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El viaje de Arlo


El cine de animación no tendría porqué parecerse, pero lo hace. Se asemejan los ritmos, las historias, los personajes y el público al que va dirigido también, y esta similitud, causa de ser feudo de unos pocos estudiosque se dedican a ella total o casi exclusivamente (Pixar, DreamWorks), provoca que la animación se valore y consuma más como un género narrativo que como un medio de expresión. Esto, esta producción y consumo hegemónico, le perjudica, pues se le acota igual que al western o al cine de superhéroes, se le reduce a épocas, modas, y demás términos pasajeros.
Este es el sentimiento actual desde público y crítica, y en medio de esta puesta en entredicho, El viaje de Arlo no llega en el mejor momento ni con la mejor carta de presentación. Proyecto de Pixar que ha cambiado el guión, la estética, el estilo, los actores y hasta el director a lo largo de su producción, es además una película de aspecto básico: road movie con pareja protagonista desprovista de padres e identidad personal que deberá alcanzar a lo largo de su camino.

El contenido no mejora lo presentado. Los grandes espacios abiertos se han sometido a una técnica por la cual se le pretende añadir realismo fotográfico, que a pesar de notarse en elementos como el agua o la nieve en las cumbres montañosas, pierde sentido si pensamos en la escasa variedad de localizaciones presentada. Ni siquiera la banda sonora resiste la comparación con tantas otras en las que se inspira, como El Rey León (visita fantasmagórica incluida).
Arlo, el protagonista, es un personaje insufrible, inútil, sin carisma, al que se supone que la premisa de un mundo en el que los dinosaurios sigan vivos debería soportar, pero no lo hace ni por asomo. Los secundarios son aceptables pero en general el diseño de los mismos es pobre, comparado con aquello a lo que Pixar nos tiene acostumbrados. Se lanzan ideas sin mucho sentido, como los velocirraptores con pelo o el triceratops albino. Uno hasta recuerda con añoranza aquella película del año 2000 llamada Dinosaurio, en la que si bien no se conseguía un resultado redondo, por lo menos la animación y el despliegue visual trabajaban juntos para formar una experiencia enriquecedora. El mayor error de El viaje de Arlo ha sido olvidarse precisamente de esto, esperando que al juntar buenas intenciones con fórmulas conocidas, el resultado fuese el de siempre.
En una frase: El viaje de Arlo quiere ser Ice Age pero se queda en Colegas en el bosque.

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