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LO QUE AMENAZA A LA GRAN BARRERA DE CORAL

Dicen que la Gran Barrera de Coral australiana es el equivalente oceánico a la selva amazónica.

Hasta 400 tipos de coral aportan los nutrientes necesarios para concentrar una biodiversidad asombrosa que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981.



El mayor arrecife de coral del mundo

La Gran Barrera de Coral es el arrecife de coral más grande del mundo, el ser vivo más grande de la Tierra, compuesto por alrededor de tres mil arrecifes individuales y novecientas islas a lo largo de 2.600 kilómetros, con un área de 344.400 km², por eso puede ser distinguido desde el espacio.

El arrecife está situado en el Mar del Coral, frente a la costa de Queensland al noreste de Australia y gran parte de él está bajo protección del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral.

Además de unas 400 especies de coral, la Gran Barrera de Coral es un hábitat para gran cantidad de especies: se estima que hay unas 1.800 especies distintas de peces, 125 de tiburones, más de 5000 especies de moluscos, y otras en peligro de extinción como el dupongo y la gran tortuga verde, entre otras muchas.

Los cocodrilos de agua salada viven en los pantanos de manglares y en la costa cerca del arrecife, así como nueve especies de caballitos de mar registrados.  

También visitan el arrecife  215 especies de aves como el águila de mar de vientre blanco y el charrán rosado.

Asimismo, las islas de la Gran Barrera de Coral cuentan con 2.195 especies de plantas conocidas. Tres de ellas son endémicas.  

Igualmente, diecisiete especies de serpiente de mar viven en la Gran Barrera de Coral en las cálidas aguas de hasta 50 metros de profundidad.



Amenazas medioambientales                

Las amenazas medioambientales que sufre la Gran Barrera de Coral son varias y van desde la baja calidad del agua (contaminada por escorrentía con sedimentos, exceso de nutrientes y pesticidas y con fluctuaciones en el nivel de salinidad) hasta los efectos del cambio climático (con el aumento de la temperatura) pasando por el  crecimiento en las poblaciones de acantáster púrpura (una estrella de mar que de adulta puede comer más de seis metros cuadrados de corales vivos en un año), la pesca (que modifica la cadena alimenticia) y el transporte marítimo (que puede causar derrames de petróleo o manejo inadecuado de las aguas de lastre).

Los expertos consideran que la Gran Barrera de Coral se ha visto seriamente afectada por el calentamiento global que incide sobre el planeta dado que los corales son especies muy sensibles a los cambios de temperatura del océano. De hecho, varios de los corales de la barrera viven en la actualidad en el máximo nivel de temperatura que pueden soportar, como lo demuestran los sucesivos ?blanqueos? que se han producido en varios veranos.  

La mayoría de los científicos que estudian la problemática opinan que el cambio climático es una amenaza masiva para el futuro de la Gran barrera de coral. Un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, formado por los principales expertos en clima del mundo, afirma que la barrera se encuentra en un grave peligro y que para 2030 estará prácticamente extinta, y advierten que el blanqueo de corales ocurrirá todos los años.

De hecho, consideran que un aumento de la temperatura de dos a tres grados centígrados podría causar que se blanqueara el 97% de la Gran barrera de coral cada año, e incluso, una devastación total.

El cambio climático también afecta a otras formas de vida en la Gran barrera de coral: algunos peces migran en busca de nuevas zonas para vivir, lo que causa la muerte de gran cantidad de los pichones de las aves marinas que se alimentan de los peces. Las temperaturas elevadas también afectan a las tortugas marinas, ya que su sexo se determina por la temperatura y al ser consistente disminuyen las posibilidades para la reproducción. El tamaño del hábitat de las tortugas también está disminuyendo.



La sobrepesca insostenible de especies claves, como el Charonia tritonis (una caracola marina) y los tiburones, pueden alterar las cadenas alimenticias vitales para la vida en el arrecife. La pesca también impacta el ecosistema por la contaminación que causan los botes, la pesca accidental de otras especies (tales como delfines y tortugas) y la destrucción del hábitat consecuencia de la pesca de arrastre, las anclas y las redes que colocan los pescadores.



Los accidentes de navegación también son un problema constante, ya que muchas rutas náuticas comerciales atraviesan la Gran barrera de coral. Se estima que alrededor de seis mil naves de más de cincuenta metros de largo usan el arrecife como ruta.

En esta ruta naval, cercana al arrecife, se producen choques, hundimientos, desperdicios de los barcos que la atraviesan y  especies extrañas descargadas en las aguas de lastre de los buques, lo que constituye una amenaza biológica para la barrera. Todo ello sin contar con el derrame de combustible que se han producido de los barcos. 

Los ciclones tropicales también son una causa de perturbación ecológica para la Gran barrera de coral.

Pérdida de la mitad de los corales en menos de 30 años

Un estudio reciente, realizado por el Instituto Australiano de Ciencia Marina, dijo que el ritmo de los daños al arrecife de coral se ha acelerado desde 2006 a causa sobre todo de los ciclones y tormentas severas (34 en total desde 1985) y por una especie de estrella de mar invasiva conocida como corona de espinas (alcantáster púrpura).

Los investigadores añadieron que la capacidad del coral para recuperarse estaba siendo perturbado por un aumento de la acidez de los océanos asociados con la contaminación.

Esta destrucción en conjunto preocupa profundamente ya que implica la pérdida de hábitat para las decenas de miles de especies asociadas con los arrecifes tropicales.



El otro fenómeno resultante del aumento en las emisiones de gases de invernadero es la acidificación. Los océanos han absorbido cerca de un tercio del dióxido de carbono (CO2) emitido, volviéndose más ácidos.



El CO2 reacciona con el agua formando ácido carbónico y haciendo que disminuya el carbonato de calcio disponible, un elemento esencial para que organismos marinos, desde almejas a erizos, puedan formar sus esqueletos y conchas.

En los últimos 300 años el pH de los océanos era ligeramente alcalino, con un promedio de 8,2. Actualmente es de cerca de 8,1, una caída de 0,1 unidades de pH, lo que representa un aumento de cerca de 25% en acidez en los últimos dos siglos.

Los investigadores concluyen que en menos de treinta años se han perdido la mitad de

 los corales de la Gran Barrera australiana.

Otros estudios revelan también la misma suerte para los arrecifes de coral del Caribe.

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