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Chica

Hoy no voy a subir un patrón ni a presentar un amigurumi, hoy quiero expresarme mediante palabras, unas palabras dedicadas a mi hermana, mi Chica, mi primera Zita. Hoy hace tres años que se fue de alguna manera, porque sigue con nosotros en cada acto, cada canción, cada “te quiero"...
Hoy quiero dejarle un cuento que tuve que escribir hace unos meses y que, como todo lo que escribo, va para ella.
¿QUIÉNES SE AMARON COMO NOSOTROS?
Se levantó aquella mañana con un eco en su cabeza:
“¿Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos
las antiguas cenizas del corazón quemado
y allí que caigan uno por uno nuestros besos
hasta que resucite la flor deshabitada”.
Fue hacia la cocina y puso en el fuego la cafetera. “¿Quiénes se amaron como nosotros?”-le repetía mientras el agua hervía y el aire se llenaba de aquel olor a café recién hecho.
Se dirigió hacia el tostador que le susurraba: “¿Quienes se amaron como nosotros?”.
Hacía dos años que Chica se había ido, dos años largos en los que murió la primavera y la risa dio paso al silencio; dos años de oscuridad, soledad y silencio, silencio. Dos años en los que nunca estuvo sola, pero no dejó de estarlo; dos años sin arcoiris, sin luz, sin oscuridad..., dos años de silencio.
Terminó el desayuno mientras la presentadora de informativos le repetía -“¿Quiénes se amaron como nosotros”-, y la coopresentadora respondía -“¿Quiénes se amaron como nosotros?”-.
Salió de la ducha mientras el agua repetía aquellos versos que algún día escribió su poeta preferido; se vistió, se puso el abrigo y el bolso y salió repitiendo “¿Quiénes se amaron como nosotros?”.
De camino hacia el trabajo, como cada día desde hacía veintisiete meses se repetía aquel pensamiento que no dejaba de perseguirla, - “¿dónde estará ahora?, ¿alguien se amará como nosotras?”-. Ella fue su primer amor, su primera amiga, la persona con la que había crecido, que la había acunado y se había dejado acunar desde la cuna; por tanto, ¿quiénes se amarán como ellas?, ¿dónde estarán las cenizas de ese corazón quemado, desvalido, de esa flor deshabitada que es su propia naturaleza?
Cuando entró en la primera clase se acercó una alumna y le dijo: “Maestra, ¿quiénes se amaron como nosotros”- mirándola con ojos tristes y curiosos, con ojos de adolescente que tiene toda la vida por delante. Ella no pudo aguantar la vista, bajó la mirada y esbozó media sonrisa mientras respondía sin palabras: “¿Nadie, Chica?, ¿nadie se amó como nosotras?”.
El día transcurrió lento y perdido, dejando paso a una noche inmensamente oscura; las horas se sucedieron gritando “¿Quiénes se amaron como nosotras?”. Así que al llegar a casa cogió su viejo libro de Cien sonetos de amor, se sentó en el sofá y mirando fíjamente las fotos de Chica abrió una página al azar y leyó entre susurros:
¿Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos
las antiguas cenizas del corazón quemado
y allí que caigan uno por uno nuestros besos
hasta que resucite la flor deshabitada.
Amemos el amor que consumió su fruto
y descendió a la tierra con rostro y poderío:
tú y yo somos la luz que continúa,
su inquebrantable espiga delicada.
Al amor sepultado por tanto tiempo frío,
por nieve y primavera, por olvido y otoño,
acerquemos la luz de una nueva manzana,
de la frescura abierta por una nueva herida,
como el amor antiguo que camina en silencio
por una eternidad de bocas enterradas.
Cerró el libro y se fue a la cama sin cenar, pensando en aquellos ojos enormes llenos de vida, pensó en aquellos ojos cerrados el último día que estuvieron juntas; pensó en su olor a mar, a flores, a noche y primavera y le preguntó a Chica, su amada Chica: “¿Quiénes se amaron como nosotras?”. Entonces se dio cuenta. “Nadie se amó como nosotras”. Nadie se amó como ellas, porque ella fue su amor que descendió a la tierra, porque es el amor que descendió a la tierra, es la espiga y la luz, la nieve y la primavera, es el otoño y la manzana. Porque nadie se amó como ellas, porque su amor nació antes de la cuna y vivirá después de la eternidad de las bocas enterradas, porque nadie se ama como lo hacen dos hermanas. Por eso, Chica, “¿quiénes se amaron como nosotras?”.
Te quiero siempre hermanita, te quiero siempre mi estrella.

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