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Un monstruo viene a verme, no soy invisible

En 2007, hace casi una década, que J.A. Bayona presentó en el Festival de Sitges, El orfanato, su primer largometraje. Un debut en la gran pantalla que, sinceramente, me dejó frío. Su segundo intento, Lo imposible, fue proyectada en la edición 2012 del mismo Festival. Y a pesar de su lacrimógeno recurso, me encantó. Motivo suficiente para interesarme su tercer y más reciente largometraje, Un monstruo viene a verme (A Monsters Calls).

Estrenada el 7 de octubre, el mismo día en que arrancaba la presente 49ª edición del Festival de Sitges. La obra fue proyectada dentro de la programación del certamen en una única sesión especial para escolares, a la que prensa no tenía acceso, así que me quedé con las ganas.

Y con lo ocupado que he estado durante los diez días que ha durado el Festival, tuve que resignarme hasta poder verla en una sala convencional.

Todavía me faltan por publicar algunas críticas de las películas que he visto durante el Festival de Sitges. Considerando que la he visto fuera y acabado ya el certamen, hago un paréntesis que dedico al tercer film de Bayona.

Tras la separación de sus padres, Connor, un chico de 12 años, tendrá que ocuparse de llevar las riendas de la casa, pues su madre está enferma de cáncer. Así las cosas, el niño intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de un monstruo, pero sus fantasías tendrán que enfrentarse no sólo con la realidad, sino con su fría y calculadora abuela.

Basada en la novela de Patrick Ness, que se ha hecho cargo del guión, el film apela a la imaginación de un niño a la hora de afrontar problemas de adultos. En este caso una enfermedad terminal.

No es la primera vez ni la última que se utiliza dicho recurso; La historia interminable, El laberinto del Fauno o Donde viven los monstruos, son buenos ejemplos de la mezcla de fantasía infantil con historias de carga dramática.

En Un monstruo viene a verme, Conor despierta al mismísimo Bárbol desde lo más profundo de su mente, un personaje más de la historia que impresiona por su acabado visual y su tamaño.
Que el film cuenta con un diseño y efectos especiales impecables, no cabe duda. Pero carece de alma y sentimiento.

Y lo dice alguien que, por experiencias personales, entiende a la perfección los sentimientos de Conor, el joven protagonista, interpretado muy solventemente por Lewis MacDougall (Pan: Viaje a Nunca Jamás).

El problema de la película, es que no existe un grado de empatía con los personajes principales, no emociona.
En el tramo final, lo consigue por desgaste, no porque exista un fuerte vínculo entre sus personajes y el espectador.
Una conexión entre ambos que se realiza con una conexión por módem de 56k, cuando debería ser una de fibra simétrica, mínimo de 50 mb.

La propuesta y toda la infraestructura que aporta la historia, es infructuosa y vacía. Intenta por todos los medios tocar la conciencia e intensificar las sensaciones emotivas y lacrimógenas en el espectador, mediante la composición orquestada por Fernando Velázquez (Lo imposible). Desgraciadamente, ni con esas. Yo la he visto todo el rato desde la distancia, exactamente la misma que hay desde mi butaca a la pantalla.

Entre el reparto encontramos a Sigourney Weaver en el papel de abuela, aunque no está tan vieja, el papel de hija interpretado por Felicity Jones, encaja visualmente en la diferencia de edad. Weaver sigue ofreciendo buenos papeles en su carrera, aunque para algunos siempre será la piloto Ellen Ripley en Alien, el octavo pasajero.

Weaver mantiene su estilo glamuroso y registro interpretativo, algo estancado en sus últimos trabajos; Avatar, Luces rojas o La cabaña en el bosque. En la película de Bayona, la veterana actriz repite dicho registro, pero resulta convincente.

Felicity Jones (The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro ) que realiza escuetas apariciones a lo largo de la historia, destaca casi únicamente por su lograda caracterización. Y Toby Kebbell (Rocknrolla) tiene dos o tres contadas escenas, es un personaje con el que no da tiempo a entablar relación.

La dramática historia cuenta con una parte muy fantasiosa que puede descolocar al espectador que no haya visto ningún avance, harto difícil con la intensa promoción que le han hecho a la película que va en busca de moralejas sentimentales, insertadas en la historia principal en forma de cuentos, tres, relatados por ‘Bárbol’ y con un tono visual (al oleo) muy distinto al de la película.

En fin, una pequeña decepción que podría haberse arreglado con un mejor perfilado y de los personajes, que al fin y al cabo, es una historia que los necesita mucho más que al impactante monstruo-árbol.

Fuente: este post proviene de Cinefilias Ocultas, donde puedes consultar el contenido original.
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