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La felicidad, ese relato.

Proyecto intensional


Dos meses cumplidos de intensionalidad. Un logro. Aunque no sea el proceso prolijo  y organizado descrito por las revistas sobre salud y bienestar, en definitiva es un proceso productivo. En apenas ocho semanas logré avances impensandos respecto a la forma en la cual me planteo desafíos y respondo a ellos. Desafortunadamente, sigo en el proceso de permanecer atenta y lúcida a la forma en que se expresa mi cuerpo. Claramente, tanto la alimentación como el cuidado de mi organismo son mi talón de Aquiles. Probablemente sea el último paso de mi proceso personal no el primero como supuse inicialmente. Para no olvidar que sigue existiendo una deuda con mi salud es que escribo balances que de alguna forma recogen lo aprendido y proyectan las necesidades para el tiempo que llegará. Aunque para serte honesta, no tengo el hábito de repasar mis balances periódicamente. Es posible que este post lo vuelva a leer dentro de seis meses o un año. O que no lo vuelva a leer. Porque lo que realmente le da poder a esta puesta a punto es la escritura, la organización del relato. 

De escrituras, relatos y otras letras.

Con este tema de la escritura y los relatos individuales fue con el que inauguré la quinta semana del Proyecto Intensional. El ejercicio inicial de comprensión de la trayectoria vital como relato y la simple conciencia de la posibilidad de editarlo, es una de las revelaciones de estas semanas que transcurrieron. Como sucede en los descubrimientos trascendentales, siempre estuvo a la vista pero la miopía selectiva del conocimiento me impedía percibirlo con claridad. Recuerdo un relato de Poe, llamado "La carta robada" en el cual una epístola extorsiva que sacude la tranquilidad del poder se esconde a simple vista. Porque no hay mejor lugar para esconder un texto escrito que una biblioteca, ni otro método para su búsqueda que la empatía. Cuestionarme por qué motivo esta mujer cuya profesión son las letras olvidó circunstancialmente el poder de las narrativas en la construcción de la identidad -con tanto ensayo escrito sobre el tema-  fue uno de los ejercicios de introspección más esclarecedores desde que escribo el blog. 

Como probablemente sepas, las interrogantes existenciales complejas tienen respuestas simples. Muy simples.  Como planteé a quienes están siguiendo el curso para bloggers, estoy convencida de que la complejidad no radica en las respuestas sino en la forma en que pretendemos llegar a ellas. Nos complicamos mucho por el camino. En general, suelo enredarme con mis propios ovillos cuando una mirada menos prejuiciada podría revelarme instantáneamente que la solución al problema estuvo a plena luz todo el tiempo. Es el momento eureka. O, para usar una de mis palabras preferidas, es una epifanía. Seguramente experimentaste esos instantes de lucidez en los que todo parece tan claro que te preguntás -con todo el asombro del universo- "cómo no me di cuenta antes".  

En mi caso la respuesta era tan obvia que la pasé por alto cientos de veces. Me niego a reconocer mi capacidad para leer, escribir e interpretar como una habilidad valiosa. Me niego a reconocer que mis pasiones primordiales son las que le tienen que dar cause a los emprendimientos creativos que me proponga. No te confundas, no es falsa modestia. Es que la mayoría de los seres humanos tendemos a subestimar nuestros talentos. A tal punto que ni siquiera los percibimos como talentos. Con fortuna, este post intensional te inspira para que pienses en tus fortalezas naturales y en la forma en que solés minimizarlas o incluso ignorarlas por completo. 

Cuando ignorar es una trampa.

Para que no caigas en la trampa de creer que no tenés talentos naturales, te dejo el enlace de un artículo que me hizo llegar Florencia de "El castigo de Adán y Eva" ¿Por qué me parece importante que lo leas? Porque con la más simple de las respuestas te posiciona frente a tu fuerza femenina. Te recuerda que las mujeres tendemos a olvidar nuestras virtudes inherentes porque vivimos en un mundo de acciones y resultados. Un mundo pensado patriarcalmente. Un "mundo de hombres", Aunque la formulación en estos términos, para mí, tiene sabor a siglo pasado, no deja de ser una observación certera. El mundo de puertas afuera -el vincular y laboral- es un espacio de concreciones. Un espacio en el cual rápidamente sentís los cuestionamientos que necesitan respuestas concretas: en qué trabajás, cuáles son tus números, tus credenciales, los papeles que te certifican, los resultados que lograste. No soy ajena a esta trampa, vos tampoco. De hecho, todas las semanas recibo algún comentario de una mujer compungida, porque quisiera participar del proyecto pero no puede. O se suscribió al blog pero no está siguiendo los ejercicios como debería. ¿De dónde sale esa culpa? Del temor a no ser productiva, eficiente y en consecuencia, feliz. No me canso de repetir:

1- El Proyecto Intensional no es una carrera, es un camino para transitar en compañía. A qué ritmo cumplís con él  no importa demasiado. De la misma forma que no tiene gran importancia si no te interesa cumplir en lo absoluto pero te hace bien leerlo. Creo en el poder de la lectura como forma de proceso. Yo más que nadie. Por acá no hay contratos ni apuros sino una experiencia.

2- ¿Quién dijo que todos los momentos de tu vida tienen que ser de productividad? Yo personalmente me impulsé a la acción con un compromiso porque era mi momento de ser protagonista de un cambio. No significa que sea tu momento de cambiar. Eso no implica que no te sientas inspirada por la lectura. Inspirada, no culpable. Tu cambio llegará o no, cuando estés en posición de "dar vuelta la casa" para luego poner todo en el lugar en el que te hace sentir mejor. 

3- Olvidate del costado Pinterest de la vida, por favor. Nadie puede exigirte ser feliz. Hay momentos en los cuales estar confundida y triste es tan justo como necesario. Tampoco creo que se pueda vivir 24/7 con el espíritu en modo-up, llena de energía, levántandote de una cama blanca y estilosa para tomar un desayuno curiosamente fotográfico (incluye frutos rojos, obvio) y vestirte como una reina para salir a enfrentar el día en tu emprendimiento de diseño. Apa...Eso es una edición de la realidad mi santa. Es un relato. Y te cuento que intensionalmente vengo por ahí... con el ánimo de desarticular relatos que no hacen más que limitar-nos.

Las mujeres tendemos a olvidar que nuestras grandes gestaciones tienen sus propios ritmos. Son ritmos biológicos, con ciclos de intensidad y otros de resguardo. Con momentos de poco glamour y mucho caos, En general, es tu cuerpo el que te anuncia que llegó el momento de... De amar a parir, tus formas de "producir" son otras y no siguen los patrones de la vida empresarial. La contención, la empatía, la mirada comprensiva, la palabra que se pronuncia en el momento oportuno, el abrazo...Seguí la lista vos misma porque son tus gestaciones. Deduzco que a partir de hoy dejaré de usar todas las palabras relacionadas con la productividad y pasarán a tener otro protagonismo las que se vinculan con "gestar". Deduzco que a partir de esta quinta semana intensional podés:

- Mirar con respeto tus propias abulias y errores.

- Darte tiempo para decidir qué forma tiene tu felicidad.

- Darte tiempo para decidir cuándo y cómo querés sentirte bien.

- Pensar en los grandes relatos que te habitan (esas historias que llaman biografía) 

- Pensar-las no significa juzgar-las. 

Tené conciencia de que podés editar el pasado. No por capricho. Olvidar selectivamente una mala experiencia no hace que desaparezcan sus marcas. Editar no significa cropear, cortar, desgajar. Editar significa elegir las palabras con las cuales te contás esas experiencias dolorosas. Es un ejercicio para darle espacio a las historias que pueden llegar. Gracias María Mercedes por recordarme las palabras del padre de todos mis intereses literarios, por lo visto las Mercedes tienen conexiones especiales con Gabriel García Márquez. Efectivamente, se puede darle forma al pasado para vivir el presente y recibir el futuro.

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