Es fácil encontrarse en ambiente entre sus ruinas, sus formas elegantes en medio de la arena, fácil averiguar sus orígenes y el afán de ser conquistada por los más poderosos que fueron los romanos. El bullicio de sus mercados, el ir y venir de las caravanas que venían de oriente a occidente, las tiendas de cambios, el próspero comercio que allí se encontraba y que se extendía por su fama a todo los rincones del imperio en este caso el romano. Fue la ciudad de las palmeras, las raíces fueron esas, palmeras terminó en Palmira y fue la reina Zenobia quien allá por el siglo III consiguió extender los dominios de la urbe y hacer frente a Roma. Consiguió una Palmira tan rica y avanzada que tenía su propia lengua y su propio arte cuyo material fue la piedra caliza y dorada de las montañas que rodean la ciudad.
Hoy en día se esconde algo de ese poderío y de esa atracción, naturalmente la civilización se esconde en las afueras, en las ruinas que se alzan altaneras sobre los montículos de arena y la vigilancia del castillo árabe que pone sello de pertenencia a un país de origen arabesco y sin embargo comprenderemos mejor a Marco Antonio que puso sus ojos en ella debido a la riqueza que generaba con sus rutas de caravanas, fracasó dos veces y las riquezas se escondieron por sus dueños al otro lado de Éufrates. Se levantó como reino independiente ante el poderoso conquistador que le observaba desde la otra orilla y que junto con los partos parecían una tenaza a punto de partir en mil pedazos sus territorios y sus asentamientos de caravanas. Tuvo que ser destinado a la zona Germánico con sello del emperador Tiberio para que fuese romana, para que perteneciera al imperio romano, un todo junto con Siria. Y sin embargo, su prosperidad siguió conquistando enteros aún siendo propiedad romana, sus ricas familias siguieron en la zona y organizaron negocios ya no solo con sus caravanas sino llevando a la capital del reino, Roma las riquezas que de todos lados confluían en ella. Palmira era referencia de calidad y lujo para Roma y no se sabe si realmente fueron los romanos los que la conquistaron o simplemente la ciudad conquistó Roma con sus lujos y sus aportaciones. Pasado el siglo III volvió a ser independiente bajo gobierno de Ordenato y se mantuvo independiente contra los enemigos sasánidas hasta que fuera destruída por Aureliano; era el principio del fin.
Un poco de historia la que podemos hacer aquí cuando en realidad la historia se desborda por todos lados, estas ruinas queridas, amadas y deseadas por su belleza y su enclave hace que siempre haya sido el oculto objeto del deseo de toda amante de las civilizaciones antiguas y quizás una de las favoritas por lo que aportó a la civilización. El arco triunfal da paso a la gran columnata de más de un kilómetro de longitud; a su sombra ya no descansan los nobles ni las legiones romanas conquistadoras. Ahora son los beduinos y sirios traídos para repoblar la zona aqui ahora se toma té y se aprovechan la ocasión para intentar vender a los escasos turistas. Los camellos esperan al sol a los turistas quieran sentirse Laurence de Arabia subidos a sus lomos Ahora hay que pasear y amar cada piedra y mirar las columnas que rompen el azul de cielo dándonos una vista solo parcial de la belleza que alcanzó en aquellos tiempos. Las avenidas se señalan con las piezas en mármol que formaban sus calles, los diferentes templos que aún alzan su desafío al cielo, quizás haya quedado alguna plegaria pegada en las figuras que adornaban sus frisos y que pasaron a engrosar el tesoro que todos se repartieron; podemos verlas tanto en los museos europeos como en el Vaticano y eso nos hace entristecer pues fueron saqueadas de una manera muy poco acorde con el espíritu que dominó la ciudad en la que todos eran bien recibidos, claro está que a cambio de algún trueque…
La calle principal da paso al espectacular tetrápilo, donde se encontraba la estatua de la célebre monarca. A la izquierda, el teatro y el ágora. Al fondo lo que queda de los edificios del campo de Diocleciano.
Un poco más allá el templo de Nabú considerado como el dios de los Oráculos y al fondo las torres de los montículos funerarios. Y frente al arco nos encontramos con el templo de Bel con un inmenso patio de 210 x 205 metros lleno de columnas deshechas por el viento es el fiel. Este templo pasó de lugar de sacrificio en honor al dios Bel a ser una iglesia en la época bizantina, una fortaleza con los árabes y una mezquita con los mamelucos. Su esplendor se acabó en el siglo XV cuando un saqueo lo destruyó junto a toda la ciudad y convirtió esta maravilla en un montón de ruinas.
Cuando el sol cae todo toma una color muy especial, se vuelve el paisaje azafrán y quizás sea el momento de visitar el castillo de el Qalaat Ibn Maan, una fortaleza árabe del siglo XVII que vigila desde su altura todo el lugar.
Se nos hace impresionante la historia del Ara Pacis; donde la historia narra:
“Cuando regresé a Roma de Hispania y de la Galia tras haber realizado en estas provincias con fortuna la labor que me había propuesto era en el consulado de Ti. Nerón y P. Quintilio, el Senado acordó consagrar en el Campo de Marte el Ara de la Paz Augusta por mi regreso, y ordenó que los magistrados, los sacerdotes y las vírgenes vestales hiciesen en ella un sacrificio anual”
Se fecha en el 4 de julio del año 13 a. C. Justo 6 años antes a su regreso de Siria el Senado de Roma había tenido la idea de levantar en honor de Augusto el Ara Fortunae Reducis para celebrar su retorno del Oriente. En este caso el ara se había levantado junto a la Puerta Capena el lugar por donde el emperador había hecho su entrada viniendo del sur de Italia; en este caso venía del norte por la Vía Flaminia y el ara se alzó al borde de la puerta correspondiente.
Y siguiendo la historia posterior nos encontramos con escenas familiares siempre relacionadas con antigüedades que en su día desaparecieron del lugar de procedencia y arrancadas de allí para lo que fueron creadas y tenemos pruebas: muchos años después en 1568 mientras se construía el Palacio Paretti aparecieron nueve placas de mármol con relieves que fueron adquiridos por la familia de los Médicis, sin que nadie los relacionase con el Ara Pacis.Más tarde se estudiaron más detenidamente llegandose a la conclusión de que todos formaban parte del gran altar. El ara ya reconstruido se alza sobre un alto pedestal escalonado dentro de un recinto con muros de 11 por 10 metros y con dos puertas de acceso; una al este y otra al oeste (aunque en la reconstrucción corresponda al norte y sur).
El muro de demarcación del espacio sagrado (templum en latín) está coronada por un ancho friso de bucráneos y guirnaldas de frutos. El zócalo de tablas pudo haberse inspirado en la tapia que delimitase el recinto el día de su dedicatoria solemne en el año 13 a. C.
Y siguiendo la pista de ninguna guía, quizás nos dejamos llevar por nuestra brújula personal que tan acostumbrada está a la belleza de lo antiguo y tanto lo ama. El recorrido de aquellas vías bajo el sol nos lleva hasta decorados ya pasados hace miles de años; aunque es fácil en estos ambientes escuchar el grito de la vendedora, los camellos protestar por la falta de agua y el poco espacio que le han dejado para descansar; el bullicio de los niños que rodeaban a cada caravana con ruegos de regalos venidos de lejos. Y esas columnas que nos hacen perdernos en las alturas de los cielos. Pasamos de norte a sur con sus templos, relación de dioses con hombres, tan lejanos y tan cercanos en el no va más de la civilización. Algún docto profesor que iba con dos o tres pupilos paseando sus enseñanzas por las ruas que es como mejor se aprende. Mucho sabor a Roma, demasiado que asimilar.
**Datos interesantes:
Para viajar a Damasco existen vuelos directos desde Madrid con la compañía Siria Air o KLM. Una vez en la capital se puede tomar un taxi o un transporte colectivo ambos muy baratos y que hacen guardia en la puerta de los hoteles.
Para entrar en el país es necesario el visado turístico. Se obtiene en la Embajada de Siria.
En Palmira hay hoteles de todos los precios y categorías. Una opción barata es el Orient Hotel, con un correcto servicio a buen precio. El más lujoso es el Palmira Cham Palace situado junto al manantial de aguas sulfurosas de Efca a tres kilómetros de la ciudad.
Gastronomia: Siria es rica en gusto y sabor. Miel, pistachos y dátiles son las estrellas de la repostería. Entre los platos principales destacan las cremas de garbanzo y berenjenas (humus y muttabal), el shawarma (pan relleno de carne de cordero), el kibbe (bolas fritas con trigo molido y carne), los falafel (albóndigas fritas de pasta de garbanzo y especias), el kebad (pinchos de carne) y el mulukiyyed (estofado de espinacas con trozos de carne de cordero o pollo).
DAMADENEGRO 27/2/2009
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