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Situación estratégica actual y análisis de escenarios en el conflicto de Nagorno Karabaj

RESUMEN: El litigio por la región de Nagorno Karabaj permanece en una situación de estancamiento desde el armisticio de 1994, sin que se haya llegado a día de hoy a una solución que pueda ser acordada por las partes enfrentadas. Este artículo ofrece un análisis de escenarios basado en la historia y situación estratégica actual del conflicto, en un análisis DAFO de los actores involucrados, y en la influencia e intereses de las potencias regionales y mundiales en la región del Cáucaso Sur.
PALABRAS CLAVES: Nagorno Karabaj, Armenia, Azerbaiyán, Rusia, Estados Unidos, China, Unión Europea, Análisis de escenarios, Situación estratégica.

Introducción


Nagorno Karabaj es una de las disputas territoriales sin resolver que aún quedan en el Cáucaso tras la desintegración de la Unión Soviética. Alrededor de treinta mil personas se estima que perdieron la vida a lo largo de la guerra que mantuvo Azerbaiyán con los armenios étnicos de la región y las fuerzas armadas de la propia Armenia. Los combates se prolongaron durante más de seis años, desde febrero de 1988 hasta mayo de 1994, disponiendo ambas facciones de apoyo internacional de diversa índole, y convirtiendo el conflicto en el más grave que dio lugar el debilitamiento y desaparición de la URSS.

Un alto el fuego auspiciado por Rusia y negociado a través del Grupo de Minsk, un organismo supeditado a la OSCE, puso fin al estado de guerra abierta, aunque, no obstante, aún a día de hoy no ha sido posible la firma de un tratado de paz, por lo que el conflicto sigue abierto. Ello unido al complejo entramado de relaciones geopolíticas en el Cáucaso, al enorme crecimiento económico de Azerbaiyán en relación al armenio, y al revisionismo de potencias regionales como Turquía y Rusia, hacen de este litigio un claro merecedor de un análisis de futuro donde se planteen y analicen diversos y dispares escenarios en perspectiva. Siempre con la idea de aprender de ellos y no con el objeto de ser simples predicciones (Bernstein, Lebow, Gross Stein & Weber, 2000: 56).
Las preguntas de investigación que articularán nuestro trabajo serán las siguientes: ¿cuál es la situación estratégica actual en el conflicto de Nagorno Karabaj?, ¿qué análisis de escenarios es posible realizar sobre esa base? El análisis de escenarios será realizado mediante métodos cualitativos y cuantitativos complementados con las técnicas analíticas DAFO, y la técnica de análisis y construcción de escenarios propuesta por J. Jordán (2016). Me centraré en las tendencias imperantes a escala global y regional, y en su proyección en los siguientes años, incluyendo incertidumbres clave (cisnes negros), como motores de cambio que nos llevarían a un escenario u otro. El horizonte temporal sobre el que trabajaré tendrá como fecha límite el intervalo 2030-2035.

Historia y raíz del conflicto

La región de Nagorno Karabaj arrastra una historia de disputas entre los azeríes y los armenios que se enmarca en diferentes ámbitos históricos, estructurales, culturales, políticos y económicos. Contextualizar adecuadamente estos hechos nos ayudará a comprender mejor los futuros escenarios posibles y a no reducir la problemática únicamente a temas étnicos y religiosos.

Los azeríes consideran que la región les pertenece debido al dominio histórico que han tenido sobre el territorio, mientras que, los armenios señalan Nagorno Karabaj como una de las provincias históricas de Armenia que, debido a los distintos acontecimientos históricos y geopolíticos, habría estado bajo el control ilegítimo de Azerbaiyán.

La disputada y confusa historia de la región del Karabaj, se puede constatar desde el topónimo en sí mismo. Karabaj es una amalgama de las palabras “Kara”, que es “negro” en turco, y “baõ”, que es “jardín” en persa. “Nagorno” significa por su parte “montañoso” en ruso. Los tres imperios dejaron, como podemos ver, su impronta en el nombre de la región a lo largo de su dominio.

Los armenios por motivos históricos se refieren a él como “Artsakh”, al ser este el nombre que otorgaron a este territorio en tiempos del Reino de Armenia (siglo IV a.C), mientras que los azeríes lo designan como Dağlıq Qarabağ. A pesar del paso de árabes, mongoles, pueblos túrquicos y persas, la zona estuvo mayoritariamente ocupada por armenios étnicos hasta la caída del Imperio safávida, no siendo hasta la mitad del siglo XVIII bajo dominio túrquico y la administración del Kanato de Karabaj, cuando empezaron a producirse importantes variaciones étnicas en la composición poblacional de Nagorno Karabaj y otras regiones colindantes (Väyrynen, 2008) (Cornell, 1999).

Fuente: Conflict Analysis Research Centre, Universidad de Kent (2018)

En 1813, tras la firma del tratado de Gulistán entre rusos y persas, Nagorno Karabaj pasa a depender del Imperio Ruso. Los levantamientos auspiciados por Irán entre la población de las áreas perdidas en los años siguientes a la firma del tratado provocarán una nueva guerra que de nuevo perderían los persas, institucionalizándose la derrota en el tratado de Turkmanchai en 1828. Tras él, Rusia aplicaría políticas de desplazamiento poblacional, en las que se favorecería que los armenios retornasen desde territorios otomanos y persas hacia el Cáucaso bajo su dominio. De la misma manera, muchos musulmanes serían empujados hacia territorios otomanos y persas. Según datos censales rusos, en 1823 los armenios representaban el 9% de la población de la región de Nagorno Karabaj (el restante 91% era referido como “musulmanes”). En 1832 se pasaría a un 35% y en 1880 a un 53% (Cornell, 1999). Como se puede denotar, los rusos preferían a los armenios étnicos antes que a los “musulmanes” azeríes, al ser éstos considerados próximos étnica y lingüísticamente a los otomanos. Esto provocaría un trato de favor hacia los armenios por parte de las autoridades rusas, sembrándose una nueva simiente de hostilidad entre ambos pueblos.

Con la Revolución Rusa de 1905, el caos se extendió hasta el Cáucaso Sur, produciéndose los primeros disturbios interétnicos y las primeras matanzas. El desconcierto y el terror se repetirían a menudo cada vez que el Estado Ruso se mostrara débil e incapaz de establecer control sobre sus territorios. En el contexto de la Primera Guerra Mundial, con el ya comenzado genocidio armenio por parte de los otomanos y la Guerra Civil Rusa, las disputas, la confusión y la violencia serán fenómenos recurrentes. Tras un breve periodo de independencia y alta inestabilidad, la anexión por parte de la Rusia bolchevique de Georgia, Armenia y Azerbaiyán devolvería el orden a la región.
Más de tres años le tomó a la URSS decidir el destino del territorio. Durante 1920 parecía que Nagorno Karabaj (junto con Zangezur y Najichevan) pasarían a formar parte de la Armenia Soviética, pero diversas presiones y sucesos, entre los que destaca la firma del Tratado de Moscú en 1921 entre turcos y rusos, determinarían que Najichevan y Nagorno Karabaj pasasen a formar parte de Azerbaiyán. Iosef Stalin, como comisario de nacionalidades, fue responsable de la decisión final, que apunta a una concesión hacia la Turquía de Atatürk, visto como un potencial aliado que querría atajar cualquier reclamación de Armenia hacia los territorios turcos del este, ampliamente poblados por armenios. Además, de esta manera, no sólo los armenios estarían divididos territorialmente sino de igual forma los azeríes con su exclave de Najichevan, lo que debilitaría cualquier resistencia hacia la autoridad central en Moscú.

Conscientes de su particularidad, Nagorno Karabaj fue definido administrativamente dentro de la RSS de Azerbaiyán como un Oblast autónomo. Su proclamación oficial como tal se produjo en noviembre de 1924. Como dato interesante, en el primer volumen de la Gran Enciclopedia Soviética de 1926, el corredor de Lachin, que une Armenia con Nagorno Karabaj, formaba parte del Oblast. Para 1930 los mapas fueron reajustados y se separó definitivamente a Armenia de Nagorno Karabaj.

Durante el control soviético los niveles de violencia se redujeron notoriamente. No obstante, se produjeron diversos movimientos desde la RSS de Armenia y desde los armenios de Nagorno Karabaj para revertir la situación. Cambios en el estatus de otros territorios como Crimea o Abjasia, constataban que era una cuestión de voluntad del gobierno central. Con un clima más abierto debido a la desestalinización de Krushchev, se produjeron puntuales episodios de violencia que fueron duramente reprimidos por las autoridades.

En 1939 el 91% de la población de Nagorno Karabaj eran armenios. Para 1970 habían descendido al 80%. Esto fue visto por los armenios étnicos como un intento de colonizar demográficamente el territorio por parte de las autoridades azeríes. A pesar de las quejas, toda demanda fue ignorada. A partir de 1987, en el clima de apertura y distensión de la URSS de Gorbachov, comienza la escalada de tensión que conducirá a la guerra. Aumentaron en gran medida el número de incidentes, quejas y movilizaciones. Manifestaciones de origen obrero adquirirían tintes nacionalistas con rapidez. La situación se deterioró rápidamente debido a los diversos rumores de que Nagorno Karabaj sería transferido a la RSS de Armenia.

En febrero de 1988 las tensiones estallaron, pasándose de un conflicto latente a un conflicto total. En la ciudad de Sumgait, cerca de Bakú, se produciría un pogromo contra armenios étnicos tras los rumores del asesinato de dos azeríes en la ciudad de Askeran. 32 armenios según la versión oficial, más de 200 según fuentes armenias, fueron asesinados y otros cientos heridos, lo que enseguida revivió el fantasma del genocidio armenio entre la población armenia (Vaserman, 1994). Ya no había marcha atrás para detener el conflicto: los ataques a azeríes en Armenia y a armenios en Azerbaiyán provocaron un éxodo étnico de la población a lo largo de 1988. Según sea la fuente consultada, se calcula que entre 78.000 y 160.000 azeríes abandonaron Armenia para refugiarse en Azerbaiyán, y entre 31.000 y 180.000 armenios se desplazaron a Armenia desde Azerbaiyán.

Transcurrido un pequeño paréntesis tras el terremoto de Spitak, el 12 de enero de 1989, la URSS aprovecharía la coyuntura y tomaría el control directo mediante un “gobierno de administración especial” del Oblast, que no pudo hacer más que ralentizar el inicio de la guerra abierta. Los saqueos en los depósitos de armas provocaron que ambas facciones tuvieran acceso a un armamento que haría que los soviéticos dejaran de tener el monopolio en el uso de la fuerza. El 28 de noviembre del mismo año, el control administrativo de la URSS sobre Nagorno Karabaj es suspendido, como si se aceptase el fracaso en su gestión y se dejase a su suerte, volviendo a estar bajo control azerí (Cornell, 1999). Tres días después, el Soviet Supremo de Armenia proclama oficialmente la “reunificación” de Armenia y Nagorno Karabaj, y la extensión de la ciudadanía armenia y todos sus consecuentes derechos a sus ciudadanos.

Nuevos pogromos se sucedieron, destacando los de Bakú en 1990, donde de nuevo destacó la inoperancia soviética por evitarlos. Armenia se mostraba muy activa, mientras que el poder azerí seguía confiando más en la gestión soviética. Enormes cantidades de armas fluyeron desde Yerevan a Nagorno Karabaj, importadas desde Beirut por el Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia (ASALA), que operaba principalmente desde la capital libanesa (Cornell, 1999).

En 1991 los choques entre fuerzas paramilitares armenias, cada vez mejor armadas, y los azeríes, que seguían confiando en la mediación soviética, se incrementaron sustancialmente. En junio de ese año, se contabilizaban 816 fallecidos. A finales de 1991, con la desaparición de la URSS y el consecuente desvanecimiento del buffer que creaban las tropas soviéticas entre ambas facciones, el enfrentamiento se tornó directo.

Los azeríes, que habían confiado en el ejército soviético, se encuentran de golpe con un enemigo bien armado y movilizado en contraposición a su situación: un ejército mal organizado y desmotivado. En este momento Nagorno Karabaj declara su independencia, y no su anexión a Armenia, en un claro movimiento armenio para evitar responsabilidades y las consecuentes rendiciones de cuentas ante la comunidad internacional.

Desde inicios de 1992 se puede hablar con rotundidad de guerra abierta y directa, y para 1993 la guerra estaba claramente decantada hacia los armenios quienes, no sólo controlaban prácticamente la totalidad de Nagorno Karabaj, sino también las regiones colindantes. Se calcula que más de un millón de azeríes habrían huido del área hacia esta fecha. La reacción en la comunidad internacional se vio plasmada en una Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, la 822, que trató de establecer una base para la paz y el acuerdo. No obstante, los impulsores de las conversaciones de paz tenían sus propias motivaciones. Turquía quería mantener a Rusia fuera de Azerbaiyán, protegiendo sus intereses y provocando el cambio en el gobierno en favor de Heydar Aliyev. Rusia por su parte, mostró su clara inclinación por Armenia, con quien posteriormente estrecharía su cooperación mediante el Sistema de Defensa Aérea Conjunta de 1995 (en ruso: Объединённая система ПВО СНГ) dentro del marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO por sus siglas en inglés), un acuerdo que perdura hasta nuestros días y que Azerbaiyán abandonó en 1999 (Minasian, 2003).

Tras más de 31.000 muertos (6000 armenios y 25000 azeríes) y 70.000 heridos (20.000 y 50.000 respectivamente) (de Waal, 2003), el ministro de defensa ruso Pavel Grachev anuncia el 16 de mayo de 1994 el fin de la guerra. El cese el fuego fue ratificado por todas las partes en conflicto (Armenia, Nagorno Karabaj y Azerbaiyán) y es el que sigue vigente desde entonces.

Nagorno Karabaj


Radiografía económica



Una vez conocidas las raíces históricas del conflicto, analizo a continuación las principales magnitudes de las economías con el propósito de seguir contextualizando.


Armenia


PIB (2018): 10.528M€
Población (2018): 3.001.643 habitantes
PIB per cápita: 3.507,41€
Deuda (%PIB 2017): 48,29%
Gasto en defensa (2018): 503M€
% PIB destinado a defensa: 4,77%
Exportaciones (2017): 1987,6M€
Importaciones (2017): 3708,3M€
Tasa de desempleo: 16,9%
Índice de Desarrollo Humano (IDH): 0,755
% Inmigrantes: 6,42%
% Emigrantes: 31,99%
Remesas recibidas: 1366,85M€
Índice de fragilidad: 69,5 (Puesto 102)
Edad media: 35,1 años



Balanza comercial:

Ilustración 3: Exportaciones de Armenia en 2017 (1987,6M€)
Fuente: OSC (Observatory of Economic Complexity) (2019)

Ilustración 4: Importaciones de Armenia en 2017 (3708,3M€).

Fuente: OSC (Observatory of Economic Complexity) (2019)


Azerbaiyán



Ilustración 5: Mapa político de Azerbaiyán. En sombreado, Nagorno Karabaj y los territorios adyacentes ocupados

PIB (2018): 39.746M€
Población (2018): 9.981.457
PIB per cápita: 3.981,98€
Deuda (%PIB 2017): 22,57%
Gasto en defensa 2018: 1.499,9M€
% PIB destinado a defensa: 3,77
Exportaciones (2017): 13.412,5M€
Importaciones (2017): 7773,8M€
Tasa de desempleo: 5,0%
Índice de Desarrollo Humano (IDH): 0,757
% Inmigrantes: 2,62%
% Emigrantes: 11,67%
Remesas recibidas: 933,04M€
Índice de fragilidad: 73,2 (Puesto 76)
Edad media: 31,3 años

Balanza comercial:

Ilustración 6: Exportaciones de Azerbaiyán en 2017 (13412,5M€)



Fuente: OSC (Observatory of Economic Complexity) (2019)

Ilustración 7: Importaciones de Azerbaiyán en 2017 (7773,8M€)

Fuente: OSC (Observatory of Economic Complexity) (2019

Nagorno Karabaj

Ilustración 8: Nagorno Karabaj

Fuente: HALO Trust (2019)

PIB (2017): 516,93M€
Población (2017): 147.000
PIB per cápita (2017): 3.516,55€
Exportaciones (2017): 141,2M€
Importaciones (2017): 259,55M€
Salario mensual medio (2017): 295,32€
Tasa de desempleo (2013): 4%



En las siguientes gráficas se observa con claridad la dispar evolución de Armenia y Azerbaiyán, proyectándose con fuerza la idea de que la distancia entre los dos estados no hará más que aumentar. Hemos de tener en cuenta, que la gran recesión que se dio en Azerbaiyán a partir del 2015 se debió a la abrupta caída en los precios de los hidrocarburos de aquel periodo, momento en el que el barril de petróleo llegó a cotizar a mínimos de 26,5 dólares, y que reflejó lo que ya hemos visto en los diagramas: la enorme cuota que ocupa la exportación de hidrocarburos y por ende su gran influencia en las cuentas públicas azeríes. De la misma manera, su espectacular crecimiento en el pasado, y el futuro de éste, estará estrechamente ligado a las cotizaciones de estas materias primas.

Ilustración 9: Comparativa evolución del PIB (en millones de euros).



Fuente: Expansión y Banco Mundial (2019)

Ilustración 10: Comparativa evolución del PIB per capita (euros).



Fuente: Expansión y Banco Mundial (2019)

Los intentos por diversificar la economía y por atraer inversores, unos precios de los hidrocarburos estabilizados en cotizaciones más altas, el enorme interés de la UE en diversificar el origen de su mix de hidrocarburos en detrimento de Rusia, la ruptura del tratado nuclear con Irán por parte de EEUU y sus consecuentes consecuencias para la UE en materia energética, y la sombra de un conflicto en el Golfo Pérsico con Irán, parecen apuntar todos en la misma dirección favorable para la economía de Azerbaiyán.

Ilustración 11: Comparativa gasto público en defensa (en millones de euros).



Fuente: Expansión y Banco Mundial (2019)

Como podemos observar, el distinto nivel de desarrollo también conlleva una mayor brecha en el gasto público en defensa en favor del país azerí.

En este desequilibrio entra en juego de forma fundamental Rusia, quien estratégicamente mantiene el conflicto congelado, velando por sus propios intereses energéticos y geoestratégicos, impidiendo que ninguna de las partes actúe de forma unilateral si no quiere verse gravemente perjudicada (Peña-Ramos, 2017).

Armenia, incrustada entre Turquía y la propia Azerbaiyán, con ambas fronteras cerradas y prácticamente nulas relaciones diplomáticas, sin salida al mar y sin apenas recursos energéticos en su territorio; con la 102ª base militar rusa en la ciudad de Gyumri, garante de su seguridad territorial y que es vista como una amenaza por parte de Georgia, se encuentra totalmente a merced de Rusia, a quienes le compran virtualmente el cien por cien de los hidrocarburos que necesitan, siendo estos últimos propietarios de Gazprom Armenia e incluso de los sistemas de transporte de gas. Añadiendo la imposición de no importar su energía desde Irán (Peña-Ramos, 2017).

Para dejar aún más patente este escenario, el sistema de defensa aéreo que comparten enmarcado dentro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, así como la pertenencia a la Unión Económica Euroasiática constatan que Armenia gira en una órbita muy cercana a Rusia, y que no existe un acercamiento hacia la UE ni a la OTAN. Como así desea Moscú.

Por otro lado, Azerbaiyán mantiene una relación más distante con Rusia. No obstante, Rusia se compromete a no reconocer Nagorno Karabaj como estado independiente ni como parte de Armenia siempre y cuando Azerbaiyán respete sus intereses energéticos y geoestratégicos en la región (Peña-Ramos, 2017). Se vuelve a denotar de forma clara y evidente, que el uso de sus enormes recursos fósiles y naturales es una herramienta fundamental en el gobierno de Vladimir Putin para ejercer influencia en otros países.

Asia Central y el Cáucaso Sur son áreas vitales para la expansión e influencia rusa, por lo que en respuesta al interés de la UE por sortear Rusia para diversificar el origen de su mix de hidrocarburos Moscú tratará siempre de aniquilar cualquier proyecto que ponga en peligro la dependencia europea sobre sus recursos energéticos. Aquí, el papel de Azerbaiyán en la construcción, gestión y mantenimiento de oleoductos y gaseoductos es clave, especialmente si Europa tratara de acceder en Asia Central a las enormes reservas de gas de Turkmenistán a través de gaseoductos que cruzaran el Caspio y arribaran a Azerbaiyán.

El papel de Turquía es también muy importante. Turquía y Azerbaiyán siempre han mantenido muy estrechas relaciones: ambas poblaciones pertenecen a los pueblos túrquicos y sus habitantes se sienten muy cercanos, su idioma es muy similar y a pesar de que la religión mayoritaria en Turquía es el islam suní y en Azerbaiyán el islam chií, muchos autores siempre han hablado de “una nación con dos estados” (Suleymanov, 2017) (Ismayilov, 2016).

A esta próxima relación unimos la enorme animadversión entre Armenia y Turquía, a la negación del genocidio armenio por parte de Turquía o a la reclamación histórica armenia de los territorios nombrados como “Armenia occidental” por algunos activistas y sectores políticos, lo que deja de forma muy clara la posición turca en el conflicto de Nagorno Karabaj.

Análisis DAFO







A pesar de las evidentes diferencias y proyecciones de ambos estados, no todos los factores de las tablas pesan de la misma manera, como es lógico. Como hemos visto con anterioridad, el peso de la voluntad de Rusia y su alianza militar con Armenia tienen una relevancia crítica en la situación actual y en los posibles escenarios de futuro.

En el estudio de las tendencias globales se espera que Rusia siga esforzándose por aumentar y recobrar su influencia a escala global. Las estrategias empleadas serán el poder que les confiere su producción y suministro de materias primas y combustibles fósiles, la modernización y ampliación de su poderío militar, la llegada a acuerdos con terceros que minimicen el impacto de la influencia occidental y el fervor nacionalista (Global Trends, 2018).

El modelo de autoritarismo, corrupción, control estatal y nacionalismo se presenta como un plan atractivo para otros líderes autocráticos y revisionistas en contraposición a las ideas liberales occidentales. Putin buscará el apoyo recíproco de estos líderes para formar alianzas antioccidentales y para fortalecer la zona buffer existente entre el territorio ruso y el resto del mundo (Global Trends, 2018). Para esto último, los antiguos países de la Unión Soviética son pieza clave. La extensión del islamismo radical hacia sus fronteras es algo que Rusia quiere evitar a toda costa y que se torna especialmente importante en Asia Central y también en el Cáucaso (tanto en el sur como en el norte, ya dentro de sus fronteras).

El gasto militar seguirá siendo muy importante, buscando la modernización total de sus fuerzas armadas, con un énfasis especial en la disuasión estratégica y con puntas de lanza como sus sistemas S-400 y los futuros S-500, equipos muy potentes y sofisticados que son también una enorme fuente de ingresos para su industria armamentística y pieza clave en las alianzas geoestratégicas que establece Moscú con sus compradores, como pueden ser el caso de China, Turquía, Arabia Saudí o India. Siendo especialmente significativa su venta a países pertenecientes a la OTAN, como Turquía.

Por el otro lado, el revisionismo turco llevado a cabo por Tayyip Erdoğan en un principio parece no estar enfocándose en sus relaciones con Armenia y el conflicto de Nagorno Karabaj, y sí en el problema kurdo, en el apoyo a los Hermanos Musulmanes en otros estados, en la extensión de su influencia en África, su apoyo a Catar en la crisis con Arabia Saudí y sus aliados, y en la “limpieza” de los estamentos militares, judiciales, policiales e incluso académicos dentro de sus fronteras. Entre otros temas. No obstante, es difícil hacer conjeturas sobre las acciones del mandatario turco, por lo que no se puede dar nada por sentado.

Asimismo, Erdoğan mantiene un pulso con EEUU, escenificado en el distanciamiento agravado por el fallido Golpe de Estado de 2016 y la negativa de EEUU de extraditar a Fethullah Gülen, en las discrepancias en la gestión y cooperación en la guerra de Siria, con el apoyo estadounidense a los kurdos muy presente, o en los choques por la compra de los sistemas S-400 a Rusia y la consecuente amenaza de expulsión del programa de fabricación y entrenamiento de pilotos para el F-35.

El otro gran actor extranjero que por cercanía podría influir en el conflicto sería Irán. No obstante, sus graves problemas internos, con una crisis económica acuciante y estrangulada por las sanciones internacionales, su fuerte rivalidad, guerras proxys y lucha de influencias en la región con Arabia Saudí, su fuerte implicación en la guerra de Siria, el financiamiento y entrenamiento de Hezbollah, la altísima tensión actual con Estados Unidos, especialmente escenificada en el estrecho de Ormuz y en el Golfo Pérsico, y sobre todo, la falta de intereses en la región, hacen improbable una iniciativa de implicación activa por parte de Irán en el conflicto de Nagorno Karabaj.

Otros actores que siempre se deben tener en cuenta a nivel global serían China y Estados Unidos. En el caso de Estados Unidos, no se ha observado un interés particular en el conflicto en el mandato de Donald Trump ni en el de sus predecesores. Igualmente, como dato remarcable, en 1992 el congreso de los Estados Unidos adoptó el conocido como “Section 907”, enmarcado dentro del “FREEDOM Support Act”. Esta ley estaba destinada al apoyo económico a las naciones que surgieron de la desintegración de la URSS, con el fin de promover la democracia y el libre mercado. Sin embargo, en la Sección 907 se revocó cualquier ayuda directa hacia el gobierno de Azerbaiyán, lo que supuso la única excepción dentro de los países post-soviéticos. Esta puntualización se debió fundamentalmente a la presión del lobby armenio dentro de Estados Unidos (King, 2004).

En 2002, como agradecimiento a la colaboración en la guerra de Afganistán tras los atentados del once de septiembre, el presidente George W. Bush suspendió la Sección 907, hecho que se ha prolongado durante las administraciones posteriores. Esto ha llevado a un acercamiento en las relaciones, a la cooperación en materia de explotación energética, militar, y a la adopción de las sanciones contra Irán por parte del gobierno azerí, debilitando la mejora en las relaciones conseguida con la llegada al poder del presidente Hasan Rohaní en el país persa (Gökay, 2001).

Las exportaciones de Azerbaiyán a los Estados Unidos apenas supusieron 107 millones de dólares en 2017 (0,75% del total), mientras que las importaciones alcanzaron la cifra de los 268 millones (3,3%). Unas cifras bastante bajas como para ser considerados importantes aliados comerciales. Por su parte Estados Unidos supuso en 2017 para Armenia un 2,6% de sus exportaciones (64,5 millones de dólares) y un 3,0% de sus importaciones (117 millones de dólares) (Observatory of Economic Complexity, 2017). Cifras igualmente bajas, como en el caso de Azerbaiyán.

La importancia de las remesas y los lazos de la diáspora armenia con su país de origen, unidos en importantes lobbies dentro de Estados Unidos, suavizan el efecto de que Armenia se encuentre en una situación tan próxima y de dependencia hacia Rusia de cara a las relaciones entre ambos países.

En el caso de China, las relaciones comerciales son mayores. En 2017 un 5,4% de las exportaciones armenias tuvieron como destino China (131 millones de dólares) y un importante 12% de las importaciones provinieron de Pekín (456 millones de dólares), lo que convierte a China en el segundo origen de sus importaciones tras Rusia. En Azerbaiyán el 3,1% de sus exportaciones y el 9,7% de sus importaciones tuvieron a China como destino y origen (436 y 789 millones de dólares respectivamente).

El hecho que más podría hacer variar este equilibrio en la región por parte de China sería una mayor implicación e inversión en el Cáucaso Sur en el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative). Por ahora parece que la región tendrá una importancia secundaria en la BRI, por lo que no se esperan grandes cambios en este sentido (Foreign Policy Research Institute, 2017).



Análisis de escenarios

A partir del análisis DAFO planteo tres escenarios simples posibles de la evolución del conflicto en los próximos años. Con un horizonte 2030-2035.

Ilustración 13: Escenarios posibles

Fuente: Elaboración propia (2019)

Escenario 1: Reconocimiento ruso de Nagorno Karabaj

Azerbaiyán y Rusia están lejos de mantener una relación fluida, sin embargo, hasta ahora Azerbaiyán ha respetado los intereses de Rusia en el Cáucaso Sur, especialmente en la vertiente energética, en la que los dos estados podrían chocar dada la circunstancia de que ambos son productores de hidrocarburos y la Unión Europea, con la presión de Estados Unidos añadida, está llevando políticas activas que buscan diversificar el origen de la energía que consume. Estas buscan principalmente desvincular la dependencia europea hacia Rusia en esta materia, ya que el país eslavo supone siempre como suministrador una cuota media superior al 25% tanto en combustibles sólidos, como en petróleo y gas del total importado. Siendo algunos estados dependientes casi en su totalidad de los hidrocarburos rusos, y existiendo muy pocos países con una dependencia baja, si bien España sería uno de ellos (Escribano, 2017).

Con la enorme incertidumbre que supone actualmente Irán, el tratado nuclear desgajado con la retirada de Estados Unidos, con un compromiso de mantenerlo por parte de Europa que se presenta tibio, titubeante y con pocos avances, con la huida sin visos de volver de las inversiones proyectadas por grandes compañías como la francesa Total, el retorno al enriquecimiento de uranio por el país persa, y la sombra de la guerra, Azerbaiyán se presenta como fuente segura de hidrocarburos y como posible país enlace para las enormes reservas de gas turkmeno.

El mismo Donald Trump escribió dos cartas en mayo de 2019 al presidente Aliyev en el que se deshacía en halagos hacia el país azerí, haciendo un muy marcado énfasis en la pieza clave que resulta Azerbaiyán en “la estabilidad de los mercados energéticos”, mencionando en varias ocasiones el Southern Gas Corridor y su gran importancia para Europa. De la misma manera se alentaba al país a tomar un rol “líder” junto a otros suministradores energéticos como Turkmenistán, alegando que todo ello traería una gran prosperidad, inversiones y dispararía la innovación en un país llamado a traer la estabilidad a toda la región.

Estas dos misivas dejan patente la importancia de Azerbaiyán para los Estados Unidos como contrapeso a Rusia principalmente y, de forma paralela, también a los recursos energéticos de Irán. El Southern Gas Corridor, mencionado en ambas cartas, es la viva imagen del bypass que se le quiere hacer a Rusia.

Ilustración 14: Southern Gas Corridor

Fuente: Bankwatch (2019)

Moscú teme que todo este apoyo a Azerbaiyán, y el enconado intento estadounidense de colocar en Europa sus propios recursos energéticos, especialmente el gas, suponga una significativa caída en sus ingresos y en su influencia en Europa (Observer Research Foundation, 2019).

En este escenario se plantea la posibilidad de un choque de intereses tan grande entre Rusia y Azerbaiyán, que éste último se vea en la tesitura de elegir entre sus aliados occidentales o respetar los intereses geoestratégicos rusos, decantándose finalmente por los primeros. Esto podría llevar a un reconocimiento de Nagorno Karabaj como estado independiente por parte de Rusia como medida de castigo y de presión. Aliados de Rusia podrían sumarse al reconocimiento.

Ello implicaría un desequilibrio en la región y la posible respuesta armada por parte de Azerbaiyán, que comenzaría en una clara desventaja estratégica y que, a diferencia de en los años noventa, no tendría el apoyo velado de Rusia, al carecer esta vez del interés en el enconamiento del conflicto. Turquía se posicionaría con el país azerí y, de la misma manera que Rusia, se antojaría poco probable que además de apoyo logístico, armamentístico y alguna acción “quirúrgica”, fuesen a desplegar efectivos en primera línea.

La importancia de Turquía al ser miembro de la OTAN, poseyendo el segundo ejército de la organización y teniendo importantes lazos económicos y armamentísticos con Rusia, entre otros, conduciría con probabilidad a conversaciones donde Moscú y Ankara acordasen evitar una confrontación directa entre ellos a toda costa. Estados Unidos por su parte tendría que lidiar con el fuerte lobby armenio mencionado con anterioridad, ya que, aunque en este escenario Armenia continuase girando en una órbita muy próxima a Rusia, y Azerbaiyán hubiera apostado fuertemente por occidente, la diáspora armenia ejercería una gran presión para evitar una escalada del conflicto.

Es importante reseñar que, a pesar del reducido número de armenios en relación a la población total de los Estados Unidos (entre el 0,14% y el 0,65% según los datos), estos se encuentran localizados principalmente en los estados de California, Nueva Jersey, Nueva York, Massachusetts, Illinois y Michigan; seis estados que aportan casi el 30% de los votos electorales en las elecciones presidenciales. Como ejemplo, analistas políticos determinaron que el voto de los 18.000 votantes de origen armenio censados en Florida, fueron clave para la elección de George W. Bush en el año 2000, al negarse la administración anterior de Clinton a reconocer el genocidio armenio (Zarifian, 2014).

La confluencia de estas circunstancias podría depararnos un nuevo estado de estancamiento, aunque esta vez más similar aún al de Abjasia u Osetia del Sur, al estar Moscú claramente decantada hacia un lado y existir un reconocimiento oficial.
Este escenario, a pesar de situarse en un “desafío” azerí hacia Rusia, podría darse de igual forma si Rusia considera que determinadas acciones representan una “grave” afrenta hacia sus intereses, aún sin haber sido tomadas con intenciones de ruptura por parte de Azerbaiyán.

Escenario 2: Continuidad del estancamiento

Continúa siendo la opción más plausible con certeza. El desafío al statu quo impuesto por Rusia por parte de Azerbaiyán sería una baza muy arriesgada por parte del país azerí, cuya proyección y pronósticos para los futuros años auguran un enorme crecimiento aun sin la necesidad de tener grandes fricciones con Rusia.

De la misma forma, un ataque pactado en el que no se ataque territorio armenio y se limite a una ofensiva sobre Nagorno Karabaj, para así evitar una intervención directa rusa, parece aún más improbable. Azerbaiyán requeriría de una fuerte convicción y apoyo en el plano internacional para ello, y en este momento, ni la Unión Europea, ni Estados Unidos ni Turquía parecen tener interés en que esto suceda. Tampoco Rusia parece poder extraer beneficio alguno actualmente de un escenario de guerra en la región.

En estas circunstancias, la continuidad en el desarrollo de los intereses e influencia de Rusia en el Cáucaso Sur parece un hecho. La virtualmente casi total dependencia de Armenia hacia Moscú, remarcando especialmente el terreno energético y de defensa, con el importante tratado de defensa conjunta, impide que venga de ese lado de la frontera cualquier acción inesperada, quedando relegadas las posibilidades de cambio a Azerbaiyán o a la injerencia de otro actor exterior.

Rusia se seguiría beneficiando del estancamiento del conflicto, lo que le permite tener una relación prioritaria con ambos países cuando se trata de dirimir cuestiones clave en la región. Asimismo, Moscú podría seguir valiéndose de la asegurada amistad armenia y de los intereses y negocios que deseen y a los que se pueda llegar con Azerbaiyán. El hecho de que las relaciones no sean ejemplares no implica que no se pueda sacar partido de ellas. Un ejemplo sería el de que, a pesar de la escasa importancia de las exportaciones que realiza Azerbaiyán hacia Rusia, en sentido contrario Moscú es el primer origen del que importa Bakú (17% del total de las importaciones), suponiendo una cantidad de 1.400 millones de euros en el ejercicio de 2017 (Observatory of Economic Complexity, 2017).

Además, el no-reconocimiento de Nagorno Karabaj es un arma de doble filo, al tratarse de un guiño hacia Azerbaiyán y al mismo tiempo una amenaza velada de lo que podría llegar a ocurrir si no se respetasen los intereses de Moscú.
El aeródromo de Erebuni en Ereván, donde se asienta la 3624ª base aérea rusa, y la base militar de Gyumri, seguirían siendo exclaves fundamentales del ejército ruso. La primera verá el reemplazo de los MiG-29 en dos fases por los más modernos Sukhoi Su-30, según informaron el medio local Azatutyun y la agencia rusa TASS en abril de 2019, que se unirán a los helicópteros de ataque Mi-24 también desplegados allí. La segunda seguirá siendo hogar de oficialmente más de 3000 soldados, sistemas S-300, decenas de piezas de artillería, más de 140 transportes blindados de personal, decenas de tanques y de otros tantos MiG-29, que complementan dentro del tratado de cooperación militar, junto con los del aeródromo de Erebuni, la falta de cazas de superioridad aérea de la Fuerza Aérea Armenia.

Este despliegue militar ruso en territorio armenio ha sido señalado con recelo en multitud de ocasiones por Georgia y también por Azerbaiyán. Su importancia, como podemos ver, no es solo para la profundidad estratégica de Rusia, sino también para garantizar la tranquilidad del pueblo armenio, quienes lo ven en su mayoría como una salvaguarda tanto contra un eventual ataque turco como azerí (Civilitas Foundation, 2015), y que, en nuestro caso, no hace más que reforzar la idea de que este escenario continuará siendo el más plausible en los próximos años.

Escenario 3: Ofensiva azerí

Todos los indicadores apuntan en la misma dirección: la brecha económica entre Armenia y Azerbaiyán seguirá aumentando de forma significativa en los próximos lustros. Preguntas que podrían surgir a raíz de este hecho son: ¿Hasta qué diferencia en el nivel de desarrollo tolerarán el estamento político-militar y la sociedad civil azerí la inacción en el conflicto de Nagorno Karabaj? ¿En qué momento la diferencia podría ser tan grande que Azerbaiyán consiguiese un movimiento internacional para forzar unas negociaciones más fluidas ante la amenaza de guerra? En el caso de ser ignorados, ¿pasarían a la ofensiva? Este último escenario nos lleva al planteamiento siguiente.

De los tres casos expuestos, este resulta el más impredecible y difícil de dibujar. La brecha entre ambos países definitivamente sería un pilar sólido a la hora de decidirse por una ofensiva, pero diversos factores como contar con el apoyo de una gran potencia regional o global, una crisis política que encuentre en ello una forma de socavar de nuevo apoyo popular o desviar la atención de otras materias, el incremento en la frecuencia e intensidad de los incidentes fronterizos que se vienen sucediendo desde 1994, o incluso la posibilidad de un ataque limitado y pactado con Rusia podrían hacer sinergia entre ellas hasta decantar la balanza hacia este escenario. También hay un importante “cisne negro” que merece nuestra atención, como es el caso de la central nuclear de Metsamor.

A pesar del enconamiento del conflicto, varios enfoques teóricos de la ciencia política, como son el liberalismo económico y la paz democrática, nos conducen a que las posibilidades de confrontación sean altas, ya que existe una nula interdependencia económica entre ambos estados y tampoco se da una democracia real, especialmente en el caso de Azerbaiyán, ya que la Revolución de Terciopelo en Armenia ha traído significativos avances democráticos.

El cisne negro que me gustaría sacar a colación es la central nuclear de Metsamor. Localizada a 16km de la frontera con Turquía y a 36km de Yerevan, esta central nuclear armenia se encuentra en una de las zonas sísmicas con mayor actividad del planeta. Se trata de una central muy anticuada, cuya construcción comenzó en 1969 y cuya actividad se inició el 10 de enero de 1980. El cierre de esta central se ha planteado en multitud de ocasiones en los últimos lustros. La misma Unión Europea ofreció un préstamo de 200 millones de euros para facilitar su desmantelamiento. No obstante, por ahora, el hecho de que la central provea más del 40% de toda la energía eléctrica que consume el país pesa mucho más que cualquier riesgo o catástrofe que se pudiera dar (Lavelle & Garthwaite, 2011).

Tras el devastador terremoto de Spitak de 1988 fue clausurada por la Unión Soviética, a pesar de que aparentemente no hubo daños significativos. Posteriormente fue puesta de nuevo en marcha en 1995 por la ya independiente Armenia. Desde entonces, la IAEA (International Atomic Energy Agency), ha constatado numerosas mejoras de seguridad, muchas de ellas enfocadas a resistir seísmos.

El modelo de reactor es el VVER-440 versión V-230. Este modelo, a diferencia de Chernobyl, utiliza agua y no grafito sólido para moderar o reducir la reacción de fisión. No obstante, sí que comparten ambas la falta de una estructura de contención primaria. El gobierno de Armenia asegura que no existe problema alguno con la central, mientras que sus detractores la definen como la central nuclear potencialmente “más peligrosa del mundo”. Sea como fuere, lo que parece mayor problema no es tanto la seguridad en sí misma de la planta nuclear, sino el hecho de que en dicha zona sísmica se pudiera dar un terremoto de tan alta magnitud que no fuera suficiente ninguna de las medidas adoptadas hasta ahora.

Un incidente nuclear propiciado por un terremoto podría tener gravísimas consecuencias al margen de las inherentes a la propia fuga radiactiva. Azerbaiyán, y sobre todo Turquía, han reiterado en multitud de ocasiones su temor a que se produzca un acontecimiento de este tipo, y podrían utilizar este suceso para justificar algún tipo de intervención, acción o políticas agresivas hacia Armenia. Profundizar más en posibles escenarios tras una catástrofe nuclear en Metsamor se antoja difícil, pero considero que este cisne negro no se puede dejar pasar por alto y es necesaria su mención.

La ofensiva como salida o desvío de la atención en una crisis política se debe tener en cuenta, especialmente dado que la dinastía Aliyev lleva en el poder de una forma u otra ya varias décadas, habiendo construido un entramado de clientelismo, nepotismo y corrupción que extiende sus tentáculos no solo en el ámbito político, sino también en sectores económicos estratégicos, incluyendo a la joya de la corona: SOCAR, la empresa nacional de gas y petróleo (Business Anti-Corruption Portal, 2018). De capital 100% público.

Del mismo modo, Ilham Aliyev está casado con Mehriban Pashayeva, cuya familia dirige el grupo de empresas Pasha, que controla bancos, aseguradoras, constructoras y agencias de viajes. Se trataría de la familia más influyente del país según unos cables de la embajada de Estados Unidos publicados por The Guardian en 2010. Actualmente ella ostenta el cargo de Primera Vicepresidenta de la República de Azerbaiyán, un cargo creado ex profeso para Pashayeva.

Gracias a la progresión económica, no se ha puesto en entredicho de forma significativa esta forma de gobierno personalista y autoritaria de Ilham Aliyev, heredada de su padre Heydar, ni los entramados construidos y establecidos hasta la fecha por ambas familias. La capacidad de repartir los beneficios del petróleo, del gas y de los grandes negocios, y sus apoyos internacionales serán fundamentalmente los pilares sobre los que seguirá apoyándose Aliyev para mantener a buen seguro su gobierno y su posición. En caso de que todos estos cimientos se vinieran abajo o se vieran amenazados, utilizar el nacionalismo es siempre una estrategia extendida y ampliamente documentada, y teniendo el conflicto de Nagorno Karabaj dentro de sus fronteras no se puede menospreciar este escenario.

Conclusiones

El conflicto de Nagorno Karabaj sigue siendo a todas luces un litigio sin una salida posible que agrade a todas las contrapartes enfrentadas. Tan solo ha sido posible un importante grado de calma relativa a lo largo de los años que han seguido al alto el fuego debido al equilibrio que Rusia mantiene en la región. La situación ha variado muy poco en todo este tiempo, pudiendo definirse el conflicto de Nagorno Karabaj como un conflicto “congelado”. Diversos factores entre los que se encuentran el gran crecimiento de Azerbaiyán en relación al armenio, el interés de la UE en diversificar su mix energético y su dependencia de Rusia, la posibilidad de una crisis política en el gobierno azerí, la renovada y activa vuelta al plano internacional de Rusia o la elección de Azerbaiyán como gran aliado en el Mar Caspio por parte de Estados Unidos, podrían influir indirectamente de una forma u otra en el conflicto.

En el análisis que hago para responder a las preguntas de investigación, se comprueba que la influencia de Rusia es un factor que seguirá siendo crítico y de mayor envergadura a otros condicionantes, por lo que el escenario más plausible en los próximos años es la continuidad del estancamiento actual. No obstante, no se debe dar la situación por sentada, y es por ello que el objeto de este documento es aprender del resto de escenarios a los que podría evolucionar la situación. El reconocimiento ruso de Nagorno Karabaj podría dar un golpe en la situación actual de equilibrio en el Cáucaso Sur: las alianzas azeríes, entre las que destacan países de la OTAN como Turquía, o Estados Unidos, se situarían en contraposición al tratado de defensa conjunta de Rusia y Armenia, donde Moscú tiene una base militar clave en la región, así como un aeródromo que cuenta con una importante flota de aviones de combate que le confieren una gran profundidad estratégica en el Cáucaso Sur y que, al mismo tiempo, suplen la falta de cazas de superioridad aérea del ejército del aire armenio. Este escenario haría evolucionar la tensión actual hacia una dimensión global.

La opción de una ofensiva azerí en un momento de crisis política, o en una coyuntura en la que el gobierno de Azerbaiyán contemple que el reavivamiento del conflicto pueda suponerle una mayor aprobación o la justificación de medidas de control social, dado especialmente que se trata de un gobierno autoritario y personalista disfrazado de democracia, es una opción que no se ha de desdeñar. Asimismo, la carencia de vínculos económicos, sociales y políticos con Armenia, unida a esta falta de democracia real, según los enfoques teóricos de la ciencia política, seguirán propiciando que las hostilidades se mantengan y haya mayores posibilidades de un enfrentamiento armado.

Como “cisne negro”, recordando la inherente improbabilidad de las ideas asociadas a este concepto, he señalado la anticuada central nuclear de Metsamor como posible fuente de problemática si se diera el caso de un seísmo que provocara una crisis radiactiva. Tanto la UE, como Estados Unidos, Turquía y Azerbaiyán han señalado en varias ocasiones a esta central nuclear, que suministra el 40% de la electricidad en Armenia, como posible origen de una catástrofe desproporcionada. Por ahora, Armenia ha prorrogado su actividad en los próximos años.

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