Galicia, nuestro secreto mejor guardado (VIII)

Dos puntos llamaron nuestra atención en la Villa de Foz, el primero su espectacular ría. Para verla en toda su espectacularidad nos acercamos por una vereda hasta la Punta da Arnela.

643 hectáreas de espacios protegidos, cobijan un conjunto natural de numerosos hábitats de interés comunitario.



Por un lado los humedales de la ría con sus arenales y dunas y por otro el mismo río Masma que cuenta con una valiosa vegetación acuática y densos bosques. Medran aquí el salmón y sobre todo las aves que tienen en este punto su parada migratoria para pasar el invierno.



El otro punto, un poco alejado de la villa, es la Basílica de San Martín de Mondoñedo.

Considerado el templo más antiguo de España, se cuenta que su fundación se remonta al siglo V, basándose en los restos de muros y columnas que fueron reutilizados en el templo actual.



El edificio que hoy vemos surge en el siglo XI, cuando el obispo Gonzalo lo manda a construir en estilo románico. Tan sólo durante un siglo fue sede episcopal, ya que en el XII se construyó la catedral de Mondoñedo, que ya hemos visitado, y que estaba menos expuesta al ataque de normandos y musulmanes.



No pertenecen a la construcción original los contrafuertes que refuerzan la estructura ni la torre que se encuentra junto a la entrada y que ejerce de campanario.



Dentro se guardan los restos del obispo santo, que según se dice obró dos grandes milagros. El primero fue alejar, con sus oraciones, al ejercito normando que pretendía asolar la zona. El segundo cuenta que en tiempos de sequía el obispo lanzó una zapatilla contra una peña cercana y de ella brotó el agua, llamándose desde entonces Fuente de la Zapata.



Frente a ella se encuentra un crucero con un cristo descendido...


Y un porche acompañado del escudo del Conde de Osorio.



Seguimos camino hacia un punto geográfico excepcional ya en tierras coruñesas, la Estaca de Bares.

Desde pequeños, nos enseñaban en el colegio que el punto más al norte de la Península Ibérica era la Punta de la Estaca de Bares. Pero es mucho más que eso.



Lugar donde se encuentran, unen y mezclan las aguas del Cantábrico y del Atlántico, su situación fue deseada y ambicionada por varias naciones, como demuestran los restos y ruinas de bases militares americanas, francesas y británicas.


Pero no sólo el hombre ha tomado posesión de la zona, ya que muchas especies de aves migratorias la usan como zona de paso o de establecimiento definitivo.



Pero su habitante más llamativo es, sin duda, el faro, que se levanta a 101 metros de altura

.


Con su torre de 33 metros, tiene un alcance de más de 46 kilómetros y se construyó en 1850. En un principio, hasta su electrificación funcionó con aceite de oliva, parafina y petróleo.





El día está espléndido y no podemos dejar de acercarnos a la Playa de Bares y darnos un chapuzón en las frías aguas del Cantábrico.



Esta preciosa playa en forma de concha, de poco más de 1.500 km de largo, se encuentra en un enclave único, rodeada de pinares y cerca del pueblo del mismo nombre.





Cuando baja la marea, como es el caso, la playa se hace una sola, ya que cuando el agua está alta un peñón la divide en dos, llamándose la más alejada Iglesia Vella, que es donde nos encontramos. Las dunas de fina arena son el preludio de una magnífica zona de baño. de aguas limpias y frías, pero con un paisaje espectacular.




Vamos ahora a uno de los rincones más fotografiados de la costa, el Mirador de Coitelo, donde se encuentra el "Mejor banco del Mundo". Este nombre y el entorno tienen una interesante historia.


La costa, muy castigada y azotada sin cesar por las olas y los vientos del Atlántico, ha ido creando unas formas espectaculares, como si hubieran sido cortadas a cuchillo, de ahí su nombre "coitelo". Magníficos arenales y cuevas, o "furnas" salpican las bases de estos gigantes que en algunos puntos llegan a alcanzar los 160 metros de altura.



En uno de ellos encontramos un banco de madera que nos ofrece unas espectaculares vistas. Su historia es relativamente reciente, ya que fue un vecino en 2009 el que tuvo la idea de poner aquí el banco para disfrutar de paisaje. Rápidamente fue conocido como "O pensadoiro", ya que según te sientas en él la imaginación, la visión del mar y de la costa, hacen que nuestros sentidos vuelen como si de gaviotas se trataran.



El apodo le viene dado en 2010, cuando unos músicos escoceses grabaron en una de sus maderas la frase "Best Bank of the World" que realmente hacía alusión a lo escarpado de los acantilados, pero que fue interpretado como que el mueble en cuestión era el mejor mirador del mundo.




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