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Comer por impulso...

Me calmo. No es tan grave.

Puedo lidiar con esto.

No me preocupo, no pasa nada...
Tuviste un mal día. Por alguna razón  la sinergia universal no estaba a tu favor. Fue uno de esos días Murphy que empiezan muy a las corridas, limpiando mermelada (porque las tostadas siempre caen del lado de la mermelada, sépase). Clavado. Que le avisen a Rhonda Byrne que su secreto, a vos, no te funciona. Y reíte de los astros que consideraron que "todos los Piscis" iban a tener un día de realizaciones y logros. 
Comer por impulso...


No me digas nada, vos también tuviste uno de esos días hermosos donde todo lo que podía salir mal, salió mal. Y aunque, intencionalmente, intentaste recordar todo principio zen y motivador, no te sirvió la respiración profunda ni el poder del pensamiento positivo. Tenés mucha necesidad de compensar la confabulación astrológica y de buscar paz en el hogar...o en una mega-barra de chocolate relleno de dulce de leche.  Sí mi alma, vos y yo nos parecemos: comemos por impulso. Que la que nunca lo haya hecho tire la primera piedra.

Comedora compulsiva...

Si alguien sabe de comer por impulso soy yo. De hecho, si fuera una carrera universitaria tendrían que considerar una jerarquía que aún no existe para darme el mérito que merezco. Porque no voy a ser modesta, llevo casi cuarenta años de comedora compulsiva, así que podría decirse que soy una autoridad en el tema. Me encienden indignaciones varias los principios de la biología, la química y la psicología cuando me encuentro con mujeres que "adelgazan cuando están ansiosas" o "se les cierra el estómago con los nervios".  Cuando estoy ansiosa soy más efectiva que una aspiradora turbo. Y puedo ingerir más carbohidratos  de los que mi cuerpo puede digerir cuando tengo nervios.  Si a esta cualidad excepcional para "una boca tan chiquita como rendidora" (aseveración mítica de mi tío Carlos cuando me vio comer bizcochos) le sumamos un metabolismo lento que provoca que engorde con el olor de la comida...comprenderás que estoy en el horno. Se traduce en una vida de vigilancia de todo lo que entra por "la rendidora" y se transforma en calorías. 

De la teoría a la práctica.

Ahora, no creas. La teoría la tengo clarísima.  Las diferencias entre el "hambre fisiológica" y el "hambre emocional" las distingo punto por punto. Pero también tengo esa dudosa virtud que las mujeres cultivamos con esmero: hacernos trampas al solitario. Aprendí a condicionar mi consciente para mirar hacia otro lado cuando me conviene. Y sí, Sigmound, te entiendo... la comida no sustituye al amor,  pero intentá explicárselo a mi inconsciente cuando está desatado. Porque cuando tengo necesidad de comer dulce, que me pare el que pueda. Soy una mujer determinada. Mejor, topate con un tren en marcha.  Seguro salís mejor parado.  

Y ahora, hacé un ejercicio de visualización conmigo. No te preocupes, no es difícil. Si estás leyendo el post y llegaste a este punto, seguro es una situación familiar para vos... Ponele que tenés ansiedad de "algo rico" y te comprás una torta de esas que tienen el efecto de una bomba biológica. Ahí estás, frente a la torta y te servís una primera y medida porción. Deberías estar satisfecha... pero no. Ese enano perverso que se apodera de tu cerebro en ciertos momentos, anula los gritos del super-yo y te dice que podés comer un poquito más. ¿Total, qué le hace una mancha más al tigre? La saciedad es un mito. Obviamente, después de la cuarta porción te sentís fatal. "Culpable" es la palabra que corresponde. 

 La culpa y yo tenemos una larga relación gastronómica. 

Y con la culpa llegan los lamentos y las buenas intenciones para un futuro que siempre tiene forma de lunes...Este es el momento en el que me gustaría creer en las pociones mágicas. En la meditación , el yoga o las frases inspiradoras pegadas con imanes a la heladera.  Me disculpa señor Gurú, pero a esta mujer el pensamiento positivo se le disuelve en azúcar.  Creo que más de treinta años son suficientes para recopilar técnicas de superación de los impulsos. También lo son para saber que la única forma de darle pelea al inconsciente es tener un propósito.  

Cómo manejar la ansiedad.

Los propósitos tienen raíces: responden a la necesidad de cambiar. Uno de mis propósitos personales es sentarme a escribir este blog cada vez que sienta un impulso incontrolable, de ésos que me impiden sentirme bien y le dan inicio al espiral vicioso de la culpa y la desmotivación. De esa forma "me ayudo" y si es posible ayudo a quienes se acercan a Intensional como lectores. Claro que no todo el mundo quiere tener un blog... También podés caminar, andar en bici, llamar a alguien que te contenga, leer Intensional o hacer cualquier otra cosa que te ayude a superar los primeros cinco minutos del deseo. Después de ese lapso crítico, la ansiedad es más fácil de manejar.  Y si no te sirve la regla de los cinco minutos...A ver, repetí conmigo: "no debo comer por impulso", "no debo comer por impulso","no debo comer por impulso","no debo comer por impulso","no debo comer por impulso","no debo comer por impulso"...

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