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¿Son los 30 la mejor etapa para hacer amigos (reales)?

Recuerdo haber tenido 12 años y creer que mi mejor amiga de la niñez siempre estaría a mi lado. Sin embargo, con la adolescencia llegó la cruda realidad: habíamos crecido y las personalidades que habíamos desarrollado ya no eran compatibles.

 

Poco a poco nos distanciamos y comenzamos a convivir con personas de entornos distintos y sin darnos cuenta ya no éramos mejores amigas, ni amigas, pasamos a ser conocidas que compartían una historia no tan distante.

 

Es seguro que tú tengas una historia similar con alguien que alguna vez consideraste esencial en tu vida, o quizás sea más dolorosa, ya que muchas amistades terminan en enemistad y, a veces, el corazón roto que te deja un amigo duele más que una pareja.

 

Esas relaciones nos marcan de por vida; el impacto de nuestras amistades es tan grande que incluso nuestra salud puede verse afectada. Diversos estudios han comprobado que las personas con sólidas amistades presentan niveles más bajos de presión sanguínea y estrés, además, tienen menos probabilidades de padecer depresión.

 

Ahora piensa en los mejores momentos de tu adolescencia y juventud, seguro la gran mayoría los compartiste con personas que, en ese momento, eran tus mejores amigos pero, ¿cuántos de ellos continúan en tu vida?

 

Según un estudio, llevado a cabo por iniciativa de la Universidad de Oxford, las personas perdemos en promedio dos amigos cuando nos enfrascamos en una relación romántica, debido a que decidimos sacrificar el tiempo que pasamos con ciertas personas para invertirlo en nuestra pareja.

 

Lo curioso aquí radica en las razones que nos llevan a sacrificar ciertas relaciones por otras. Las personas que se van o sacamos de nuestra vida, esos que alguna vez llamamos amigos o BFFs, tocan un punto que ya no se alinea con nuestro estilo de vida, creencias o planes a futuro.

 

Esta situación se repite con mayor frecuencia con amigos de la infancia y adolescencia. A medida que crecemos, nuestra vida social cambia y poco a poco nuestras prioridades se concentran en el trabajo, la familia y los hijos; así, lejos del fértil terreno escolar que nos permite conocer muchas personas, se hace más difícil conocer personas y hacer nuevos amigos, de hecho, un estudio sostiene que después de los 25 nuestro círculo social se reduce cada vez más y más.

 

Este escenario puede resultar un poco triste, pero el lado bueno es que una vez que alcanzamos los 30 llegamos a un punto de madurez que nos permite conservar en nuestra vida  sólo a los amigos que en realidad son valiosos y coinciden con nuestro código de valores actual.

 

Por ahí dicen que los amigos verdaderos se pueden contar con los dedos de una mano. Es cierto, pero yo creo que hay un amplio espectro en el que caben varios tipos de amistades. En un extremo podemos situar a aquellos incondicionales y en el otro a aquellos ocasionales, mientras que en medio caben aquellos con los que acostumbramos ir a fiestas, o los que están para escuchar nuestros problemas (o visceversa), o aquellos con los que sólo comemos una vez al mes.

 

Hay muchos tipos de amigos, lo importante es valorarlos por lo que aportan a tu vida y yo he descubierto que a los 30 es cuando he logrado diferenciar con mayor perspicacia quiénes son sinceros, quienes aportan cosas valiosas a mi vida y quienes sólo comparten instantes, así como aquellos que ya no tienen cabida en mi vida. Por ello creo que los 30 es una etapa ideal para nutrir las amistades, para retomar aquellas lejanas y conocer nuevos amigos.

 

También hay que entender el contexto, los tiempos han cambiado y mientras que nuestros abuelos y padres solían priorizar la familia a nuestra edad, mi generación —los treintones— cada vez tiene menos hijos, cada vez posterga más experiencias como el matrimonio y adquirir una propiedad, así que hay más tiempo para cultivar nuestras relaciones, para alimentar las amistades que tenemos, pero también para crear nuevas.

 

Contrario a la idea de que con la edad se vuelve más difícil hacer amigos, creo que los treintones tenemos nuevas costumbres y herramientas a nuestro alcance para conocer a la gente adecuada; desde luego, una amistad sólida requiere tiempo pero lo que he vivido me ha demostrado que las personas que valen la pena tendrán el tiempo de conocerte y tú a ellas. Además, como mencioné antes, contamos con la madurez ideal para identificar quiénes en realidad merecen nuestra amistad.

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