Carta a mi amiga soltera, aquella que siempre espera...



Los hombres buenos están en peligro de extinción, mejor estoy sola que mal acompañada, los hombres nunca cambian, todos los hombres son iguales, no necesito un hombre para ser feliz; son expresiones que tu mi amiga soltera, has pronunciado más de una vez con dolor en tu corazón, decepcionada por quien prometió cuidarte y luego te lastimó.

Pero mi querida amiga, hoy tengo que decirte que eres esclava de tus palabras, de tu prejuicio, de tu inseguridad y tu rencor. Cada vez que converso contigo me abruma ver que los temas jamás cambian, te quejas de tu soledad, y te quejas de los hombres; te quejas de lo que la sociedad espera de tu apariencia, y te quejas de los hombres; te lamentas de las experiencias dolorosas vividas en tu pasado, y te quejas de los hombres; comparas tu vida con la de tus amigas casadas, tus amigas divorciadas y por supuesto la conclusión de todas esas historias terminan en quejarse de los hombres.

Sé que tu mayor anhelo es construir una relación duradera, estable, edificante, sé que deseas a un hombre que te desafie a ser una mejor mujer, un hombre maduro, que quiera superarse y no limite tus aspiraciones personales; quieres un hombre que te proteja, que te haga sentir segura, un hombre sensible, un hombre fiel, deseas tantas cosas, y me parece excelente. Realmente te felicito por querer lo mejor para ti, es lo justo, tú vales muchísimo, y lo mereces; pero la realidad es que todo aquello que deseas no lo tienes, y a continuación mi amiga soltera, aquella que siempre espera, quiero compartir contigo todo lo que he visto en ti, y me hace reflexionar sobre como tú y solo tú has labrado el camino de esa interminable espera:

- Empezaste a construir tus propios paradigmas sentimentales cuando no tenías ni 15 años, y antes de cumplir los 17 ya te habían roto el corazón, y supiste lo que era llorar incansablemente por amor. Entregaste todo de ti, y no recibiste lo que esperabas a cambio.

- Estabas en la universidad, aún no sabías a ciencia cierta a que te dedicarías por el resto de tu vida, pero ya habías dado por hecho que ese hombre era el amor de tu vida, en lugar de colocarte a ti misma en el primer lugar.

- Cada vez que terminas una relación, tu conclusión siempre es que la culpa fue de él, recalcas todos sus errores, sus defectos, su traición; pero alguna vez se te ocurrió pensar ¿que el problema puedes ser tú?

- No puedes estar sola, mi amiga no recuerdo haberte visto siquiera un año completo siendo soltera. Siempre hay alguien, un novio, un admirador, alguien que distraiga tu soledad, pero no has aprendido a vivir contigo misma, amándote, y descubriendo lo esencial en ti.

- No aprendes absolutamente nada de tus errores, cada fracaso sentimental no te hizo una mujer más sabia, solo te convirtió en una mujer insegura, rencorosa, y un poco amargada.

- Y aunque eres consciente de todo esto, te niegas a reconocer que quien debe de cambiar no son ellos, los hombres de los que tanto quejas, quien debe cambiar eres tú.

Por eso mi amiga soltera, veo como ahora has decidido disfrazar tu anhelo de encontrar a un hombre de verdad, con la máscara de la mujer orgullosa, aquella que no necesita una pareja para ser feliz, ves a los hombres como seres inferiores que no llenan tus expectativas. Pero en tu soledad, en la intimidad de tus pensamientos reconoces cuanto necesitas ese abrazo protector, y esa palabra de amor que te haga suspirar.

Mi amiga soltera, aquella que siempre espera, deja de buscar al hombre ideal, deja de juzgar los errores de quienes te engañaron, y empieza a trabajar en ti. Mi amiga, tu mereces al mejor hombre, pero hoy es tu obligación ser la mejor mujer.

Se una mujer virtuosa, que al igual que las piedras preciosas, es difícil de encontrar, aquella que se dedica a formar en su vida cualidades valiosas que solo Dios, su diseñador, puede enseñarle. Conviértete en una mujer sana, libre, que refleja amor, ternura, y gracia. Entonces, en ese momento mi amiga soltera, que siempre ha esperado, estarás lista para ser encontrada.

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