CRÍTICA: HABLAR




hablar raúl arévalo


Madrid, verano, noche. Barrio de Lavapiés. Mucha gente está fuera, sí, pero la ciudad sigue viva y hay muchos habitantes de la urbe que se hacen oír. Varias historias de diferente índole se entrecruzan en el asfalto. La calle recoge y es testigo de varias vivencias: una cita a ciegas, una chica cualificada en busca de ansiado trabajo, un profeta conspirador que deambula, un chico justificando por qué ve pornografía, un jefe explotador que defiende lo indefendible, una madre soltera desesperada, un encuentro entre un alumno y su antigua profesora… Normal que en tan bulliciosa ubicación transiten tantas preocupaciones, tantos instantes, tantos momentos.

Con HABLAR, el realizador JOAQUÍN ORISTRELL emprende, y lo más importante, arriesga. Siempre confiando en su elenco, esta vez les ha dejado ir más allá: permitir que elijan ellos lo que quieren contar. Pero el experimento (apoyado por CRISTINA ROTA) no quedaba ahí. ¿Por qué no hacerlo en plano secuencia? De esa forma el proyecto aunaría cine y teatro. Sin duda, ha sido una prueba sólo para profesionales valientes (actores y técnicos). Con razón esta película merecía abrir la pasada edición del Festival de Málaga.

Hablar ANTONIO DE LA TORRE


La temática es variada: las personas dicen, cuentan, advierten, preguntan, explican, se quejan… ¿Qué mejor título que el que posee? Como en todo ejercicio de comunicación llevado a la práctica, aquí hay emisores (cada uno de los personajes) que emiten un mensaje por un canal (su voz) y con un determinado código (la palabra) en un determinado contexto (un barrio muy heterogéneo azotado por las penurias que sufre su país). Sin embargo, para que el ciclo comunicativo se cierre por completo, hace falta un receptor. Parece que aquí lo hay, pero como sucede en la vida real, pocos escuchan.

En estos casi ochenta minutos de duración, ORISTRELL presenta una tesis de la palabra más que interesante. Los temas que emergen dentro del proyecto no son de extrañar. Curiosa es la radiografía obtenida: desde la inmigración, la corrupción a la irrupción de los nuevos partidos. Todos estos asuntos son ramificaciones de una crisis que es una protagonista más de la cinta, ya que está tan arraigada al país que casi parece una vecina más de cada barrio. La crítica social se salpica con conversaciones personales y privadas (un chico hablando por el móvil, o una difícil conversación planteada por un hijo a una madre), y el mensaje dirigido al público parece uno: hablamos y no nos prestan atención, ya sea para defender nuestros ideales o protestar por alguna injusticia o para explayar algún sentimiento personal. Da igual quien sea nuestro interlocutor, porque estamos tan pendientes de lo nuestro que lo de los demás es secundario.

hablar juan diego botto


Para mencionar a todo el elenco de parlanchines (Podéis recuperar aquí nuestras entrevistas a parte del elenco) hace falta coger aire: RAUL ARÉVALO, GOYA TOLEDO, MARTA ETURA, JUAN DIEGO BOTTO, MIGUEL ANGEL MUÑOZ, MARÍA BOTTO, SERGIO PERIS- MENCHETA, ANTONIO DE LA TORRE, CARMEN BALAGUÉ, MELANIE OLIVARES, NUR AL LEVI, SECUN DE LA ROSA, MERCEDES SAMPIETRO, ALEX GARCÍA, y un largo etcétera de lujo instruidos en las tablas (muchos de ellos provenientes de la escuela de ROTA). El equipo artístico ha sabido estar a la altura que pedía el director, y eso que el salto al vacío era desde muy arriba. La improvisación se detecta más en alguna escena que otra, pero en conjunto no chirría.

Si a los actores se les exigía profesionalidad extrema, los técnicos también han sudado la camiseta. Una proeza con estas novedosas hechuras requiere muchas manos: varios ayudantes de dirección y varios técnicos bien coordinados. Porque aquí no hay cortes tramposos. Es obvio aludir a la genial BIRDMAN dado el uso del (falseado) plano secuencia en su metraje. ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU bien ha merecido esos cuatro Óscar, pero aquí ORISTRELL ha ganado en intrepidez al hombre pájaro.

Comedia, reivindicación y un ritmo que no decae dentro de la novedad que aporta. ORISTRELL, cual Max Estrella en el Madrid que retrató VALLE-INCLÁN en LUCES DE BOHEMIA, se inmiscuye en nuestra sociedad para acercarnos al público el escaparate actual. Ahora que es sabido que el cine español se ha superado en los últimos años, aparece esta película para corroborarlo arriesgando en su forma. Y es paradójico que sea haciendo algo tan natural como HABLAR.

LO MEJOR:

Es un ejercicio de innovación inmenso dentro de la industria.

El reparto comprometido con la causa.

Buenos diálogos que en más de una ocasión provocan carcajadas.
LO PEOR:

Algunos sketchs parecen más forzados.

Que el público poco habituado al teatro pueda rechazar esta narrativa.

María Aller

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