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Whiplash: El amor a la música

Whiplash es una de esas películas que parece ligera y fácil de pronosticar, pero luego acelera tan rápido que no te da tiempo para seguir el tempo de la batería. Te desacelera y te acelera cuando quiere y al final, eso te encanta.







Desde niño siempre me gustó la música. Me gustaba cantar, me gustaba bailar, me gustaba tocar, pero sobre todo, me gustaba sentir. Yo tocaba varios instrumentos. Desde el teclado de juguete hasta la batería del rock band en xbox. Ya luego, en el colegio, aprendí a tocar tarola, napoleón, lira, trombón y trompeta Simultáneamente, aprendí a tocar piano. Toqué mi primer do mayor en ese "instrumento dominó" a los 11. Un poco tarde. La verdad, muy tarde si quieres ser grande. Pero me enamoré. Fue amor a primer do mayor. Fue increíble, fue glorioso, fue mágico.
La primera melodía que aprendí en el piano fue Life and Death, hecha por uno de mis compositores favoritos Michael Giacchino. Recuerdo que en ese momento me sentí en la cima: todo lo había hecho viendo tutoriales en youtube y a oído. Dios, me sentí grande. Me sentí diferente. Sin duda, fue un momento hipster.

Luego, aprendí a leer música y desde ahí, pude transmitir lo que siento al piano. Le dije que nunca la decepcionaría. Le dije que era muy importante para mi. Le dije que siempre estaría con ella. Le dije muchas cosas a través de sol en séptimas, de do en octavas, de re mayores y de fa en quintas. Le dije muchas cosas. Pero también le dije muchas huevadas. Muchas mentiras. Muchas mierdas. Bueno, ahora sé que eran mierdas. La dejé. La abandoné. El amor no murió -nunca morirá-. Pero la dejé. La guardé, la malogré, la cagué y me olvidé. Señores, no sé si me entienden. No sé si soy claro, pero mi punto aquí es decirles que después de ver Whiplash me he dado cuenta que aún el amor a la música está en mí, porque el amor a la música es puro, es sublime, es transparente y tan inexplicable que hasta ahora no puedo explicarlo. 

Whiplash, grandiosa película dirigida y escrita por Damien Chazelle, es una de esas películas que pone una batería en tu corazón y lo asusta y lo toca y lo golpea y luego, lo explota. Es una de esas películas que parece ligera y fácil de pronosticar, pero luego acelera tan rápido que no te da tiempo de seguir el tempo de la batería. Te desacelera y te acelera cuando quiere y al final, eso te encanta. Sin duda, una muy buena película que no solo habla sobre la obsesión de llegar a la cima, de llegar al éxito o reconocimiento, sino sobre la pasión, la fidelidad y el amor a la música. Sin ninguna duda, las tomas finales fueron amor puro.


Hay que rescatar las actuaciones. En este film fueron magistrales. No hay nada más que hablar. Miles Teller (The Spectacular Now, Rabbit Hole) y J. K. Simmons crearon una química increíble y fue orgásmico verlo en fotogramas en la pantalla. J.K. Simmons muy merecido tu premio en los Golden Globes 2015, sin ninguna duda. La edición, muy importante en esta película, fue increíble y muy bien lograda: le agrega ritmo y sensaciones espectaculares. Asimismo, el guión ágil y los conflictos que aparecen repentinamente son bien tratados y llevan a acontecimientos claves en la historia. Sin duda, Chazelle perfeccionó dos grandes perfiles de personajes (la de Teller y Simmons) y las volvió poderosas.


Whiplash narra la historia de un joven que busca el reconocimiento, pero a la vez, también narra una historia de límites. Narra una historia de probar si existen límites para lograr tus sueños o lo que tú ansias. Todos dicen que no existen límites para lograr lo que te propongas, pero a veces es bueno poner algunos cuantos. ¿No creen? Es bueno frenarte, porque quizás te estás presionando demasiado para lograr algo que va más allá de tu cordura o mesura. Whiplash te cuestiona varios temas y te conmociona al final. Sin duda, uno de los mejores finales que he visto en todo mi vida.
Quizás este film pueda sorprender en los Oscars 2015 con algunos premios como mejor edición, mejor actor secundario y hasta mejor guión original. Super recomendable.


Frase de la película:
-No hay dos palabras en nuestro idioma más dañinas que: "Buen trabajo".

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