Nacimiento y familia
Tanto su fecha como lugar de nacimiento se desconoce debido a la carencia de archivos parroquiales, pero se estima que fue entre 1501 y 1507, probablemente en Kent, Norfolk o Essex. Pertenecía a una de las familias más influyentes de la nobleza inglesa. Su padre, sir Thomas Bolena, era diplomático de la corte. Su madre, Isabel Howard, era hija de Thomas Howard, segundo duque de Norfolk y perteneciente a una de las familias más destacadas del país. Ana tenía dos hermanos más, María y George. Si bien George nació alrededor de 1504, cuándo nació María es también un misterio. De su relación con ellos se sabe que era estrecha con su madre y su hermano, mientras que con su hermana era más cordial. Respecto a su padre, si bien durante su infancia fue cercana, se fueron distanciando con el tiempo.
Thomas Bolena era un respetado diplomático y favorito de Enrique VII. Era enviado al extranjero con frecuencia y su carrera continuó cuando Enrique VIII subió al trono en 1509. Tenía una buena relación con la archiduquesa Margarita de Austria, quien le ofreció a su hija Ana un lugar en su casa. La educación y dedicación de la joven causaba buena impresión y vivió allí desde 1513 hasta 1514, cuando Thomas la llevó a París para continuar su educación. En Francia fue dama de honor de Claudia de Francia y actuaba de intérprete si había algún invitado importante inglés en la corte. Adquirió detallados conocimientos de la cultura francesa y el protocolo, y también se interesó por la moda y por la ética que reclamaba la reforma de la Iglesia.
Autor desconocido, pintado entre 1533-1536.
La corte inglesa
En 1521 regresó a Inglaterra, siguiendo como siempre las órdenes de su padre, y se hizo dama de honor de la reina Catalina de Aragón. Al año siguiente debutó en la corte inglesa en un baile de disfraces acompañando a la hermana más joven del rey, a otras grandes damas de la corte y a su hermana María, quien por aquel entonces era amante del rey. Poco después se convirtió en la mujer de moda y en una de las más importantes de la corte. Por entonces, Ana era cortejada por Henry Percy, hijo del conde de Northumberland. Enrique había mostrado interés en Ana desde su debut y no es difícil de imaginar que habría hecho lo imposible para mantener a Henry Percy alejado de ella. No obstante, no fue hasta 1525 que Enrique comenzó a perseguirla.
Ana es conocida por haberse negado a convertirse en amante del rey, quien le había escrito más de diecisiete cartas, rechazando a todas y cada una de sus propuestas. Sus constantes negativas no hicieron sino que el interés de Enrique incrementara. No se sabe porqué rechazó al rey, pero cuando él le propuso matrimonio aceptó, no sin antes negarse a acostarse con él antes de la boda. Algunos consideran que Ana no quería entregarse hasta asegurarse una buena posición como reina de Inglaterra, pues si lo hacía corría el riesgo de que Enrique se cansara de ella como lo hiciera de su hermana o sus otras amantes. Así pues, Enrique y sus ministros solicitaron la anulación a la Santa Sede en 1527. Muchos historiadores creen que la decisión de acabar su matrimonio con Catalina era por su encaprichamiento por Ana; otros, porque Catalina no le había dado un heredero varón. Aunque se mantuvo en secreto, en 1528 era de dominio público que las intenciones de Enrique eran las de casarse con Ana.
En 1529 la anulación todavía no había sido concedida. El Papa Clemente VII no parecía estar dispuesto a concedérsela, y más tarde fue hecho prisionero por el emperador Carlos V, sobrino de Catalina. Además, la Iglesia se contradecería a sí misma con la anulación del matrimonio. La lealtad del cardenal Thomas Wolsey, consejero del rey, quedó en entredicho al no poder acordar la nulidad y Ana, quien le consideraba un traidor, logró que fuera despedido. Le pidió ayuda para volver al poder, pero al negarse comenzó a tramar un complot para arrojar a Ana al exilio. Cuando el complot fue descubierto, Wolsey fue detenido. Murió debido a una enfermedad terminal en 1530, y al año siguiente Catalina fue desterrada de la corte, siéndole entregados sus aposentos a Ana.
Cansada de que el Vaticano se negara a convertirla en reina, sugirió que Enrique debía convertirse en cabeza de la Iglesia. Cuando el Arzobispo de Canterbury falleció, designó al capellán de su familia para el puesto, Thomas Cranmer, y apoyó el ascenso de Thomas Cromwell. Solidificó la alianza con Francia, estableciendo una gran relación con el embajador francés, Gilles de la Pommeraye, junto a quien preparó una conferencia internacional en Calais en 1532. Antes de acudir, Ana se convirtió en la primera plebeya inglesa en convertirse en noble por derecho propio al serle otorgada el marquesado de Pembroke. Su padre fue nombrado conde de Wiltshire y de Ormonde.
Natalie Dormer como Ana en Los Tudor.
Reina de Inglaterra
En Calais, Francis I de Francia apoyó el nuevo matrimonio de Enrique, por lo que al regresar a Dover la pareja se casó en secreto. El 25 de enero de 1533 se celebró una ceremonia matrimonial, y para entonces Ana ya estaba encinta. Cranmer trabajó rápidamente y el 23 de mayo declaró el matrimonio entre Enrique y Catalina sin fuerza legal, y cinco días más tarde que el matrimonio entre Enrique y Ana era válido. Por ende, Catalina fue despojada de su título y Ana fue coronada Reina de Inglaterra el 1 de junio de 1533. Además, la Iglesia de Inglaterra ahora estaba bajo el control de Enrique, no de Roma.
Como era habitual, Ana llevó una rutina tranquila para no poner en peligro su embarazo. Eran muchos los médicos y astrólogos los que predijeron que sería un varón. Sin embargo, el 7 de septiembre de 1533 nació Isabel. Ana temía que la hija de Catalina, María, amenazara su posición. Por ello, Enrique envió a María a Hatfield House tras desposarla de sus sirvientes, donde crecería la princesa Isabel. Ana visitaba a menudo a su hija, y la tensión entre ella y la princesa María era más que palpable.
Catalina de Aragón murió de cáncer en enero de 1536, lo que levantó rumores de que había sido envenenada por Ana. Dichos rumores surgieron al descubrir el corazón ennegrecido de la Princesa viuda (pues Catalina había estado casada antes con el príncipe Arturo, hermano de Enrique, quien murió poco después de su boda) durante su embalsamamiento. Tras el fallecimiento, Ana intentó mejorar sus relaciones con María, sin éxito. El 29 de enero, durante el entierro de Catalina, Ana sufrió un aborto. Se dice que se trataba de un varón en su cuarto mes de gestación. Para muchos, esta pérdida supuso el principio del fin.
Las hermanas Bolena. Natalie Portman como Ana Bolena y Scarlett Johansson como María Bolena.
Caída y muerte de una reina
Enrique declaró su matrimonio con Ana maldecido por Dios. Jane Seymour, una de las damas de la reina, fue trasladada a nuevas dependencias. Al mismo tiempo, George Bolena no fue aceptado en la Orden de la Liga, pero sí el hermano de Jane. Ana, en repetidas ocasiones, expresó su temor ante un posible divorcio.
Mark Smeaton, músico al servicio de Ana, fue detenido y torturado por Cromwell. Negó ser el amante de la reina, pero confesó tras ser torturado. Además, proporcionó el nombre de sir Henry Norris, quien fue detenido el 1 de mayo. Al tratarse de un aristócrata no podía ser torturado y negó su culpabilidad. Sir Francis Weston y William Bereton fueron detenidos bajo cargo de adulterio. Finalmente, George Bolena fue acusado de mantener relaciones sexuales con su hermana durante el último año, por lo que fue detenido por incesto y traición. El 2 de mayo de 1536, Ana fue detenida y llevada a la Torre de Londres.
El 12 de mayo fueron procesados Weston, Bereton, Norris y Smeaton. Sólo este último se declaró culpable. El 15 del mismo mes, Ana y George fueron procesados por separado. Ana fue acusada de adulterio, incesto y alta traición. Circularon por Londres varios panfletos que apoyaban a la reina, pues se sospechaba que Enrique quería deshacerse de Ana para estar con su nueva amante, Jane Seymour. George Bolena y el resto de acusados fueron ejecutados el 17 de mayo de 1536.
El 19 de mayo fue llevada a la Torre Verde, donde debía permitírsele la dignidad de una ejecución privada. El gobernador de la Torre escribió que fue llamado por Ana para acompañarla, y que bromeaba acerca de que tenía un cuello pequeño, que su muerte sería rápida. En un principio iba a ser quemada viva, pero finalmente el rey la sentenció a ser decapitada, contratando a un esgrimidor de Calais. Hizo un breve discurso antes de someterse a su destino:
"Buena gente cristiana, he venido aquí para morir, de acuerdo a la ley, y según la ley se juzga que yo muera, y por lo tanto no diré nada contra ello. He venido aquí no para acusar a ningún hombre, ni a decir nada de eso, de que yo soy acusada y condenada a morir, sino que rezo a Dios para que salve al rey le de mucho tiempo para reinar sobre ustedes, para el más generoso príncipe misericordioso que hubo nunca: y para mí él fue siempre bueno, un señor gentil y soberano. Y si alguna persona se entremete en mi causa, requiero que ellos juzguen lo mejor. Y así tomo mi partida del mundo y de todos ustedes, y cordialmente les pido que recen por mí. Oh, Señor, ten misericordia de mí, a Dios encomiendo mi alma."
Acto seguido, se arrodilló y de un único golpe la vida de la monarca llegó a su fin. El reformista escocés Alesius, al escuchar el disparo del cañón de la Torre desde los jardines del Palacio de Lambeth, proclamó "ha sido reina inglesa en la tierra, y hoy será una reina del Cielo". El gobierno no aprobó propocionar a Ana un ataúd apropiado, y sus restos fueron depositados en un arca que fue sepultada en una tumba sin marcar en la capilla de San Pedro ad Vincula. No fue hasta el reinado de la reina Victoria que sus restos fueron identificados y marcado su lugar de descanso.
La leyenda
Quedan muchos misterios sobre la vida de Ana Bolena, sobre su persona y sus ambiciones. Ni siquiera se conoce su aspecto, pues Enrique ordenó quemar casi todas sus posesiones tras su muerte. A día de hoy aún se duda que sea ella la mujer del único retrato de la época (el de la primera imagen de este artículo), pudiendo tratarse de otra joven. Se dice que era bajita, de aspecto frágil y, al contrario de lo habitual en la época, de tez oscura y cabellos tan largos que se sentó sobre ellos el día de su coronación. Lo que más llamaba la atención de su físico eran sus enigmáticos ojos negros. Fue el mayor icono de la moda inglesa a principios del siglo XVI, era considerada una gran bailarina, destacando también por su ingenio, sus dotes compositoras, el canto y su elocuencia. Hizo que su educación, estilo y presencia pesaran más que las desventajas de su sexo.
Mucha gente esperaba que, sobre la tarima antes de su ejecución, Ana admitiera su culpa. Pese a profesar su inocencia en su última confesión a Thomas Cramner, no lo hizo de forma pública. Su discurso final podría haber sido el acto final de rebelión contra su destino, más aún porque jamás había mostrado miedo a dar su opinión, aunque no quisiera ser escuchada. Sin embargo, su hija Isabel aún no había cumplido los tres años y su discurso final parece haber sido su último regalo para ella. Hablando bien del rey, Ana debía tener esperanzas de que así protegía a su hija de la única forma que aún podía. Por su parte, Isabel veneró la memoria de su madre en privado durante toda su vida.
Puede que Ana fuera la Reina consorte de Inglaterra durante poco más de mil días, pero ha reinado durante los últimos cinco siglos como la reina de la controversia.
En la pantalla
Ana ha sido llevada a la pantalla en cuatro ocasiones. Geneviève Bujold fue la encargada de darle vida en Ana de los mil días, Dorothy Tutin en Las seis esposas de Enrique VIII, Natalie Dormer en Los Tudor y Natalie Portman en Las hermanas Bolena. Sólo he visto estas dos últimas y mi recomendación siempre será la serie de Los Tudor, donde Ana aparece en las dos primeras temporadas de las cinco que conforman la serie. Las hermanas Bolena es, en mi opinión, una bazofia. Muestran a personajes muy distintos de los que se espera ver y cambian la historia a parecer. Lo único a destacar es el vestuario, que es en lo que Los Tudor falla, históricamente hablando. Así pues, recomiendo encarecidamente Los Tudor. Natalie Dormer, la actriz encargada de dar vida a Ana, ayudó a encaminar a los guionistas durante la segunda temporada hacia un personaje más fiel a la monarca.