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Camino de Santiago, Etapa 16: Calzadilla de la Cueza - Sahagún de Campos

Entre Calzadilla de la Cueza y Sahagún trascurrre otra etapa corta y tranquila, previa a una mucho más larga. Salimos de Palencia y entramos en León.

Distancia: 19 Km.
Tiempo empleado: 4 horas.
Incidencias: ninguna.
A tener en cuenta: Nada, es una etapa muy fácil

Me levanté tranquilamente, había descansado muy bien. Una ducha y a desayunar.

Ya se habían ido todos, aún no era de día y ya no había nadie. Desayuné tranquilamente, en la sala sólo estaban las mochilas de los que viajan sin ellas mientras pagan a alguien para que se las transporte al lugar de destino. No tengo nada en contra de ello, cada uno viaja como quiere y no todos los que hacen el Camino lo hacen como peregrinos y mucho menos pensando en sufrir más penurias de las necesarias. Para muchos, esta es una ruta de ocio, cultura y gastronomía y es indudable que se disfruta más sin peso a la espalda.

Si te interesa, yo si iba con mi mochila al hombro.






Comencé a caminar a eso de las 08:30, el día pintaba mucho mejor que los anteriores. La etapa no tiene mayor dificultad, ni siquiera es larga y, lo más importante, había nubes y la temperatura era cuatro o cinco grados inferior a la de los días anteriores. Es impresionante lo que influye, ¡parecía flotar!, iba devorando kilómetros sin esfuerzo, sin sufrimiento... serenamente.

Y de nuevo solo. Me sentía bien, ya tenía lo que había ido a buscar esos días; ese sentimiento de soledad, de insignificancia, de olvido de problemas que no lo son. Cada vez que voy al Camino es lo que recibo, una renovación, una nueva forma de ver la vida y de darte cuenta de lo que importa y lo que no y, a la vez, de lo pequeño que es el ser humano y lo grande que es la Humanidad.






Durante muchos siglos otros lo han hecho, han caminado hasta el fin del mundo para morir y volver a la vida más puros. Algunos incluso se hacían lápidas para reflejar esa muerte allá dónde el sol cae sobre el mar y luego cambiaban su nombre. Algunos iniciaban el camino como aprendices y lo concluían como maestros canteros y de las piedras del Camino aprendían interpretando sus símbolos. Una capacidad que hemos perdido hace ya demasiado tiempo.

Se suceden las poblaciones, Ledigos y Terradillos de los Templarios (de nuevo el nombre de la orden que tanto hizo por la consolidación de la ruta jacobea a través de sus puestos en defensa de los peregrinos), que atravesé sin mirar atrás, sin pararme a descansar, iba cómodo, rápido... de las puertas de sus albergues o sus bares aún salían los últimos peregrinos, indefectiblemente extranjeros, los españoles madrugamos mucho más porque queremos acabar las etapas a la hora de comer, ellos no, salen más tarde, comen antes que nosotros a media etapa y llegan por la tarde, a tiempo para ducharse y estar descansados para una cena temprana, su gran comida del día.

Al final decidí parar en Moratinos, en el Hostal Moratinos, un coqueto lugar a desayunar algo y comprobar como iban evolucionando las heridas. Me encontraba muy bien, fuerte y sin dolores, aunque iba marcado. No paré mucho tiempo, pero tome nota el lector de que puede ser un final de etapa interesante desde Carrión de los condes si las fuerzas se lo permiten y puede hacer una etapa larga. El pueblo es pequeño, pero hay oferta hostelera.







No pain, no Glory
Me acercaba a Sahagún y al final de las etapas de este año. Habían sido pocos días, en Madrid me esperaba mi mujer, embarazada de nuestra hija y tenía ganas de volver a verla, pero, a la vez, sentía el dolor que siente siempre el peregrino cuando se va. Uno quiere que ese idílico mundo en el que sólo importa satisfacer las necesidades vitales más básicas mientras alimenta el alma y el espíritu con lo mejor, durase para siempre. No es así.

Antes de llegar a Sahagún el Camino se desvía para contemplar los restos de la ermita de la Virgen del Puente y allí, a pocos metros, me detuve a contemplar una espiral, un juego de la oca que, sin duda, algún peregrino había hecho. Desconozco si conocía el significado más allá de ese juego de mesa que dicen que trajeron los francos a estas tierras y que, cargado de simbolismo, habla de puentes y ocas, de los peligros del Camino, de la muerte y de volver a empezar. No sé si el que lo hizo sabía que las ocas se llevaron el alma de los muertos, no sé si sabían que la espiral es un símbolo ancestral de la perfección, la vida, la resurrección... Pero creo que sí, creo que sabían que en la catedral de Chartres hay un laberinto (¿o es una oca?), creo que sabían que Rioja un día fue Rio Oca y que, en definitiva, hubo un día en que los Gigantes jugaron a la Oca.











Fue allí, justo en las ruinas de la Ermita dónde de nuevo me encontré con mi adorable familia  estadounidense que me recibieron con una gran sonrisa. Caminamos juntos hasta Sahagún  por uno de los accesos más feos de todo el Camino. Yo me quedé en el hotel Domus Viatoris ellos siguieron hacía el albergue.

Era muy pronto, poco más de medio día. La habitación era perfecta en un entorno espantoso. En serio, el exterior del hotel era un cementerio de tractores y hacía Sahagún un puente sobre las vías del tren. En fin, el caso es que la habitación era perfecta: amplia, limpia, moderna, cómoda... puse orden en mis cosas, me duché y lavé la ropa y me fui al pueblo a comer.

Era día de mercado (juraría que era viernes) y estaba a tope de gente. En la plaza me volví a encontrar con Ramón, pensaba que no volvería a verle. Me contó que D. le había dado esquinazo, a él y a todo el mundo, nadie le había visto salir, de hecho nadie parecía ser consciente de que hubiera dormido en el albergue de Ledigos, quizá salió de noche para seguir solo. En fin, deseo de veras que tu alma torturada encontrara algo de paz.

Nos tomamos una cerveza, resulta que era el cumpleaños de Ramón y pensaba irse por la noche a un pueblo cerca, que estaba de fiestas, al día siguiente volvía a Madrid, como yo. Le dije que me lo pensaría, supongo que siempre supo que lo dije por ser amable, no pensaba moverme de allí. De nuevo nos despedimos, nos dimos los teléfonos y quedamos en volver a hablar a la vuelta, pero eso no ha ocurrido.

Busqué algún sitio decente para comer, pero no fue fácil, o estaba lleno o era muy turístico o no me gustaba. Me encontré, de nuevo con mis americanos indostanís de Denver, estaban comiendo en una terraza, me pidieron que les acompañara, pero les dejé, quería comer solo. Nos despedimos, les deseé buen Camino y les dí alguna información útil de las etapas venideras, sobre todo les hablé del Barrio Húmedo de León.






Finalmente comí en el restaurante del Hostal La Codorniz y realmente fue muy agradable. Puerros típicos de Sahagún, cabrito y un buen Prieto Picudo reconfortaron mi cuerpo.
















Al hotel, tocaba colada y echar siesta. Volví a salir de paseo por el pueblo, comprobé las ruinas de un pasado esplendor, cuando albergó las más grandes abadías e iglesias del Camino, construidas con ladrillo (a falta de piedra en la región) y con manos mudéjares. Más tarde busque algo para cenar, pero no me motivó de lo que ví luego, tan poco que me acosté sin cenar.



Al día siguiente volví a Madrid, Sahagún es un buen lugar para comenzar o terminar un tramo del Camino, está muy bien comunicado por tren y tiene buena oferta hostelera y de servicios. Es un poco el final de la Tierra de Campos, a partir de ahí el paisaje cambia poco a poco. Entramos en León, en un par de días estaremos en la capital, en cuatro en la Maragatería, en seis en el Bierzo y en ocho en Galicia, dónde un paisaje más benigno nos acompañará en nuestras últimas etapas.



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