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Sobreviviendo al Whole30: Primera semana

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Primera semana del reto Whole30 completada, quedan tres, y como os prometí, aquí tenéis mi dietario:

Día -1: Joder, ¿y si mañana se me olvida que estoy a dieta y me como un bocadillo sin querer? Esas cosas pasan.

Día 1: Primer día sin pan. Se masca la tragedia. ¿¡Cómo COÑO se come la gente que no come pan las cosas con salsa!? En serio, ¿¡CÓMO!? ¿Con el dedo? ¿Con fruta? Debe estar malísimo el kiwi con la salsa picante que hace mi abuela para los cangrejos de río, la verdad. (Digo, no porque lo haya intentado yo ni nada por el estilo ¿eh?)

Día 2: Esta noche he soñado que comía pan. Mucho pan. Con algo. El algo no es importante. Solo el pan es importante. Ha sido tan intenso que me he levantado empachada. ¿Y si me he levantado sonámbula movida por mi antojo de pan? Qué drama.

Día 3: Bueno, pues todavía no tengo ganas de dulce ni nada. Y me siento más ligerita. Llevo tres días comiendo verduras así que estaría bueno que encima me sintiese como una vaca, no me jodas.

Día 4 (Mi cumpleaños): Me llevo uvas al curro para comer algo a media mañana. Mientras, mi jefa come Oreos a dos carrillos, espero que se le ponga el culo más gordo aún. Hoy es mi cumpleaños así que mi hermana ha traído cuatro magdalenas grandes como los puños de Hagrid (de tres chocolates, frambuesa, chocolate y manzana, respectivamente) para poner las velitas y celebrarlo. He llorado. HE LLORADO. Sin exagerar. ¿Cómo se me ocurre empezar la dieta ANTES de mi cumple? ¿Estoy loca? Lo estoy.

Día 5 (Día Internacional de la Croqueta, tócate): Me puede la culpa, lo confieso: anoche me tomé dos cervezas para celebrar mis 23. Me sentía tan culpable al acostarme que he soñado que iba a comer pan pero decía que no porque estaba haciendo el Whole30. EN SUEÑOS, TÍO. Me está afectando al subconsciente. Por otro lado, obviamente, me he levantado empachada (efecto secundario de la cerveza, junto con ronearle al camarero, pero eso último con la dieta esta sí que se puede hacer así que nada). Me he planteado empezar de 0, pero he decidido que no. Me flagelo un poquito y listo. No volverá a ocurrir. Atadme las manos. No salgo más hasta que termine esta locura.

Día 6: Hoy me he levantado con menos hambre y ansias de comer que antes de la dieta. Este último par de días lo he notado bastante. Igual es que cuando no hay tantas cosas apetecibles que comer, tienes menos ganas de hacerlo, pero no sé. Estoy satisfecha, y más delgada, de eso estoy segura. (Positivismo absoluto producido por haberme pasado toda la tarde hecha un ovillito en la alfombra delante de la chimenea. Tengo una vida social intensísima).

Día 7 (Un día intensito)Hoy he desayunado. Sí, señor. Pero no una frutita y una loncha de jamón ni mierdas de esas, no. Huevos revueltos. Y beicon. Y salchichas. Y zumo de naranja natural. Ahí lo llevas, ¡OLE YO! Supongo que la gente sobrevive a esta dieta haciéndose comidas especiales y dándose caprichos de este estilo ¿no? Como entre semana no tengo mucho tiempo para cocinar, me voy a pasar los findes en plan gourmet. Decidido.
A la hora de comer me he puesto creativa, he abierto la nevera y me he hecho una ensalada con todo lo paleo-friendly que había dentro: una zanahoria, canónigos, medio tomate, una lata de atún, unos daditos de pollo, unos trocitos de pimiento verde, un par de anchoas… No le he echado unos trozos de lomo porque ya me ha parecido pasarse, pero… Podría haberlo hecho y me habría quedado como Dios. La verdad es que me he acordado un poco de la ensalada Ce Koi Ça (que no es que lo haya escrito mal, es que estaba escrito fonéticamente en la carta), de Chez Lili et Marcel, al lado de Quai de la Gare en París. Que qué guarrada de ensalada, la verdad. Llevaba hasta patatas fritas y pollo y paté y yo que sé qué más, pero qué buena y qué ENORME. Y con un precio bastante asequible para lo que es la ciudad. Debería haberos hablado de ese sitio antes. Total, que me he acordado y me he liado ahí a echar ingredientes como si no hubiese un mañana. Y muy bien todo. Sabía estupendamente. La próxima ganadora de Master Chef soy yo.
Por otro lado he tenido serios problemas con el blog esta tarde, y, bueno, como so decía en Instagram, no me he podido dar a la bebida ni a la comida para no cagarme en todos los muertos de nadie, así que lo he pasado mal. Pero bueno, todo solucionado ya, como podéis ver. ¡De la falta de azúcar se sale!

Resumiendo

Me siento más ligera y bastante satisfecha. Llevo una semana sin comer pan, chocolate, ni queso. I’m a survivor! Ni que decir tiene, que si algún día he pasado por delante de una pizzería o una panadería (de esas que te llega el olor a pan, bollos y pizza a kilómetro y medio) he sido capaz de hacer una disertación de media hora de cómo la pizza es lo mejor que hay en este mundo. Junto con las ensaimadas y los dónuts de chocolate. Bueno, y todo eso que no puedo comer ahora.

Estoy muy contenta por decir que no estoy haciendo este reto sola, Ally se ha apuntado conmigo a la locura y yo me la quiero comer a besitos cada vez que hablamos de nuestros males. Aquí podéis ver su primera semana.

¿Cómo han sido vuestros primeros días de Whole30?

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