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Camino de Santiago, etapa 13: Castrojeriz - Frómista. Tierra de Campos


Distancia: 25 Km.
Tiempo empleado: 6 horas, 45 minutos.
Incidencias: Sol, calor.
A tener en cuenta: Ascensión a la salida de Castrojeriz, No hay sombras.


Esto escribí la noche anterior en mi diario:Esta etapa casi acaba conmigo. Ha sido muy duro, casi tanto como esta tierra, que forja personas a su imagen y semejanza: duras, sufridas, parcas, prácticas, conscientes de su entorno, atentos con el visitante y casi nunca zalameros.
Castrojeriz tuvo épocas mejores, aunque también peores. Aquí se percibe la vida que proporciona el peregrino, el visitante que para, recibe hospedaje y pronto se va. Sin embargo me han tratado bien, sin la prepotencia del que sabe que no volveré.
Voy conociendo a algunos de mis compañeros, con la mayoría no hablaré más allá de un saludo, sin embargo, todos sabemos que compartimos un destino común y a la vez desconocido. Todos tenemos un motivo para estar aquí, pero nadie lo pregunta. Es una cuestión íntima y personal y tan respetable es el que viene movido por su fe, como el que acude a la llamada de una experiencia deportiva o gastronómica.
Es tarde para un peregrino que marchará al alba, debo descansar y recuperar fuerzas para mañana. Escribo desde un cómodo sillón de un bonito salón de un hotel. Soy un peregrino de lujo, pero no soy el único. En el patio del hotel otros conversan con la familia que regenta el negocio.
Mañana llegaré a tierras Palentinas, veré el Canal de Castilla y recorreré un camino de sirga, uno de aquellos que se usaron para ayudar a transportar mercancías por un canal que reflejaba el sueño irrealizable de una España ilustrada, industriosa y vertebrada.
Buen Camino.

Aún era noche cerrada cuando bajé a desayunar. La sala estaba copada por peregrinos, todos, menos yo, extranjeros y entre ellos una pareja, él francés, ella brasileña, que daría que hablar los próximos días. 

El hombre impaciente no estaba, supuse que habría salido al menos dos horas antes y que a esas alturas ya estaría muy lejos.

Una de las mayores virtudes del hotel La Cachava, es, sin duda, sus desayunos. Abundantes y calóricos para después poder afrontar una etapa como la que se avecinaba, más corta que la anterior, pero igualmente dura.

Eran las siete de la mañana cuando comencé a caminar sobre el suelo empedrado, me acompañaban los primeros rayos de sol y el sonido de los pasos de los peregrinos.



Al poco, aún en Castrojeriz, me uní a dos alemanas a las que "bauticé" como Helga y Frida (indistintamente). Eran de manual: botas para matar osos, calcetines de lana hasta las rodillas, pantaloncito corto muy corto y un peinado simétrico en dos coletas que coronaba una cara sonrosada. Una era rubia y la otra morena y no puede evitar imaginármelas en algún bucólico paraje de los Alpes Bávaros.

Me dolían los pies, las piernas, los hombros y las manos (camino con bastones de trekking). Es normal, como también es normal que si no te lesionas de gravedad, las molestias y dolores vayan disminuyendo a medida que transcurren etapas.

A pocos kilómetros de Castrojeriz se encuentra el Alto de Mostelares, al que se llega después de una breve pero muy pendiente ascensión. Mejor hacerla al principio de etapa y evitarla en las horas centrales de los días calurosos.


Al fondo se ve el Camino ascendiendo el Alto de Mostelares

En la cima apareció uno de esos típicos personajes que abundan en el Camino y ofrecen al peregrino bebida, comida o herramientas para las bicis. Algunos productos son gratis o se ofrecen a cambio de "la voluntad". Otros tienen precio y, en cualquier caso, se agradece su presencia.


Helga y Frida reponen líquidos

Permanecí en el alto el tiempo suficiente para recuperar el aliento y nada más, quería recorrer la mayor distancia posible antes de que el sol y el calor hicieran mella.

A continuación el Camino recorre un altiplano antes de emprender un descenso muy empinado aunque con buen firme. Un consejo, no os aceleréis, tomáoslo con calma y bajad despacio. Recuerda que llevas una mochila a la espalda y si aumentas el ritmo cuesta abajo tus rodillas sufrirán.



Al final del descenso, campos de girasoles y un paisaje un poco más verde (sólo un poco) me acompañó hasta el pueblo de Itero de la Vega, al que se llega al poco de cruzar el cauce del río Pisuerga, límite con la provincia de Palencia. Este puede ser un buen fin de etapa para peregrinos que vengan de Hornillos del Camino, pues cuenta con todos los servicios.



Allí repuse fuerzas, analicé la ruta y dejé a las alemanas en compañía de otra compatriota a la que llamé Angela. Yo quería recorrer más camino.

Y menos mal... 

El siguiente hito es Boadilla del Camino. El trayecto se desarrolla por una ancha senda de grava blanca que refleja el sol inmisericorde. No hay sombras, no corría una gota de aire, se acercaba el medio día...



En ese momento me adelantó un japonés que calculo (a ojo), mediría un metro y medio y no llegaría a 50 kg. Iba como una moto mientras repetía sin cesar: "Too much hot... too much hot..., Too much hot". Ese día lo bauticé como Yosimura, al día siguiente creo que era Yamamoto y resulta que finalmente creo que se llamaba Yosimoto, ¡casi!.

Empezaba a estar harto de sol, calor y calamidades varias cuando por fin llegué a Boadilla del Camino, final de etapa para muchos peregrinos, pues cuenta con todos los servicios y un albergue ¡con piscina!.



Ese día sí que iba con el grupo mayoritario. Paré en un bar con una amplia terraza y me puse a contar mientras me bebía una cerveza:

12 Italianos (6 de ellos sardos a juzgar por las banderas de sus bicis).
10 Estadounidenses.
9 Franceses
4 Ingleses.
3 Canadienses.
3 Alemanas (acababan de llegar).
3 Coreanos.
2 Taiwaneses.
2 Australianos.
2 Japoneses.
2 Mudos o inclasificables.
Yo.

Bien, muchos de ellos allí se quedaron, yo continué, mi destino era Frómista y ya faltaba poco. Allí dejé a una familia de estadounidenses de Denver y origen o descendencia Indostaní con los que compartiría mucho tiempo en días posteriores. Hermosas personas.

A Frómista se llega caminando en paralelo, por un camino de sirga, al Canal de Castilla, lo cual puede ser agradable o... un puñetero infierno de mosquitos y demás insectos ponzoñosos que te hacen la vida imposible hasta que sales de allí y tras atravesar una esclusa llegar por fin a Frómista... lo malo es que el centro del pueblo está aún bastante lejos. Es increíble lo grandes que son las distancias del "ultimo kilómetro".

En el centro del pueblo está el Hotel San Pedro, una magnífica opción a muy buen precio para el descanso. Instalaciones modernas, habitaciones amplias y bien equipadas, en fin. Acerté.



Ducha rápida, ropa limpia y a disfrutar del final de una etapa que culminé a eso de las 13:45 horas. 

Tenía claro dónde iba a comer, en la Venta del Boffard, al ladito mismo de la Iglesia de San Martín. Buena cocina, exquisito trato, abundantes raciones, buenas materias primas y una decoración que premia al peregrino que allí llega.







Por cierto, el vermú estaba "de coña".



Tocaba siesta. El calor apretaba de veras y a la vuelta al hostal me encontré con el francés y la brasileña que llegaban desencajados a eso de las 4 de la tarde.

Por la tarde salí a pasear, en la iglesia de San Martín había un concierto de guitarra. Una experiencia preciosa, aunque demasiado recogida para mí en aquel momento.



Me tomé una cerveza en la terraza del Hotel... al lado mismo de la Venta Boffard y del Albergue. Allí estaban todos: las alemanas, los ingleses, los franceses, etc... ¡y el hombre impaciente!. Confieso que sentí una alegría perversa al saber que, al fin y al cabo, no pudo con más de esos pocos 25 Km.

En el hotel.... hay una cocina típica del peregrino, de la que hablé en su día. Yo caminé apenas 10 metros y cené, de nuevo, en la terraza de la Venta Boffard, dónde casi todo el público era español y lugareño.





Allí apareció al final de la cena el bueno de Ramón, el madrileño parlanchín, con su cámara y su intención de hacer un reportaje fotográfico de los pies en el Camino. Iba acompañado de D., un buen tipo que estaba buscando algo que se resistía a aparecer en su vida. Deseo que lo encontraras, de veras que sí.

Me contaron que habían hecho el trayecto desde Hontanas, parando un buen rato en Boadilla del Camino, para acabar llegando a Frómista a eso de las 19:30. Yo no soy partidario de hacer eso, prefiero llegar al destino "a la hora de la comida" y ya no preocuparme de caminar por la tarde, que empleo en descansar, hacer la colada y conocer el lugar.

Hora de dormir, la siguiente etapa iba a ser "un paseo", apenas 19 Km. hasta Carrión de los Condes. Por cierto, escuchad a un alemán intentar decir Carrión de los Condes sin echaros unas risas, ya veréis que difícil es.



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