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Hoy quiero compartir; un relato.

Hoy quiero compartir; un relato.

Hola, ya estamos a martes, y a pesar del frío, las ciclogénesis y la nieve aquí estamos, pasando un invierno que vuela, a pesar de todo vuela.

La verdad es que llevo una temporada en la que me cuesta un poco más actualizar y para hoy no tenía ningún post preparado, así que se me ocurrió poner un relato mío, uno distinto del de el otro día, menos triste y de otro estilo.

Por mi falta de tiempo e inspiración no tengo nada reciente, así que he buscado entre los cuentos que voy guardando y he encontrado uno que había escrito para un certamen de relato histórico, al igual que el que puse el otro día, y que al final no envié.

Lo he elegido porque es corto, la mayoría de los que tengo que se pueden publicar son muy largos, así que he cogido este. Cuando tenga tiempo me gustaría perfeccionarlo, porque sé que está poco pulido, pero bueno, creo que para entretener un rato sirve. Y sin enrollarme más os lo pongo, a ver si os gusta.

                        Pasos en la niebla.
Los pasos de Rose retumbaban en el empedrado suelo;no había ni un alma en toda la calle y la niebla hacía horas que lo envolvía todo.                                     

La muchacha  estaba furiosa con George, su prometido, y jamás podría perdonarle que no fuesen a celebrar su boda en la iglesia de Santa Margarita, la de la abadía de Westminster, con invitados ilustres y un convite digno de  su estatus. Parecía mentira que después de todas las puertas a las que había llamado su padre, ahora el muy niñato dijese que quería una boda sencilla.

 Rose estaba tan furiosa que no reparaba en nada de lo que sucedía a su alrededor. Llevaba toda la noche fuera de casa; primero había ido a un pub en Brick Lane, y había pasado allí más de dos horas. Le habían servido una buena cena en el reservado y había estado charlando con un caballero durante un buen rato. La verdad es que solo lo había hecho para sentirse mejor consigo misma y demostrarle a George que no lo necesitaba y podía hacer amigos cuando quisiera. 

Después había dejado el pub y se había metido en un laberinto de callejuelas que no conducían a ninguna parte y había deambulado de acá para allá, pero al final se había despistado pues la niebla le impedía ver más allá de dos palmos.

   

No entendía por qué se había dirigido a Whitechapel, pues sabía perfectamente que se estaba convirtiendo en un lugar demasiado peligroso para una mujer sola, pero durante unos momentos se había sentido tan furiosa que había perdido completamente la noción del tiempo y de la distancia.

Aquella madrugada del nueve de noviembre de 1888 Rose estaba replanteándose su vida. 

                                                                                         

A la mañana siguiente iba a celebrarse el Lord`s Mayor Day, esa presentación del alcalde a la cual estaba invitada, pero que aborrecía y deseaba con todas sus fuerzas encontrar una buena excusa para poder declinar la invitación. Debía encontrar la manera de librarse de la ceremonia y debía aclarar muchas cosas con su prometido, estaba cansada, saciada y aburrida de la vida que llevaba.

  A pesar de que estaba ensimismada pensando en sus cosas, se dio cuenta de que en algún momento algo había cambiado y el retumbar de sus pasos ya no sonaba solo, había otros pasos que sonaban al compás de los suyos. 

Asustada y sin ver nada por culpa de la niebla echó a correr sin atreverse a mirar atrás. En realidad no sabía a dónde se dirigía, pero necesitaba escapar de allí.
                                                                      
Los pasos de su perseguidor cada vez sonaban más cerca y ella tenía tanto miedo que las piernas apenas le respondían. 

  

Y allí, en medio de la húmeda penumbra, sola y corriendo sin destino no dejaba de repetirse que era una idiota, tanto pensar en cosas banales y ahora estaba en un apuro del que no sabía cómo salir, si es que salía.                    

  

Llevaba unos minutos huyendo por esa maraña de calles estrechas y enrevesadas que no conocía cuando se dio de bruces contra un muro y descubrió horrorizada que estaba en un callejón sin salida.

El espesor de la calima era cada vez más palpable, el aire olía a miedo y a niebla, y en medio de esa nada que amenazaba con envolverla los pasos cada vez se acercaban más, con el corazón a punto de salirse del pecho y temblando y pensando que había llegado el último instante de su vida, Rose cerró los ojos para no ver lo que iba a suceder.

 De pronto, en la oscuridad,  los pasos se pararon y la muchacha sintió una voz delante de sus narices.

-       

-  -Disculpe señorita, ¿Esto es suyo?- Preguntó un caballero tendiéndole un guante.

Rose observó asombrada sin vislumbrar apenas nada, pero tras un largo momento en que logró que sus ojos se acostumbraran a la penumbra y ayudada por quien le hablaba, que se había movido para ser observado por ella, pudo comprobar que se trataba de un caballero de mediana edad y apariencia respetable que le tendía un guante que efectivamente era suyo.                            

                                                                   

El hombre vestía un abrigo oscuro y sombrero de ala ancha que le cubría gran parte del rostro y no había nada extraño en su aspecto.

                                        

Rose, sintiéndose una tonta por aquella carrera sin sentido tendió su mano para recoger la prenda que tal susto le había acarreado.

-      -Muchas gracias, caballero ? dijo la joven tímidamente.

-     -No hay por qué darlas ? respondió el hombre- .Llevo corriendo detrás de usted un buen trecho pero no podía alcanzarla. Supongo que la niebla lo dificulta todo.

-      -Supongo que sí, y le ruego me disculpe ?dijo Rose mucho más tranquila.

-   -No debería andar usted sola por este lugar, es peligroso.- Aconsejó el caballero ? Si quiere la acompaño a su casa.

-   -Muchas gracias ? respondió Rose agradecida ?me hace usted un gran favor, pues esta niebla me está poniendo nerviosa.

   

Y galantemente, el caballero acompañó a Rose a través de la niebla.   

Mientras caminaban por ese laberinto de callejuelas que momentos antes ella había recorrido a ciegas y corriendo sin mirar atrás, apenas hablaban, pues la muchacha estaba aún asustada y el caballero no sabía que decir.

  

Cuando ya llevaban recorrido un buen trecho el hombre, con muy buenos modales y en correctos términos, le prepuso a Rose que tomara un café en sus habitaciones. La joven estaba realmente sorprendida con semejante invitación, y por supuesto le había respondido que no creía que fuera prudente que una joven a punto de casarse fuese a las habitaciones de un caballero a tomar café, pero a pesar de la respuesta firme y de dejar claro que la invitación había sido declinada el hombre seguía insistiendo, aunque siempre cortésmente.

   

Rose estaba empezando a ponerse nerviosa, sus recursos se le acaban y no sabía cómo solventar aquella embarazosa situación, seguramente necesitaría ayuda pero miraba a su alrededor y sabía que estaba sola en medio de la niebla con un desconocido.

                                                                                           

El caballero seguía insistiendo mientras la llevaba hasta su alojamiento sin que ella supiera como oponer resistencia.

                                                                         

Cuando ya estaban a punto de entrar en un portal y a Rose se le estaban agotando las ideas para salir de aquel atolladero, sintieron pasos a sus espaldas, y una voz que gritaba entre la niebla;

-      

-  -Buenas noches, soy el agente de la policía Edward Badham. Estoy realizando una inspección de rutina y les ruego que se identifiquen -  dijo sosteniendo en alto una lámpara que iluminaba sus caras en la penumbra.

-       

-  -Me llamo Rose Jonesforud y ahora mismo me dirigía  mi casa ?dijo la muchacha rápidamente ? y este caballero me estaba acompañando, pero ahora él se queda aquí y yo le agradecería mucho que usted me acompañase el resto del camino, para no molestar más a mi amable amigo.

   

Mientras hablaba pudo captar en la penumbra una mueca de enfado en la cara del caballero, pero era demasiado educado o tenía demasiado miedo al agente para reprochar nada, así que se despidió galantemente y desapareció entre la bruma.   

  

Cuando Rose estuvo en su casa y empezó a pensar fríamente en el miedo que había pasado y la situación tan comprometida en la que se podría haber visto envuelta, ella, una joven de la alta sociedad a la que podrían dar de lado si algo de aquello salía a la luz,  se prometió a si misma que nunca más iba a ser tan impulsiva y se pensaría las cosas antes de tener otra pataleta.

  

A la mañana siguiente, con el corazón aún temblando,  se arregló para acudir a la presentación del alcalde, y mientras esperaba por su carruaje en la acera que había delante de su casa, pasó un niño vendiendo  periódicos.

- ¡Extra, Extra! ? Chillaba el muchacho ? Han encontrado otra víctima de Jack el destripador. ¡Extra, Extra!

Sin pensárselo dos veces, Rose sacó una moneda de su bolso y compró un ejemplar del periódico. Allí mismo, en primera página, venía toda la información. 
Al parecer, un asistente de la casera de la mujer asesinada la había encontrado en su habitación.  
 Por el momento no había más información, la policía estaba investigando.

  

Aquella misma tarde, después de la celebración a la que había acudido se enteró de que la investigación ya estaba cerrada. Un policía llamado  Edward Badham había tomado la declaración de un testigo que afirmaba haber visto a la víctima con un hombre de apariencia respetable cerca de la estación, él era el claro sospechoso, pero no iba a resultar fácil encontrarlo.

   

El diecinueve de noviembre Rose se puso su traje negro y acudió al cementerio católico de St Patrick`s Roman, al funeral de Mary Jane Kelly, la última víctima de aquel destripador. 
                                                                    

 Al finalizar la triste ceremonia, cuando todos se habían ido dejando que la pobre mujer descansara para siempre en la tumba número  66 de la parcela 10, Rose se volvió. Nunca supo por qué lo había hecho, solo recordaba que algo la había impulsado a hacerlo, y allí, entre la bruma y unas tumbas enormes estaba un hombre con abrigo oscuro y tocado con un sombrero de ala ancha que le cubría el rostro, y que le recordaba demasiado al caballero de la otra noche, aquel que le había devuelto el guante.
El hombre la miraba fijamente y sin mediar palabra se llevó un dedo a los labios, implorando silencio, y desapareció para siempre entre la niebla.

Bueno, pues esta es la historia. El nombre de la chica es inventado pero los hechos, las fechas, nombre del agente, la víctima, localizacione,datos del cementerio y demás son reales, concuerdan con las investigaciones de Jack el destripador.

Espero que os haya gustado o al menos no os parezca muy aburrido y nos vemos mañana.

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Hasta mañana!!!!!!!!!!!!!!!!!

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