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Cuando el mayor científico de todos los tiempos corrigió la posición de Ferrol en el mapa

En mayo de 1799, mientras esperaba para partir hacia la mayor exploración científica de la historia, Alexander von Humboldt, geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista, explorador, pionero del pensamiento ecológico y el primero que escribió sobre el cambio climático, en fin, uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, aprovechó para corregir la posición de Ferrol en el mapa tomando su referencia correcta con respecto a París.

El joven Alexander von Humboldt tomando referencias con el sextante y el cronómetro, en las inmediaciones de la Torre de Hércules (Obra de Roberto Hernández, El Ilustrador de Barcos)


Alexander von Humboldt nació en Berlín el 14 de septiembre de 1769, en el seno de una familia de noble linaje. Su padre era Alexander Georg von Humboldt, tesorero real, y su madre, Marie Elisabeth von Holwede, viuda baronesa de Holwede. Sus padres contrataron al escritor, lingüista y educador Joachim Heinrich Campe para encargarse de la educación del pequeño Alexander y su hermano mayor Wilhelm. Los medios económicos de su familia permitieron a Alexander estudiar filosofía y ciencias naturales en la Universidad Europea Viadrina en Fráncfort del Óder, botánica en Berlín, mineralogía en la Universidad de Gotinga, geología, mineralogía y minería en la Universidad de Freiberg, así como galvanismo, anatomía y antropología.

En 1797 se trasladó a París, en donde se relacionó con importantes científicos de la época como el naturalista Georges Cuvier, el botánico Antoine Laurent de Jussieu, el explorador Nicolas Baudin o el médico y botánico Aimé Bonpland, que junto con Louis Antoine de Bougainville estaban preparando un viaje de investigación alrededor del mundo al que invitaron a Humboldt. A pesar de que los preparativos ya estaban hechos y de que Humboldt ya tenía preparado el material y equipamiento científico para el viaje, el estado de continua guerra en Europa anuló el mismo. Alexander no se desanimó y viajó de París a Marsella con la intención de unirse a la campaña napoleónica en Egipto y Siria, pero las autoridades francesas le negaron el permiso para unirse a la expedición.

Humboldt era obstinado, y su idea de realizar un gran viaje, que le acompañaba desde que era pequeño, se mantenía en su cabeza. Así que desde Marsella cruzó la frontera con España, recorriendo la costa mediterránea pasando por Barcelona, Valencia o Alicante, con el objeto de cruzar el estrecho con destino a África. Pero una vez en España, Humboldt reconoció el efecto de las ideas de la Ilustración en el reinado de Carlos III y su heredero Carlos IV, que habían autorizado y financiado la Expedición Botánica al Virreinato del Perú, bajo el liderazgo de Hipólito Ruiz López en 1777, la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada de José Celestino Mutis en 1783, la Real Expedición Botánica a Nueva España de Martín de Sessé de 1787 o la Expedición Malaspina de 1789.

Así, Humboldt y Bonpland, que lo acompañaba desde París, cambiaron de nuevo su objetivo y se dirigieron a la corte española en Madrid, en donde en marzo de 1799 consiguieron una licencia del rey Carlos IV para recorrer los territorios españoles en América, otorgándole dos salvoconductos que le permitían “todas las operaciones que considerase oportunas para el progreso de la ciencia”, en todas las “posesiones españolas” de ultramar, con la única condición del enriquecimiento de los fondos de los establecimientos científicos del Reino.

Humboldt pensaba embarcar hacia América en Cádiz, pero la guerra anglo-española comenzada en 1796 hacía que los navíos británicos bloqueasen el puerto andaluz, el único junto el de A Coruña desde el que se podía embarcar al Nuevo Mundo. A mediados de mayo Humboldt y Bonpland dejaron Madrid rumbo a A Coruña, atravesando el Guadarrama, Castilla y León, antes de entrar en tierras gallegas por Villafranca del Bierzo y recorrer Nogueira, Lugo, Baamonde, Guitiriz, Betanzos hasta llegar a la ciudad herculina el 25 de mayo, lugares que le recordaron al científico prusiano “los lugares más pintorescos de Suiza y el Tirol”.

A su llegada fueron recibidos por el el brigadier de la Armada Rafael Clavijo y Socas, inspector general de Postas y director de los correos marítimos, que habían convertido al puerto de A Coruña en uno de los más importantes de España. En aquella época el puerto de A Coruña se había convertido en uno de los más importantes de España gracias a los correos marítimos. Promulgados en 1764, la misión de los correos marítimos era transportar la correspondencia desde la metrópolis de manera mensual hacia La Habana desde el puerto gallego. En 1767 se abrieron nuevas líneas con destino a Montevideo y Buenos Aires, primero trimestralmente y desde 1771 de manera bimensual. El transporte de la correspondecia, además de mercancias y personas se realizaba mediante los llamados paquebotes (del inglés packet boats), precursores de los trasatlánticos de los siglos XIX y XX.

Fue el propio Rafael Clavijo quien propuso a Humboldt y Bonpland embarcar en el Pizarro, un paquebote de 115 toneladas tripulado por 14 hombres y equipado con dos cañones de dos libras, encargado de llevar la correspondencia de junio a La Habana y México. A pesar de no tener fama de buen velero, el Pizarro había esquivado a los navíos ingleses que bloqueaban el tráfico marítimo con las colonias en su último viaje entre el Río de la Plata y A Coruña. Esto bloqueo obligó a los científicos a permanecer en la ciudad herculina diez días en los que se alojaron en la fonda y café El león de oro, tiempo que aprovecharon para realizar diferentes experimentos en los alrededores.

Distintivos del correo marítimo español


La primera, corregir la posición de Ferrol en el mapa. Humboldt sospechaba que había un error en la posición de la ciudad departamental en el Atlas Marítimo de Toño de unas dos o tres leguas marinas. Para ello, el 26 de mayo, utilizando el cronómetro marino de Ferdinand Berthoud número 27 y midiendo la altura del sol, tomó la hora del mediodía de A Coruña, modificándola con el error del cronómetro y calculando la diferencia con el mediodía de París, estableciendo una longitud para Ferrol de 42 minutos y 21 segundos al oeste de París.

En aquella época Ferrol era el mayor centro cinetífico e industrial del norte de España. Humboldt aprovechó para visitarlo el día 29 de mayo, acompañado del teniente de fragata Manuel Díaz de Herrera, quedando impresionado por su ría, dejando escrito que “no existe en toda Europa tan extraordinario fondeadero en razón de su avanzada posición en el interior de las tierras”. Incluso se atrevió a escribir sobre el origen de la ría, teorizando que había sido abierta por la fuerza de las olas o por las sacudidas de terremotos.

El prusiano aprovechó la visita a Ferrol para medir las diferencias de temperatura del agua mediante una sonda termométrica cerca de Seixo Branco. Estas mediciones, que pretendían establecer una relación entre la temperatura del mar y la profundidad, llevaron años después a Humboldt a descubrir en América la corriente fría que hoy lleva su nombre.

Humboldt y Bonpland dedicaron también su tiempo a la recolección y estudio de algas y moluscos, y a visitar la Torre de Hércules, recientemente restaurada por Eustaquio Giannini. Escritor compulsivo, Humboldt revisó y finalizó en A Coruña las más de cuarenta cartas que había escrito desde su partida de Madrid, así como los datos de altitud que había tomado durante su viaje desde Alicanta, revelando por primera vez la existencia de una meseta central en la península.

Una fuerte tormenta alejó a los buques británicos de la costa, desbloqueando el puerto y permitiendo la salida del Pizarro el día 5 de junio. La premura en la partida fue tal que Humboldt dejó sin pagar los 100 pesos que debía al patrón de la fonda. A las dos de la tarde el Pizarro izó velas al mando del capitán Cajigal. El mal tiempo complicó la salida del paquebote, no pasando por delante de la Torre de Hércules hasta pasadas las seis de la tarde y dejando las islas Sisargas atrás a las nueve de la noche.

De este manera arrancaba uno de los viajes de exploración científica más importantes de la historia, que tras una primera parada en las islas Canarias permitió a Alexander von Humboldt visitar los territorios de los actuales estados de Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú, México y parte de Estados Unidos, en donde durante cinco años el y Bonpland llevaron a cabo numerosas investigaciones y realizando grandes descubrimientos, recogiendo e identificando plantas, observando constelaciones, midiendo altitudes y el magnetismo terrestre, cartografiando lugares desconocidos, estudiando la geología, etc. A su retorno a París en 1804, donde recopiló y publicó el material recogido en su expedición en treinta volúmenes que llevan por título Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.

De Map Alexander von Humboldt expedition-fr.svg: Historicair (discusión · contribs.)derivative work: rowanwindwhistler (discusión) – Map Alexander von Humboldt expedition-fr.svg, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=57197378

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Juan A Oliveira es el responsable de las Áreas de Ingeniería Naval Aplicada y Estructuras en CT Ingenieros. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.

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