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Waterworld, tengo sed

Waterworld se estrenó, hace ya la friolera de 20 años. Y presume de ser una de las películas más caras de aquella época. Hoy día es un presupuesto de lo más normal, pero 175 millones de dólares en los 90, era mucho.
No contentos con los retrasos y problemas durante el rodaje, la película fue recibida de espaldas. Las malas críticas, de prensa y público, hicieron sudar la gota gorda a la productora que veía en el film un fracaso absoluto.
Aun así, tiempo después, el film consiguió salir a flote, nunca mejor dicho, gracias a su recaudación mundial de 264 millones de dólares. Que incluía merchandising y video doméstico.
Además, la película fue nominada a los premios Razzie en varias categorías; peor película, peor director, peor actor principal y peor actor secundario (categoría premiada) el mismo año de su estreno. Motivo que no ayudó para nada en taquilla.
Un mundo, donde los casquetes polares se han derretido y toda la Tierra está cubierta de agua marina. Los hombres sobreviven en plataformas flotantes y su principal ocupación es la búsqueda de agua dulce, el bien más preciado. Entre ellos circula una leyenda según la cual en algún lugar existe tierra firme.


Para bien o para mal -según quién opine sobre ella- el film aguanta el paso del tiempo con la cabeza bien alta.
Para un servidor, el director Kevin Reynolds (Robin Hood, príncipe de los ladrones) se marcaba un tanto con esta película postapocalíptica de aventuras, y lo sigue haciendo. Me parece igual de fascinante y bien ejecutada que hace dos décadas. Ya veremos si producciones actuales recreadas con mayor porcentaje digital sobre fondo verde que sobre fondos artesanales, aguantan tan bien el paso del tiempo.
El toque aventurero se pasea por la película como si estuviera en su propia casa, que lo está. Resaltado por una notable orquestación de James Newton Howard (El fugitivo), transmite la intensidad del mejor cine de aventuras sin olvidar un toque oscuro, más propio del cine apocalíptico.
Cierto es, que el guión de David Twohy (Velocidad Terminal) co-escrito junto a Peter Reader (guionista de Hired To Kill), dejan un libreto sobre la mesa, que no es para tirar cohetes, ni el summum de la originalidad. Sus influencias de Mad Max están latentes y reconocidas por sus creadores, en toda la parte estética y, hasta cierto punto, argumental también.
Como ya habréis leído en la sinopsis, si cambiamos la gasolina por el agua dulce, estamos ante una Mad Max acuática. Pero su simplicidad, hace que éste, funcione terriblemente bien en el contexto que nos propone el film.
Una historia tan manida como interesante y que, entre ambas vertientes tan contradictorias, obtiene un equilibrio perfecto.


A pesar de contarse y rodarse en la década de los 90, el film tiene muchas influencias y, soluciones respecto a la trama, muy ochenteras. En parte, porque el libreto original data de 1986.
De todas maneras, si eso no fuese suficiente para satisfacer a alguien, sus efectos especiales (su mejor carta) lo son, y deberían callar la boca a más de uno. Tan laboriosos y bien ejecutados que los años no han hecho especialmente mella en los mismos.
La historia tantea una ficción, que por aquel entonces se situaba mucho más lejana a la ‘realidad’ climática actual. Dudo que lleguemos al punto trágico que propone el film, y si sucede, nosotros no creo que lo veamos.
Además, no era la primera vez que se fantaseaba con la inundación de zonas terrestres. A pequeña escala, si la comparamos con ésta. John Carpenter usaba el mismo pretexto como introducción para 1997: Rescate en Nueva York.


Pero la película no sólo se llevó malos reconocimientos, también fue nominada a los Bafta en la categoría de mejores efectos especiales visuales y en los Oscars al mejor sonido. Desgraciadamente, no se llevó ningún galardón de los mencionados, pero para mí sigue siendo una película fantástica, en el sentido más estricto de la palabra.
Sus efectos especiales pueden presumir de un trabajo laborioso, y sin esos cromas tan habituales hoy día. Recurre a lo digital en dos o tres contadas ocasiones. La mayor parte está realizado a la antigua usanza, con maquetas, especialistas y buenas dosis de pirotecnia.
El reparto se mantiene en la misma línea que intenta transmitir el film, a pesar, de su envoltorio y presupuesto de superproducción. Buena parte del mismo, apuesto a que se lo llevó la complejidad de rodar en el agua.
Con unos personajes tan macarras y estereotipados, sobre todo el villano en cuestión, interpretado por un histriónico a la par que divertido Dennis Hopper (Speed). La película no hace ascos a presentar personajes secundarios estrambóticos y carismaticamente roñosos.
Mientras que Kevin Costner se presenta con naturalidad en un personaje principal que evoluciona previsiblemente, pero con la firmeza y decisión para resultar creíble.
Una película atemporal que sigue manteniéndose erguida, tan disfrutable como el primer día.


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