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Crítica: ¡Qué guapa soy! – Una comedia que busca celebrar la autoestima

Hace poco más de un año el mundo (misógino) 2.0 ardió cuando se dio a conocer que Amy Schumer interpretaría a Barbie en la versión live-action del personaje. El espolio surgió porque según la opinión de muchos, la comediante no cumplía con los estándares de belleza característicos de la muñeca (!) de plástico (!) de Mattel. Amy Schumer no comentó nada al respecto, a pesar de defender constantemente sus curvas y la idea de que ella no encaja en los patrones de belleza impuestos por Hollywood; al contrario, un par de meses después abandonó el proyecto “por conflictos de calendario”. La respuesta de la comediante tardó en llegar pero finalmente tiene algo que decir a los que le hicieron body shaming: ¡Qué guapa soy! (I Feel Pretty). Se trata de una comedia cuya intención es celebrar la autoestima y la confianza personal pero los resultados no son del todo lúcidos.

¡Qué guapa soy! se trata de la comedia anual de Amy Schumer, que sigue en cartelera. Nosotros la hemos visto, ahora aprovechamos para comentar sobre ella.



Entre mordaz y tontorrona

Uno de los inconvenientes que presenta ¡Qué guapa soy! es que no termina de definir su tono. Primero, parece manejar un estilo mordaz; con una mirada de directa a la rudeza con que la sociedad suele tratar a las mujeres “poco agraciadas”. Renee es víctima de aversión y malas caras incluso por parte de otras mujeres; así nos deja claro que ha sido agraviada por estos señalamientos por mucho tiempo; quebrantado su autoestima. Cuando parece que ese es el enfoque de la historia, un humor negro, cargado de la realidad más amarga, hay un giro de guión. La película se torna más inocente, e incluso fantasiosa; Renee, pide un deseo: ser guapa y por “arte de magia” un día despierta sintiéndose la mujer más atractiva del mundo.

El guión parece una extraña combinación entre el glamour y la comedia negra de El diablo se viste de Prada y la inocencia de cualquier película de los noventa, específicamente Big; que hasta de hecho hay un guiño a la película de Tom Hanks.

De nuevo la película recorre a un humor descarado, físico, visto en trabajos previos de Schumer como Esta chica es un desastre; lo cual parece ya su sello personal en sus películas. Un poco reírse con ella, un poco reírse de ella. Y por último, el tercio final de la película aborda (de manera previsible) un final inocente, edulcorado, incapaz de sentar la voracidad que prometía la historia en sus primeros veinte minutos.



¡Qué guapa soy! o una moraleja deslucida

Gracias a esa dualidad de tono la película dirigida por Marc Silverstein y Abby Kohn pierde la oportunidad de trasmitir una moraleja (ahora más que nunca) necesaria. Sus intenciones se ven truncadas.

Vale destacar la apuesta del guión. Renee, la protagonista, desea ser guapa. Acto seguido, su apariencia no cambia, como suele ocurrir en estas películas sobre patitos feos, es su perspectiva lo que cambia. Aunque Renee sigue luciendo igual, ella se ve como la mujer más atractiva del mundo; su personalidad cambia, se siente más segura de sí misma, más capaz y enseguida su vida toma un vuelco en base a su nueva actitud.

La idea de que “no importa el físico sino la actitud” es de aplaudir; también el mensaje la autoestima y la seguridad en una misma. Pero hay momentos donde esa seguridad se torna excesiva, y el personaje se vuelve irritante. Esa seguridad exagerada también puede resultar perjudicial.



Amy Schumer a por todas

Cuando el primer avance de la película fue publicado, las redes sociales ardieron. Amy Schumer debe estar acostumbrada. Fue tanta la polémica que su distribuidora en Estados Unidos aprovechó el boca a boca y la estrenó tres meses. Les funcionó porque consiguió casi $ 85 millones frente a un presupuesto de $ 30 millones.

Mientras algunos soltaban pestes sobre la comediante y el desparpajo de Schumer a la hora de mostrarse con poca ropa, otros criticaban la doble moral de contar una historia sobre una mujer “gorda y fea” teniendo a Amy Schumer de protagonista que no es tan gorda y al contrario es guapísima. ¡Ese es el punto! y por eso, sin yo ser fan de la comediante, reconozco que es lo mejor de la película.

En ningún momento se refieren a Renee como fea, simplemente no luce como “las chicas normales”, es decir, altas, escuálidas y respingadas y solo por ello la hacen sentir menos; por eso ella se siente menos. Y honestamente la comediante nunca ha estado mejor. Borda la comedia como siempre lo hace, pero sus escenas más potentes son las que reciben mayor carga dramática; muchas frente al espejo. Ella está fantástica.

Un elenco acertado

Una vez más Amy Schumer se reúne con un elenco de diez. Tal como lo hizo en Esta chica es un desastre que se benefició de tener a un lado a un maravilloso Bill Hader y contar con secundarios maravillosos como John Cena, Marissa Tomei y Daniel Radcliffe; ahora contó con Rory Scovel, como el interés amoroso de Renee, un hombre que también se siente inseguro de su físico; Busy Phillips y Aidy Bryant como las mejores amigas de Renee; Emily Ratajkowski en un personaje que solo aparece para dejar claro que las chicas guapas también sufren.

Sin embargo, el otro gran acierto interpretativo es Michelle Williams quien deja el drama en mucho tiempo; y se embarca en un personaje que pese al material con el que cuenta lo da todo frente a la cámara.

Es una lástima que ¡Qué guapa soy! deje escapar la oportunidad de contar una historia con un mensaje contundente y necesario que daba para más.

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