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Regresión

Regression (2015) narra la investigación de Bruce Kenner (Ethan Hawke), un imperturbable detective de Minnesota que, a comienzos de los 90, se ve en la tesitura de investigar el terrible crimen que ha sufrido Angela (Emma Watson), y que resultará ser mucho más complejo de lo que inicialmente podía parecer. Y con eso es suficiente: dejo de leer.



La nueva película de Alejandro Amenábar reúne las mejores virtudes y los principales defectos del director chileno, quien firma con Regression (2015) su sexto largometraje, el tercero de ellos rodado íntegramente en inglés. Vayamos, primero, con lo positivo: por una parte, es irreprochable que Regression supone un relato excelentemente construido, donde cada elemento del guion por nimio que sea cuenta con una significación fundamental dentro del conjunto, dirigiendo con sutileza la narración hacia donde el cineasta (autor también del libreto) desea, una clausura inesperada pero que resulta indudablemente coherente.

Asimismo, el discurso de Amenábar es certero, el cineasta demuestra una vez más dominar las claves del género, siendo efectivo en la construcción de una atmósfera turbadora pero sin caer en la banalidad del susto por el susto. Las interpretaciones, el diseño de producción, el tratamiento sonoro y fotográfico, los movimientos de cámara: Amenábar exprime todas las herramientas que tiene a su alcance con el único fin de que su guion sea efectivo, huyendo de despliegues formales arbitrarios y justificando (narrativa y honradamente) el porqué de sus movimientos sobre el tablero.

Hasta ahí todo bien. Pero lo negativo, si bien no es “negativo” como tal, no debe quedarse en el tintero, pues no cabe duda de que Amenábar es un gran contador de historias que maneja el lenguaje del cine como el mejor artesano, pero quizá sea su tan artesanal técnica la que aleje algunos de sus más brillantes guiones de la maestría. Cuando uno ve Regression, la sensación de deja vu no desaparece a lo largo de todo el metraje. Cuidado: no es que el film copie descaradamente, ni que se configure como un refrito de lo mejor del género sin llegar a ser nada. Simplemente, aun siendo una película fantástica, termina por resultar impersonal.

En una frase: se mantendría por más tiempo en nuestra memoria si el director hubiese optado por dejar las tijeras en el cajón y romper el papel con sus propias manos.

Pelayo Sánchez

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