¿Y tú qué eres, zanahoria, huevo o café?

Tod@s en algún momento de nuestras vidas hemos tenido que pasar por situaciones duras, críticas, dolorosas. Momentos en los que la fuerza parece que se acaba. Situaciones en las que parece que flaqueamos y queremos tirar la toalla. Experiencias que nos dañan, nos aniquilan, nos torturan, nos marcan de tal forma que sentimos que ahí llega nuestro punto final.




Pero... ¿Qué es lo que marca la diferencia entre cada uno de nosotr@s? La forma de afrontar los problemas.

Problemas tenemos cada uno de nosotr@s, la única diferencia es como resolvemos y nos anteponemos a esas adversidades. La capacidad de resiliencia que tenemos, el espíritu de lucha, y por supuesto, la originalidad a la hora de buscar soluciones a nuestros problemas.

Hace ya algún tiempo, me contaron una linda historia que refleja una lección muy sabia para aprender a enfrentarnos a las adversidades. Espero que les guste tanto como a mí.

Una joven llegó angustiada a casa de su abuela. Cabizbaja y llorando.

- ¡Abuela, me siento fatal! Siento que todo me sale mal. Estoy a punto de tirar la toalla. Cada vez que intento reponerme de un golpe, parece que la vida me da otro más fuerte detrás.

La abuela escuchaba con atención a su nieta, pero sin decir ni una sola palabra. Se levantó del sofá, salió de la sala de estar y se dirigió en silencio hacia la cocina.

La nieta mientras tanto, continuaba su discurso desesperanzado, persiguiendo a su abuela por toda la casa. Se sentó en la cocina sollozando, mientras veía a su abuela como metía zanahorias en un cazo, huevos en otro, y finalmente granos de café en un último caldero.

Dejó cada recipiente al fuego, esperando que el agua hirviera, y mientras tanto contemplaba el rostro triste y melancólico de su única nieta.


Pocos minutos después, cada caldero comenzó a hervir.


La anciana, con la paciencia que le caracterizaba, comenzó a sacar cada uno de los ingredientes que había introducido en los diferentes cazos.


- ¿Qué ves? - le cuestionó la abuela.


- Pues veo zanahorias, huevos y café. - afirmó la nieta.


La anciana le pidió que se acercara y tocara cada uno de los elementos que había metido en el caldero. La joven tocó uno a uno, mientras la abuela le explicaba:



- Expusimos a los tres elementos a una misma adversidad: el agua hirviendo. Todos pasaron por el mismo proceso. ¿Y qué sucedió?


La zanahoria entró en el caldero dura, fuerte. ¡Fijate qué poca consistencia tiene tras entrar en el agua hirviendo!
En cambio, el huevo era muy frágil. ¡Míralo ahora! Tras pasar por el caldero se endureció.
Pero en cambio, el café era diferente, era único. El café fue el único que no solo consiguió mantenerse en su mismo estado, sino que también logró cambiar el agua.


Ahora Cupider@ debes preguntarte ¿Tú como eres ante las adversidades? ¿Cómo reaccionas ante los problemas? ¿Eres zanahoria, huevo o café?




Recuerda Cupider@ que quien quiera ver el arcoíris, deberá estar dispuesto a vivir la tormenta.


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