja ja ja, vale, me hago responsable. Ahora te traigo algo.

Raquel entró en su habitación. Muy rápido había dicho de dejarle algo de ropa. Miró en sus cajones. La camiseta de Roberto. No, no era una buena idea. Su albornoz. Le quedaría corto pero más valía eso que llevar aquella ropa mojada.

?Toma.

?Ja ja ja, ¿pretendes que me ponga tu batín?

?Sí, ya sé que te vendrá un poco pequeño pero es lo único que te puedo ofrecer.

?Muy bien?contestó quitándose el pullover y desabrochándose los pantalones.

?Voy a cambiarme.

El sonido de los truenos retumbaba cada vez más cerca uno del otro, la lluvia repiqueteaba con fuerza en los cristales mientras los relámpagos iluminaban por completo el pequeño apartamento de Raquel. Raquel y Fran se reían de las pintas de Fran, ataviado en el albornoz rojo con estrellitas de Raquel, mientras tomaban un té de canela para entrar en calor.

?¿Nos volveremos a ver? ?preguntó Fran sirviéndose un poco más de té.

?¿Y por qué no?

?En dos días te vas.

?A Madrid no a la otra punta del mundo. ¿No piensas ir a Madrid?

?Sí, claro.

?¿Y no me visitarás cuando lo hagas?

?¿Y tú vendrás a Londres?

?¿Acaso lo dudas? Forma parte de mi vida. Fran?

?Dime.

?Sabes que te quiero, ¿verdad?

?Sí, y tú sabes que como no arregles lo que tú y yo sabemos me enfadaré.

?Fran, escúchame, ahora mismo no quiero nada con Roberto. Estará todo lo arrepentido que sea pero no le perdono haber sido un cobarde en su momento. Fíjate de no haberse asustado por los kilómetros que nos separaban ahora estaríamos juntos. El tiempo y un cambio de rumbo en mi vida nos hubiera acercado físicamente pero no, él cortó por lo sano. Dándose cuenta tarde de lo que había hecho.

?Raquel, todos tenemos derecho a equivocarnos y enmendar nuestros errores.

?Fran, ¿estás defendiéndolo? ¿No deberías estar enfadado?

?Ja ja ja, ¿crees que con estas pintas puedo cabrearme con alguien y parecerlo? ?bromeó?Raquel, de estar enfadado  con alguien sería conmigo mismo. Sabía que tú estabas enamorada de él y te arrastré, engañándome a mí mismo.

?Fran, eres insoportablemente perfecto y encantador?rió acercándose a él y dejándole un beso en la frente.

?Sí, pero recibo besos en la frente como la fea de Sabina.

?Ja ja ja, ¡mira que eres tonto!

*  *  *  *  *

Imposible quejarse de cómo la estaba tratando la vida. Madrid la había recibido con los brazos abiertos. Rosa le había abierto las puertas de su casa mientras buscaba un pequeño piso que convertir en su nuevo hogar. Madrid la recibía como una joven y prometedora novelista abriéndole las puertas a un nuevo mundo. Nueva carrera, nueva casa, nueva ciudad, nuevas ideas para un nueva historia, nuevo trabajo (dos columnas semanales en dos publicaciones digitales distintas, una columna en un dominical), firmas de libros, visitas a distintas ferias del libro a lo largo de la geografía española, entrevistas? Mucho trabajo. Gratificante trabajo. Nuevos amigos. Grandes esperanzas. Viajes de ida y vuelta a Londres. Conversaciones interminables con Fran, convertido en su mejor amigo.  Risas con los amigos. Margaritas a doquier junto a su nueva gran amiga. Pronto vendría a visitarla. Tras casi dos años de amistad, por fin vendría a España.

Rosa tenía muchísimas ganas de conocerla. Tanto había oído hablar de Jelly y sus margaritas, que casi le parecía conocerla. Dos años, casi dos años en su nueva ciudad. Rápido. Rapídisimo se le había pasado el tiempo. Nuevo libro bajo el brazo. Nuevos temores ante la inminente publicación. Tantas eran las expectativas puestas en ella y esta nueva historia que estaba aterrada.

?Niña, y ahora que ya tienes la nueva novela, es hora de salir a divertirse. ¿No crees que es hora de buscarte a tu propio Hugo?

?¿Hugo?

Rosa y ella comían juntas en un restaurante cercano a la editorial. Acababan de ver el resultado final de la nueva novela: Dame sólo una noche. En dos días estaría en todas las librerías del país. En dos días estaría nuevamente firmando ejemplares. Los pronósticos eran increíbles. Su cuenta de twitter no paraba de recibir tweets y más tweets. Su Facebook ardía. Su página web era un hervidero de continuos mensajes de las miles de ansiosos lectores habidos de la nueva historia.

Raquel se sorprendió con el comentario de Rosa. ¿Por qué había dicho Hugo? ¿Sólo lo hacía por ser el protagonista de Tenías que ser tú o Fran le había comentado algo?

?Sí, ¿qué mujer no quiere un Hugo en su vida? ¡Hasta yo y tengo al mejor marido del mundo!

?Ja ja ja? ya pero Hugo sólo existe en el papel.

?Bueno, eso está por ver?comentó al tiempo que brindaba con Raquel. ?Nunca se sabe cuándo un Hugo puede llegar a nuestras vidas.

?No te entiendo.

?Raquel, Raquelita? tú sólo espera.

?¿El qué?

?¡A Hugo!

?A  ver, Rosa, ¿sabes algo que yo no sepa?

?No? rió la chilena?. Bueno, anoche tuve un sueño.

?¿Un sueño?

?Sí, estabas con un chico. Se te veía muy feliz.

?¡Por los sueños! ?dijo Raquel levantando su copa.

Casi dos años en la misma ciudad. Casi dos años sin verse ni hablarse. El silencio había sido recíproco. Raquel estaba dolida por el comportamiento de Roberto. Su dolor, su rabia había aumentado al ver que hubiese sido posible el acercamiento. Si sólo hubiese esperado unos meses, todo hubiera sido bien distinto,era su pensamiento desde hacía dos años. Roberto no había dejado de pensar en ella ni un solo momento. Imposible olvidarla. La leía, seguía todo lo que estaba escrito por ella. Conocía sus proyectos, sus trabajos pero desconocía que vivía en Madrid. Estaban tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Curioso lo cercan que se sentían cuando más de mil kilómetros lo separaban y lo lejos que se encontraban estando a un par de kilómetros.

¿Cuántas veces se habían cruzado sin saberlo? ¿Cuántas veces las hojas de los árboles los habían rodeado avisándolos de su cercanía? Nada. Sus destinos no se habían cruzado, sin embargo, poco faltaba para su encuentro.

Roberto se había armado de valor. Esperaba no arrepentirse. Había visto anunciada la presentación del nuevo libro de Raquel en el escaparate de una librería. El corazón le había dado un vuelco al ver los carteles con su nombre, con su cara, su sonrisa, sus ojos? Aquí estaré Raquel, aunque sea para pedirte perdón y darte mi enhorabuena, se decía así mismo contemplando el escaparate?

Elva Marmed

¿Conoces Tres no son multitud?



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