Guerra versus Patrimonio Cultural.

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Como decía una de las grandes figuras políticas del siglo XX, el asesinado Presidente de los Estados Unidos John Kennedy: “El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad“. Y es que la guerra equivale a un final de la humanidad no solo en el sentido de la pérdida estúpida de millones de vidas, sino de la muerte de edificios y obras de arte consideradas como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Las noticias sobre la destrucción del patrimonio cultural de la humanidad por culpa de la contienda entre seres humanos no son nuevas ni, desgraciadamente, recientes. Pensemos, sin ir más lejos, en ese terrible conflicto en los Balcanes que hoy estudiamos en los libros de texto como la Guerra de Kosovo. En aquellos años malditos, a las puertas del siglo XXI, no solo se perdieron millones de vidas de militares e inocentes, sino que se aniquilaron para siempre muchas obras de arte, huellas de la cultura humana, de la época Bizantina.

Seguimos avanzando en el tiempo y los absurdos y constantes conflictos armados y nos topamos con la desgraciadamente famosa destrucción del Museo de Mosul, en Irak, ¿recuerda? El vídeo que difundió la ONU dio la vuelta al mundo y en él se mostraba cómo unos descebrados suníes extremistas destrozaban a mazazos algunas estatuas antiguas e irremplazables de las culturas sumeria y asiria. Las voces internacionales públicas y privadas no consiguieron acabar con la destrucción del patrimonio cultural, al contrario, dio pie a otros grupos extremistas para imitar esos actos de barbarie. En el año 2001, por ejemplo, no podemos dejar de mencionar la brutalidad de los líderes talibanes no solo contra la mujer - que también- sino con todo rastro de la genialidad del arte del ser humano cuando acabaron en dos minutos con esas estatuas milenarias llamadas “Budas de Bámiyán” en Afganistán.

¿La excusa para estos asesinatos impunes de la historia del arte? La limpieza cultural, borrar con hachas, mazos o bombas todo rastro de esa esencia real del ser humano que es crear, no destruir. ¿La realidad? El odio cerril e indiscriminado de unos seres humanos que confunden el arte con la ideología.

Destrucción del Patrimonio Cultural de la Humanidad, una prueba más de que en este loco mundo los extremistas de todas las razas, religiones y culturas solo desean una cosa: destruir todo lo que no encaje con sus estrechas y nada evolucionadas mentes.

Imagen:“Flickr - DVIDSHUB - Giant standing Buddhas of Bamiyan still cast shadows (Image 2 of ” by DVIDSHUB - Giant standing Buddhas of Bamiyan still cast shadows [Image 2 of 8]. Licensed under CC BY 2.0 via Wikimedia Commons.

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