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Hombres, mujeres y niños


Jason Reitman ya estuvo en el Festival de Cine de Gijón hace siete años, allá por 2007, y ganó el Premio del Jurado Joven. Presentaba Juno, aquella comedia indie adolescente que supuso todo un destello en el panorama cinematográfico del momento, con una Ellen Page fantástica en el papel protagonista, unos diálogos hilarantes y una dirección sencilla, pero atractiva. Porque, al fin y al cabo, es este último factor el que identifica el cine de este realizador canadiense de tan solo 37 años: su tratamiento nada excesivo, siempre delicado y simplista, dejando que el guión y las interpretaciones construyan la película sin necesidades preciosistas con respecto a la fotografía o el montaje.

Tras Una vida en tres días, drama inspirado en la novela de Joyce Maynard con el que Jason cambiaba radicalmente de registro, pasándose de la sátira independiente y la comedia dramática al melodrama romántico y la intriga, con Hombres, mujeres y niños el director vuelve a su parcela habitual, que con tanto mimo había ido regando durante sus primeras cuatro películas. Reitman retoma su discurso (relativamente) ácido en Hombres, mujeres y niños, una película sobre el daño que nos han hecho Pornhub, Whatsapp, los juegos online y/o las páginas web de citas.



Reitman se equipa, como es habitual, con un gran reparto (Adam Sandler está fantástico, todo sea dicho) y un guión bien solventado. En la película, como el propio título indica, hombres, mujeres y niños de clase media sobreviven en una era digital complicada para el ser humano social de antaño, en verdadero peligro de extinción. El principal acierto del relato es su buen hacer con respecto a las diferencias generacionales, planteando a personajes de muy diferentes edades, con roles muy distintos, inmersos en etapas de la vida difíciles (la adolescencia, cruel; el matrimonio, aburrido; el amor, no siempre correspondido). Podríamos estar hablando de un relato absolutamente realista aplicable a cualquier época, pero que, sin embargo, cuenta con un distintivo que, a la vez, funciona como nexo entre las diferentes tramas independientes, y que lo hace necesariamente actual: la comunicación digital.

En una frase: Reitman carga las pilas y rueda una película muy atractiva que, si bien termina siendo ligeramente conservadora, tiene un muy divertido (y reflexivo) desarrollo. Pelayo Sánchez

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