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Estamos conectados

Reflexión: estamos conectados

Hola a todos y bienvenidos un día más. ¿Qué tal va la semana? A mí, como de costumbre, se me ha pasado volando. Hoy es jueves y toca el post reflexivo e improvisado, así que con mi café bien calentito, empezamos.

El otro día, mi marido y yo decidimos que estamos conectados, y que si no nos hubiéramos conocido el día en que nos conocimos (valga la redundancia), nos habríamos encontrado en algún otro momento. La verdad es que nos conocimos de manera muy casual, en teoría no íbamos a coincidir, pero esos cambios de planes que a veces hay en el último momento nos unieron.
Os voy a contar la razón por la que llegamos a la conclusión de que estamos conectados. Hace unos días, un domingo por la tarde, estábamos paseando por la finca, y llevé a mi marido a un rincón en concreto. Y le expliqué que justo en ese sitio me sentaba algunos domingos de verano.

Cuando iba a la finca los domingos de verano, me sentía muy feliz. Iba con mis padres, mi hermana, mis abuelos, mi tío y una hermana de mi abuela con su marido, todos bien temprano. Comíamos muchas cosas ricas, con ensalada hecha con lechuga, tomate y cebolla que recolectábamos, y aquellas comidas bajo los manzanos eran geniales. De postre, además de las cosas ricas que llevábamos había fresas, cerezas, peras, ciruelas o moras que cogíamos sobre la marcha. Por la tarde, después de jugar a las cartas, charlar y descansar, se unía a nuestra pandilla la hermana de mi abuelo, y con ella su marido, su hija, el marido de su hija y la hija de ambos. Además estaban algunos vecinos con sus hijos, que se acercaban un ratito. Y la verdad es que era muy divertido. Me lo pasaba genial escuchando historias de los mayores o jugando con los otros niños. Pero entonces, a última hora de la tarde, cuando ya los vecinos y la hermana de mi abuelo con su familia se habían ido y mis padres, abuelos y tíosabuelos recogían la mesa, quitaban el mantel, guardaban las sillas y aprovechaban para regar, me gustaba ir a sentarme en ese rincón que le enseñaba a mi marido. Desde allí, rodeada de flores, veía la ciudad, y el mar, tan azul y tan vivo, todo bañado por esa luz anaranjada que nos regalan los atardeceres largos del verano. También podía ver las zonas verdes que salpican mi ciudad, además de las fábricas y algunos lugares de las afueras.

Mi marido sabía de esa costumbre mía pero nunca le había enseñado el sitio exacto. Cuando se lo enseñé él me miró y desde ese mismo sitio me indicó un lugar en la distancai, y cuando lo vi, me dijo que algunos domingos de verano, cuando volvía de la playa con sus hermanos, antes de cenar (vivía en las afueras, en un pueblecito/barrio pequeño cerca de mi ciudad) se iba a ese lugar y miraba hacia la zona donde está la finca. Ambos hemos necesitado siempre nuestro tiempo de recogimiento, especialmente en días compartidos con mucha gente. Yo quise saber de qué año estábamos hablando. La verdad es que no podía precisar un año, pero lo situaba entre 1983 y 1988, más o menos. Entonces yo le dije que mis momentos de contemplación ocurrieron por esas fechas, quizás un año antes y puede que durasen hasta 1990, pero hay una etapa en la que coincidimos y seguro, seguro, que nuestras miradas se cruzaron allá por los años 80.

prado

Las vistas que os digo son mejores porque es en el otro lado de la finca, se ve bien el mar, el faro...

Además, siguiendo con las coincidencias yo fui a Túnez por primera vez, con mis padresy mi hermana, en 1992. Fue un viaje especial e inolvidable: ver amanecer en el Sahara, cenar en una haima, cruzar un trozo del desierto en camello, visitar Cartago, ver un oasis, espejismos...

Pues mi marido hizo la mili ese año (sí, estuvo en Bosnia y en mil y un historias duras) y justo en los días en los que yo estuve en Túnez él también estaba, y en los mismos sitios, coincidimos en Hammamet y en Túnez capital, y fuimos al zoco el mismo día, pero no nos conocíamos, así que si nos cruzamos, ni nos enteramos. Nos conocimos justo mes y medio después de eso.

Y la otra casualidad es que mis primos mayores viven en una ciudad cerquita de la mía. Mi marido fue al cole en esa ciudad y su mejor amigo, durante años, era uno de mis primos. Yo pasaba mucho tiempo con ellos pero nunca coincidí con mi marido, y cuando nos enteramos fue una sorpresa porque mis tíos y mis suegros tienen mucha amistad. Si antes tenía buena relación con mis primos, desde entonces es aún mejor. De hecho, cuando nos vemos, casi tiene más cosas de qué hablar con ellos él que yo, jejejeje. Son unas cuantas coincidencias (y hay algunas más), el universo nos hablaba. Yo creo que de un modo u otro nos teníamos que encontrar.

Y otra casualidad de la vida la vivió mi hijo. A él y sus dos mejores amigos les gusta un grupo musical asturiano desde hace unos diez años, desde que iban a a la ESO. Fueron a conciertos y a firmas de discos, tenían camisetas, vamos, fans fans.

Por otro lado, cuando se fundó el coro en el que participan mis hijos pusieron anuncios buscando voces. Mi hijo por entonces tenía turno de tarde en la universidad (que es cuando ensayan), pero solo el primer semestre, luego ya tendría las tardes libres, así que llamé y pregunté si podría apuntarse en el segundo semestre, aunque el curso estuviera iniciado. Me dijeron que fuese a hacer una prueba cuando pudiera, y si la pasaba le "guardaban la plaza". Fue a hacer la prueba con mi hija y una amiga y por suerte fueron seleccionados. Y empezó en cuanto pudo. Pues la sorpresa es que el director del coro es el teclista de ese grupo que tanto le gusta a mi hijo. Desde entonces, además de ser su director ya es un amigo, va a ver a mi hijo en algunas ocasiones cuando toca con su grupo, y ya le ha contratado varias veces para presentar eventos corales. Y hace poco participó en un videoclip que el grupo va a lanzar próximamente. Vamos, que además de las mil cosas buenas que ha encontrado en el coro, comparte espacio/tiempo con su ídolo, ha cantado con ellos y ahora sale en su videoclip.

A veces parece que la vida nos reserva buenas sorpresas.

Bueno, pues menudo rollo os he metido con las conexiones, la de tonterías que pasan por mi cabeza. Obviamente la vida se compone de más cosas, y a saber lo que podría haber pasado si hubiésemos o no estado en ciertos sitios en momentos concretos, pero me gusta pensar que algunas personas estamos conectadas, como en la famosa leyenda del hilo rojo.

Y ya paro, que el día para mí empieza ya y antes de irme quiero dejar alguna cosita hecha.

Mil gracias por leerme y muy feliz jueves.

Fuente: este post proviene de Pequeños trucos para sobrevivir a la crisis , donde puedes consultar el contenido original.
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