seduce despacio mi piel incolora e insípida,
seca bruscamente el resto del llanto que me queda,
ahoga el sollozo que se quiebra entre mis huesos
Suspira lentamente en mi rostro, detente un segundo,
dibuja fragancias al compás de tu respiración,
entrelaza tus manos al movimiento de mi cabellera,
desnudame sin prisa ante la noche crepuscular
Desconozco la brisa que penetra mi espalda y dispara mis brazos,
la mañana fría que matiza los rayos del sol,
la luminiscencia de esta habitación que hace un tiempo las sombras intimidan...
Desconozco el sentir que tu ausencia no disfraza mis ojos,
que no opaca el amanecer inquieto,
que no quema mis entrañas
Oír tu voz al extraviarme en el vacío,
que me guía a lo efervescente de mis venas,
estorbando mi ceguera...
Y al no oírte más, no te sentí,
no dentro de mi, como cual noche dentro de lagrimas
No volví a pisar tus pasos, a atravesar tu carne,
no habite en tu ausencia,
en la encrucijada de los hilos atrapados en mi memoria,
no vestí de querer lo que ya no era más que viento;
porque aunque aún me roce,
no desea mis ataduras,
porque aunque lo mantenga dentro de mi un segundo,
me obliga a expulsarlo mientras la última luz de esta noche se esfuma.