Granito, agua y tradición: rincones sagrados y una arquitectura singular en la Sierra de Francia
© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO
No hacía falta ser muy espabilado para poner a La Alberca el nombre que los árabes le dieron: Al-Bereka, que significa “depósito de agua”, “estanque”. Porque agua a raudales es lo que baja por las calles de La Alberca cuando llueve. Cuando no, y si el cambio climático no viene a enmendar la plana, el agua le brota a La Alberca por una red de fuentes de las de caño gordo y caudal fresco. Es, desde luego, una de sus mayores riquezas. Pero no la única. Ni mucho menos.
Porque esta localidad salmantina se ha convertido en las últimas décadas en una de las puertas de entrada más recurrentes de quienes visitan la Sierra de Francia. Y ahí supo encontrar otra de sus riquezas: mientras en otros lugares la modernidad alentaba el derribo, ladrillo y hormigón, La Alberca enseguida fue consciente de que su cara de siempre, la que durante siglos había configurado una forma de construir propia, anclada en la tradición, un aislamiento secular y en los imperativos del área serrana en que se halla, era, también, su mejor carta de presentación.
Pinturas rupestres en Las Batuecas
Y como no todo ha de ser entramado de maderas y piedra, olor a chacina, bordado artesano y tradición, a las afueras de la localidad, de hechuras más contemporáneas, aguardan también dos lugares de visita imprescindible: la Casa del Parque, con información del Parque Natural Las Batuecas-Sierra de Francia, y el Centro de Interpretación de los grabados rupestres y el convento de San José de Batuecas (tel. 923 41 52 91). Este último acondicionado por la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. Su recorrido es una lección amena que ayuda a descubrir cómo los primeros habitantes de la sierra llegaron a ella mucho antes que los árabes: las evidencias de ocupación ancestral abundan en forma de castros en varios lugares, pero destaca de una manera especial el conjunto de pinturas rupestres localizadas en el vecino valle de Las Batuecas. Diseminados en diferentes paneles rocosos, se rastrean allí más de 30 abrigos con pinturas, conformando uno de los más densos y notables conjuntos de Arte Esquemático Típico de la península Ibérica, realizados durante la Edad del Bronce. Otro de los secretos que atesora el valle, su conjunto de eremitorios nacido al rebufo del asentamiento allí del monasterio carmelitano de San José en el siglo XVII, también queda al descubierto en el paseo por las diferentes salas. Tanto que en una de ellas, incluso, hay que pasar de puntillas, entre la alacena y el camastro de un monje que reza de hinojos, en la ermita de San Elías, para no romperle su meditación.
La montaña sagrada
El otro rincón sagrado imprescindible de la sierra, de hecho sobre el que pivota la vida espiritual de una buena parte de las provincias de Salamanca y Cáceres, es la mole montañosa, visible desde muchos kilómetros a la redonda, en cuya cúspide se localiza el santuario y convento de Nuestra Señora de la Peña de Francia.
La leyenda que dio origen a su fundación dice que en 1424 una aparición profética a una joven de Sequeros, la Moza Santa, le reveló el cercano descubrimiento de una imagen de la Virgen oculta en alguna covacha de la Peña. Poco después tiene lugar en París de nuevo otra aparición de la Virgen, esta vez ante un estudiante llamado Simón Roland, al que pide que deje todo para comenzar la búsqueda de una imagen suya animando su deambular errático con la frase: “Simón, vela y no duermas” a partir de la cual Simón será conocido en estas tierras como Simón Vela. Después de buscar durante siete años terminó Simón por acompañar a unos peregrinos hasta Santiago de Compostela decidiendo después continuar la peregrinación por el Camino del Sur. Ya en Salamanca, tras seguir a un grupo de carboneros serranos que se dirigían hacia San Martín del Castañar, acaba por coronar los empinados riscos de la Peña de Francia pasando allí tres noches, después de las cuales una nueva aparición de la Virgen le pronuncia otra vez la frase “Simón, vela y no duermas”, señalándole ya definitivamente la gruta donde permanecía oculta su imagen: una Virgen negra con Jesús en brazos. La que descubrió Simón Vela fue venerada durante siglos hasta que la Desamortización vació el lugar y la imagen comenzó a recorrer unos y otros pueblos terminando por desaparecer el 17 de mayo de 1872. Aunque devuelta 17 años después, era tan malo su estado que se decidió tallar una nueva -la que ahora se venera en el santuario- e introducir en su interior los restos de la auténtica.
EN MARCHA
La localidad de La Alberca se localiza al sur de la provincia de Salamanca, muy cerca del límite con la de Cáceres, en el corazón de la Sierra de Francia. El acceso al valle de Las Batuecas se puede realizar desde La Alberca continuando por la carretera en dirección a Las Mestas. La carretera de ascenso al santuario de la Peña de Francia se puede hacer desde un desvío que arranca entre El Cabaco y El Casarito.
LA ALBERCA. www.laalberca.com. Oficina de turismo: tel. 923 41 52 91.
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